Revista de Estudios Regionales | Nueva Época | Enero - junio 2025
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Recepción: 06/04/25
Aceptación: 21/05/25
Geoeconomía, región y poder en México
https://doi.org/10.59307/rerne3.5128
Jaime Antonio Preciado Coronado
Universidad de Guadalajara.
https://orcid.org/0000-0002-3324-8569
Daniel Flores Flores
Universidad de Guadalajara.
https://orcid.org/0000-0002-6928-8650
Resumen
E
l artículo se organiza en torno a tres ejes analíticos que permiten examinar
las tensiones entre poder y región en México desde diferentes escalas. El
primer eje, de carácter nacional, aborda las discusiones sobre región, regiona-
lismos y autonomías, así como las políticas de desarrollo regional promovidas
por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El segundo eje, en clave re-
gional, se enfoca en el papel de México dentro del marco TLCAN-T-MEC como
punto de articulación Sur-Norte y en los efectos del nearshoring proyectados
durante una eventual administración de Claudia Sheinbaum. El tercer eje,
de corte internacional, analiza los posibles escenarios para México ante un
eventual retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, espe-
cialmente en lo relativo a la desindustrialización, la migración y los procesos
de despojo. Si bien estos ejes se abordan por separado con nes analíticos, su
interdependencia es clave para comprender la compleja reconguración te-
rritorial y geopolítica del país.
Palabras clave: Poder, Región, Desarrollo regional, Nearshoring, TLCAN-TMEC
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Geoeconomics, region and power in Mexico
Abstract
T
he article is organized around three analytical axes that allow us to examine
the tensions between power and region in Mexico from dierent scales. The
rst axis, of a national nature, addresses the discussions on region, regionalisms
and autonomies, as well as the regional development policies promoted by the
government of Andrés Manuel López Obrador. The second axis, in a regional
key, focuses on Mexico’s role within the NAFTA-T-MEC framework as a point
of South-North articulation and on the eects of nearshoring projected
during an eventual administration of Claudia Sheinbaum. The third axis, of
an international nature, analyzes the possible scenarios for Mexico in the
face of an eventual return of Donald Trump to the presidency of the United
States, especially with regard to deindustrialization, migration and processes
of dispossession. Although these axes are addressed separately for analytical
purposes, their interdependence is key to understanding the complex territorial
and geopolitical reconguration of the country.
Key words: Power, Region, Regional development, Nearshoring, NAFTA-TMEC.
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Introducción
Los estudios sobre la región
Heredero de la sociología clásica, principalmente de Émile Durkheim, el pen-
samiento social recubre una variada gama de temas sobre la región —princi-
palmente, aunque no exclusivamente, enfocados en la escala subnacional—,
dedicados a los problemas de integración social, solidaridad, cooperación, po-
breza y desigualdad social, además de enfoques feministas relativos a la eco-
logía, la sociedad de los cuidados, los movimientos sociales anti patriarcales y
diversas miradas decoloniales que apuntan hacia el Sur Global.
En los estudios sobre región, convergen disciplinas que tienen una con-
guración propia que se ha abierto a un diálogo fructífero, aunque en algún
sentido también complejo y dicultoso. Se trata de un campo que ha transita-
do de lo multidisciplinario, desde donde cada disciplina singular aporta a un
campo común de conocimiento; a lo interdisciplinario, como una agenda de
investigación que une distintas disciplinas y saberes, al enfoque transdiscipli-
nario, cuando se traspasan incluso elementos metodológicos y epistémicos de
una disciplina a otra. Aquí se constata que hay un esfuerzo común por evitar
la fragmentación del conocimiento implicado en el enfoque unidisciplinario;
frente a lo cual lo transdisciplinario, es un ejercicio para complejizar el pen-
samiento, cuyo diálogo supera la convergencia de diversas ciencias sociales,
para abrirse hacia todas las ciencias, sus conocimientos especializados, y ha-
cia los saberes “no cientícos, que le dan un sentido social dentro de una tra-
ma signada por el poder.
El enfoque de la historia en los estudios sobre la región cuenta con una
amplia tradición, particularmente, la Escuela de los Annales ofreció un giro
radical en su distanciamiento de las historias nacionales, centradas en el po-
der de los estados, sus militares y diplomáticos, apuntando hacia una historia
social total situada o aterrizada (territorializada) en el complejo espacio geo-
gráco. Apuestas interpretativas como la de Fernand Braudel en El Mediterrá-
neo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II (1997), inuyeron en estudios
regionales centrados en actores investidos o excluidos del poder, y con aportes
epistemológicos sobre la relación entre espacio y tiempo. Lo cual creó vasos
comunicantes creativos entre historias regionales, subnacionales y suprana-
cionales, e historia nacional.
La sociología urbana desaó teorías y métodos sociológicos (Castells, 1971)
propios de una disciplina y se adentró en abordajes multi, inter y transdisci-
plinarios, que le dieron un nuevo sentido a la relación entre sociedad y espacio.
Mientras que la sociología rural, o más especícamente, la nueva ruralidad,
replanteó las relaciones campo-ciudad, destacando los efectos perversos de la
globalización. ‘A caballo, la interrelación entre ciudad y región ha producido
enfoques novedosos desde la geograía humana (Hélène Rivière d’Arc, 1973;
Marielle Pepin-Lehalleur et al., 2003) o desde la interacción entre antropolo-
gía y ciencias sociales (Arias, 1985).
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Otras aproximaciones a la región interrelacionan democracia y poder,
ciencias políticas y sociales, geograía y geopolítica, con cierto énfasis en polí-
ticas públicas. Pablo González Casanova coordinó el estudio de las entidades
federadas (estados) en México, obra que marcó su preocupación por la cons-
trucción de una democracia que denominó “de los de abajo, esto es, a partir de
las organizaciones autónomas de la sociedad civil y del pueblo, en oposición
al autoritarismo y la corrupción. González Casanova (2003, 2017) precisó la
relación de las regiones con los movimientos sociales y políticos contemporá-
neos, especialmente con el movimiento zapatista, al cual le reconoce el plura-
lismo y la profundidad de su pensamiento revolucionario, rebelde.
El horizonte del Sistema Mundo moderno trajo consigo una revaloriza-
ción del ámbito regional, su escala, su articulación con el actor protagónico
de la modernidad: el Estado nacional, y con el proceso de universalización del
capitalismo a escala planetaria, así como la emergencia de actores no estatales
que reclaman nuevos instrumentos de conocimiento sobre su dinámica ori-
ginal (Wallerstein, 2000). Su comprensión teórica desde las ciencias sociales
ya no puede ser el patrimonio de una disciplina particular, alrededor de la
cual giran diversos conocimientos especializados que le aportan sus conoci-
mientos parciales. La incorporación indiferenciada de parcelas disciplinarias
tampoco resuelve el nuevo conocimiento sobre la región que se necesita, pues
revolver conceptos sin criterios ordenadores lleva a un eclecticismo estéril.
Finalmente, desde el enfoque de la geopolítica, la economía política in-
ternacional y la ecología política, se abordan los temas de región —espacio y
territorio de lo local—, regionalismo que implica un sentido de pertenencia
que puede ser subnacional, nacional o supranacional— y regionalización ,que
entraña políticas voluntaristas, principalmente de Estado y, también, proce-
sos instituyentes de identicación de la región como espacio donde rivalizan
estrategias de poder. Estos enfoques comparten referentes que vinculan espa-
cio, tiempo, actores, cultura y proyectos de sentido respecto de una época y los
valores de civilización que fundamentan sus prácticas sociales colectivas. For-
mas de aproximación a la región que muestran la manera en la que lo público
y lo privado se yuxtaponen, las tensiones culturales, económicas y políticas,
que el continuo proceso de transformación social supone del territorio, de la
naturaleza, de la ecología política, de la geopolítica.
Este enfoque tripartito se sintetiza en este trabajo a partir del concepto de
geoeconomía crítica. Desde la perspectiva de Montoya-Arango (2010), la geopo-
lítica —y la geoeconomía—pueden entenderse como discursos sobre las rela-
ciones de poder y como prácticas espaciales que buscan dirigirlas. Esta doble
dimensión discursiva —que la geopolítica crítica busca deconstruir y cuestio-
nar— y práctica —como intervención política y económica que altera la forma
y sentido de las relaciones espaciales de poder— constituye un claro ejemplo
de lo que se entiende por “geoeconomía crítica. Así, la geoeconomía crítica, al
articular la geopolítica crítica, la economía política internacional y la ecología
política, ofrece claves interpretativas fundamentales para comprender la di-
mensión práctica de la geopolítica en el contexto de la globalización, superan-
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do el estadocentrismo de la geopolítica, e incorporando en el análisis no solo las
rivalidades interestatales, sino también las relaciones complejas entre todos
los actores, estatales y no estatales, que inuyen en la economía mundial.
En este sentido, se aborda el cambio progresivo en el que el poder mili-
tar ha ido cediendo ante el poder económico (Flores, 2025). Tal como señala
Preciado Coronado (2024, p. 24), “la reestructuración de la geoeconomía glo-
bal va de la mano con cambios en el poder político, militar y cultural, lo que
intensica las relaciones asimétricas y jerárquicas entre los centros de poder
y las periferias”. Este proceso, desde un punto de vista de la geopolítica clási-
ca, reeja una transformación en la expansión estatal, que evoluciona hacia la
transnacionalización del mercado, en donde la lógica del conicto se materia-
liza a través de la ‘gramática’ del comercio (Huissoud y Gauchon, 2013).
Metodología
A partir de este marco, este trabajo se estructura en tres ejes analíticos que
permiten explorar la interacción entre el poder y la región en México, abor-
dando sus dimensiones nacionales, regionales e internacionales. El primer
eje, correspondiente a la escala nacional, aborda temas como la región, los re-
gionalismos y las autonomías en México, además del impulso al “desarrollo
regional” bajo el gobierno de AMLO. El segundo eje, a escala regional, analiza
el impacto de la estrategia mexicana en el marco del TLCAN-TMEC como vín-
culo Sur-Norte, así como el “nearshoring” en el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Finalmente, el tercer eje, examina la posición mexicana frente al regreso de
Donald Trump a la Casa Blanca en lo que se reere a la desindustrialización,
el despojo y la migración. Es relevante señalar que estas escalas se inuencian
mutuamente y, aunque en este texto se separan por nes analíticos, no pueden
entenderse de manera aislada.
Resultados
Primer eje: región, regionalismos y autonomías en México
Partiendo de la propuesta de reconocer un anclaje territorial diverso del capi-
talismo en distintas regiones y naciones del mundo (Preciado Coronado y Uc,
2022), la geoeconomía crítica, al igual que la geopolítica crítica, plantea que la
diversidad territorial se reeja en múltiples dimensiones. En el caso de Méxi-
co, esta diversidad es evidente tanto en su conguración climática como en su
heterogeneidad política, económica y social.
Desde el punto de vista geográco, México es uno de los 11 países mega-
diversos del planeta, con una riqueza de climas y recursos estratégicos cuyo
aprovechamiento ha estado vinculado con la articulación entre poderes regio-
nales, locales, nacionales e internacionales. Desde el punto de vista político,
México es una república federal compuesta por 32 entidades federativas, cada
una con su propio gobierno y particularidades administrativas. Dentro de es-
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tas entidades, coexisten 71 pueblos indígenas reconocidos ocialmente, según
el Sistema de Información Cultural del Gobierno de México,
1
lo que reeja la
diversidad cultural y étnica del país. Esta heterogeneidad territorial y política
inuye en la conguración del Estado, en las prácticas de conservación am-
biental que cultivan desde tradiciones milenarias los pueblos indígenas, en
las dinámicas de gobernanza y en la distribución del poder, evidenciando la
complejidad de la estructura política mexicana.
Las regiones culturales instituyentes dentro de la temática etnia-clase: el caso de la (geo)
economía zapatista
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ejemplica con claridad
cómo, al desaar los supuestos geopolíticos clásicos sobre la unidad y homo-
geneidad territorial, dentro de un mismo Estado pueden existir regiones cul-
turales instituyentes en la dinámica etnia-clase, que no se consideran parte
del Estado, sino que también cuestionan su conguración y legitimidad. En un
contexto donde el capitalismo neoliberal ha intensicado el despojo como su
principal forma de expansión, con particular agresividad sobre los territorios
de los pueblos originarios que aún resisten sus embates y protegen la megadi-
versidad biológica, la pluriculturalidad y la diversidad etnolingüística (Alonso
Reynoso y Alonso, 2024), el EZLN no solo rompe con los marcos convencio-
nales de la geopolítica clásica, sino que también obliga a repensar la relación
entre territorio, identidad y poder en el contexto del capitalismo global y la
crisis del neoliberalismo; esto es, desde la geoeconomía y la geopolítica crítica
al subrayar el vínculo que existe entre las transformaciones del espacio con las
dinámicas del capitalismo y sus efectos desiguales sobre los territorios.
Al respecto, en un contexto donde las crisis económicas se han profundi-
zado bajo una etapa del capitalismo en la que la democracia es cuestionada, el
capital nanciero impone su dominio y los gobiernos actúan como sus funcio-
narios, de tal forma que los mercados nancieros dictan las privatizaciones, el
desempleo, los salarios, las pensiones y los recortes al gasto social en cada país
(Alonso Reynoso y Alonso, 2024), la (geo)economía zapatista representa una
alternativa. De acuerdo con Félix Pichardo,
la ética política se ejerce dialógicamente en los procesos productivos y re-
productivos que hacen posible la vida en colectivo al margen del paterna-
lismo del Estado. Las comunidades han creado sus propias instancias de
producción, reproducción, distribución y consumo con base en las condi-
ciones culturales y naturales de cada una de las regiones que integran la
zona de inuencia zapatista (Félix Pichardo, 2021, p. 83).
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Si para algunos el levantamiento zapatista constituyó la primera revolución
comunista del siglo XXI (Preciado y Uc, 2022), su praxis político-económica lo
posiciona como un horizonte alcanzable—aunque no exento de obstáculos y re-
sistencias—para las izquierdas y los movimientos “desde abajo” en todo el mun-
do. La organización del trabajo dentro de las comunidades zapatistas reeja una
visión de nuevas y diversas formas de vida, en las que la supervivencia colectiva
prevalece sobre la lógica de la ganancia y la acumulación (Félix Pichardo, 2021).
En este sentido, el café, antes un cultivo de nca destinado a la exporta-
ción bajo condiciones de explotación pasó a manos de quienes lo producían
(Alonso Reynoso y Alonso, 2024). De acuerdo con la crónica de estos autores,
durante un tiempo, los zapatistas lograron apropiarse de las cadenas produc-
tivas del café para exportarlo sin intermediarios. Sin embargo, los zapatistas
fueron más allá: se organizaron colectivamente, operaron sin apoyo guberna-
mental, eliminaron intermediarios locales y consolidaron una infraestructura
propia para la industrialización del grano. Al igual que con el café, la propie-
dad colectiva de la tierra y de otros medios de producción en las zonas zapatis-
tas garantiza el sustento alimentario de las familias y reduce la dependencia
del trabajo asalariado, incluso, reforzando las prácticas de apoyo mutuo y au-
tonomía económica (Félix Pichardo, 2021).
La matriz de estados federados instituidos: La Conferencia Nacional de Gobernadores
(Conago) y el desencuentro con la Alianza Federalista
La Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) surge durante el gobierno
de Vicente Fox (2000-2006) como manifestación de algunos gobernadores en
contra del entonces presidente panista, al que cuestionaron su forma de ejer-
cer el poder al amparo del federalismo (Téllez-Cuevas, 2014). Dentro de sus
fundadores estaba el expresidente Andrés Manuel López Obrador, entonces
jefe de Gobierno del Distrito Federal (ahora Ciudad de México).
Según Téllez-Cuevas, el Partido de Acción Nacional (PAN), que llevó a Vi-
cente Fox a la presidencia, estaba comprometido con profundizar las políticas
del Consenso de Washington en una fase más radical. Esto afectó progresiva-
mente la relación entre la federación y las entidades, dando lugar a la creación
fáctica de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago). Los goberna-
dores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quienes estuvieron en el
poder durante el levantamiento zapatista y promovieron las políticas neolibe-
rales desde los años 80, impulsaron esta organización de facto para fortalecer
su posición frente al Ejecutivo federal, junto con otros gobernadores del Parti-
do de la Revolución Democrática (PRD). A través de ella, buscaban replantear
las condiciones del diálogo y las acciones del federalismo, especialmente en
materia presupuestaria y hacendaria. En este sentido, según Téllez-Cuevas, la
Conago surge en 2002 como respuesta a los recortes presupuestales a los go-
biernos estatales a partir de 2001, proponiendo una reforma hacendaria que
redeniera el pacto federal.
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En los últimos años, la Conago ha enfrentado obstáculos signicativos re-
lacionados con la geoeconomía federal. En marzo de 2020, en el contexto de la
pandemia, nació la Coordinación Noreste COVID-19, formada por tres gober-
nadores: Jaime “El Bronco” Rodríguez de Nuevo León (de Movimiento Ciuda-
dano), Miguel Riquelme de Coahuila (PRI) y Francisco García Cabeza de Vaca
de Tamaulipas (PAN). Estos gobernadores ocializaron un cerco sanitario para
enfrentar la pandemia del COVID-19, que posteriormente se transformó en
la Alianza Federalista. Los tres mandatarios locales exigieron mayores recur-
sos para fortalecer los servicios sanitarios y una revisión del pacto scal, pues
consideraban que las entidades del norte del país, que más recursos aportan a
la federación, no reciben lo necesario para resolver sus necesidades.
Con el tiempo, más gobernadores de oposición se sumaron a la Alianza
Federalista, convirtiéndola en una agrupación que llegó a contar con 12 man-
datarios estatales, ninguno de ellos del partido ocialista Morena. En septiem-
bre de 2020, los estados de la Alianza Federalista amenazaron con abandonar
la Conago si no se aumentaban los recursos que recibían de la Federación. Un
claro ejemplo de geoeconomía a escala nacional y subnacional. A través de un
comunicado publicado en redes sociales, los 10 mandatarios estatales de la
Alianza Federalista, liderados por el Gobernador de Jalisco, formalizaron su
salida de la Conferencia Nacional de Gobernadores, que hasta entonces con-
centraba a los 32 gobernadores de las entidades federativas. Los rmantes de
la salida fueron: Enrique Alfaro Ramírez (Jalisco), Martín Orozco Sandoval
(Aguascalientes), Miguel Ángel Riquelme Solís (Coahuila), José Ignacio Pe-
ralta Sánchez (Colima), Javier Corral Jurado (Chihuahua), José Rosas Aispu-
ro Torres (Durango), Diego Rodríguez Vallejo (Guanajuato), Silvano Aureoles
Cornejo (Michoacán), Jaime Rodríguez Calderón (Nuevo León) y Francisco J.
García Cabeza de Vaca (Tamaulipas).
Después de los comicios de junio de 2021, la Alianza Federalista sufrió un
giro signicativo. En una reunión de la Conago celebrada el 15 de diciembre
de 2021 en Villahermosa, Tabasco, casi todos los mandatarios de los estados
rebeldes se reincorporaron a la Conferencia Nacional de Gobernadores. Hoy
en día, tras los efectos de la geograía electoral más favorable a Morena, la Co-
nago ha adoptado una postura más colaborativa con el gobierno federal, re-
armando su compromiso de trabajar junto a la titular del gobierno federal,
Claudia Sheinbaum, para construir un México más justo y equitativo. En este
contexto, se subraya la importancia del diálogo y la cooperación como herra-
mientas esenciales para generar el cambio y el bienestar colectivo.
Los grandes ejes de impulso al “desarrollo regional” del gobierno de AMLO:
el Corredor Interoceánico y el Tren Maya
En su balance sobre los primeros 20 años del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN), Alain Rouquié (2015) señala que una de sus conse-
cuencias inesperadas ha sido el agravamiento de los desequilibrios regionales
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y la profundización de la fractura norte-sur en México. El académico francés
advierte que las marcadas desigualdades en el nivel de vida dentro del país
llevan a cuestionar si sus habitantes realmente comparten un mismo espacio
nacional, sugiriendo que las asimetrías existentes en el subcontinente nortea-
mericano (México, Canadá y Estados Unidos) se han replicado en el interior de
México.
Por esta razón, desde su campaña presidencial, Andrés Manuel López
Obrador enfatizó la necesidad de atender el sur-sureste del país. Como parte
de esta estrategia, tres megaproyectos fueron priorizados en el presupuesto
de egresos de la federación e incorporados en el Plan Nacional de Desarro-
llo (2018-2024) como ejes fundamentales: el Corredor Interoceánico, el Tren
Maya y la renería de Dos Bocas (Ávila Cabrera y Cedeño Del Olmo, 2021).
La nalidad de estos megaproyectos consiste en impactar positivamente en
el bienestar y la calidad de vida de la población del Sur y Sureste nacionales.
De acuerdo con Castillo Leal y sus colegas (2023), estos proyectos tienen
un impacto signicativo al mejorar el acceso a servicios esenciales como edu-
cación, vivienda, salud y seguridad, además de fomentar el desarrollo tecno-
gico, la generación de empleo y el aumento de salarios. Desde una perspectiva
neodesarrollista, en la que el Estado juega un papel preponderante en la eco-
nomía (Calderón y Castells, 2019), la construcción de grandes infraestructuras
se ha consolidado como una estrategia clave para el desarrollo regional y na-
cional (Castillo Leal et al., 2023). No obstante, estos proyectos han generado
un intenso debate y han polarizado la opinión pública.
En términos generales, se pueden identicar dos posturas. Por un lado,
quienes los deenden argumentan que son indispensables para impulsar el
desarrollo en territorios históricamente marginados por la globalización
y excluidos de los benecios del libre comercio, además de representar una
oportunidad para revertir el abandono del Estado. Por otro lado, sus críticos
señalan que estos megaproyectos, además de contradecir el discurso posneo-
liberal del gobierno, tendrán graves repercusiones en los territorios indígenas
y el ecosistema. Asimismo, advierten que los principales beneciarios serán
las empresas transnacionales, en detrimento de la población más vulnerable,
replicando las dinámicas observadas con el TLCAN (Rouquié, 2015).
Desde una postura crítica, Elena Lazos-Chavero argumenta que:
bajo la idea del combate a la pobreza, se desdibuja que los objetivos mis-
mos de los proyectos de desarrollo apoyan la explotación capitalista, in-
corporando nuevos territorios al sistema mundial, reforzando al sistema
que es la causa misma de la pobreza, marginando y luchando contra el
cambio social (Lazos-Chavero, 2022, p. 35).
Por ello, a nales de marzo de 2019, el Congreso Nacional Indígena (CNI),
el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y el EZLN, en respuesta a la consulta
gubernamental sobre la implementación de megaproyectos en el Istmo de Te-
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huantepec, reiteraron su lucha por la defensa de la madre tierra, las comuni-
dades y los territorios indígenas (Alonso Reynoso y Alonso, 2024). Retomando
el argumento de Lazos-Chavero (2022), el Corredor Interoceánico del Istmo
impulsa un nuevo auge extractivista en el sur del país—abarcando minerales,
hidrocarburos, cultura, pueblos originarios y entornos naturales—, el cual se
enraíza en una matriz de profundas desigualdades sociales. Según Lazos-Cha-
vero, el extractivismo no impulsa la industrialización ni crea empleos soste-
nibles a largo plazo, como propone el (neo)desarrollismo. No obstante, sus ac-
ciones se legitiman bajo el discurso del desarrollo regional y la lucha contra la
pobreza y la desigualdad.
En lo que respecta al Tren Maya, en 2022 diversos académicos enviaron
una carta al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y a la opinión
pública donde exponen las razones por las cuales se oponen al Tren Maya,
2
argumentando que el proyecto representa una forma de despojo territorial,
afecta los derechos de los pueblos originarios y pone en riesgo el equilibrio
ecológico de la región. Además, se critica la falta de una consulta previa, libre e
informada, así como el modelo de desarrollo impuesto, que favorece intereses
empresariales y turísticos en detrimento de la autonomía y la vida comunita-
ria. Asimismo, se advierte sobre los impactos ambientales, la deforestación, la
contaminación del agua y la amenaza a especies protegidas, señalando que el
Tren Maya es parte de un megaproyecto extractivista que profundiza las des-
igualdades y la destrucción del territorio.
Lazos-Chavero (2022) sintetiza estas preocupaciones al describir estos
proyectos como parte de la “neoliberalización de la naturaleza” o su “como-
dicación. De acuerdo con esta académica, el concepto de “capital natural”
reeja cómo se asignan precios a bienes y procesos, tanto materiales como in-
materiales, que antes estaban fuera del circuito comercial, transformando así
las relaciones entre humanos y naturaleza. Finalmente, la Renería Olmeca
de Dos Bocas, en Tabasco, ha tenido problemas para alcanzar su capacidad de
producción. Además, al igual que los otros megaproyectos, se ha enfrentado
críticas por sus impactos ambientales y sobrecostos.
Segundo eje: México y las relaciones Norte-Sur con Estados
Unidos
El neopanamericanismo, entendido como una estrategia de integracionista
bajo la hegemonía de Estados Unidos, adquirió un impulso signicativo a na-
les del siglo XX, especialmente con la entrada en vigor del Tratado de Libre Co-
mercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, que vinculó a México, Canadá
y Estados Unidos en un esquema de libre comercio (Guerra Vilaboy, 2018). Sin
embargo, a diferencia de lo que postulaba la teoría del crecimiento estándar—
según la cual el desarrollo de los países industrializados (el Norte) se transmi-
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tiría a los menos desarrollados (el Sur) mediante el comercio y la inversión—,
la brecha económica y tecnológica entre México y sus socios norteamericanos
no se redujo tras la rma del TLCAN, sino que, por el contrario, se amplió con
el tiempo (Calderón Villarreal y Hernández Bielma, 2011).
Calderón Villarreal y Hernández Bielma (2011), en su estudio sobre los lí-
mites del TLCAN, analizan la interacción entre los ujos de comercio intra-re-
gional y la inversión extranjera directa (IED) en Norteamérica entre 1994 y
2008. Su investigación concluye que la integración económica en el marco del
TLCAN adopta una forma dual, en la que se reproduce la brecha de desarrollo
entre sus integrantes debido a la coexistencia de dos tipos distintos de ujos
comerciales y de inversión. En este esquema, Canadá ha recibido ujos de IED
orientados a sectores más sosticados, con demanda de mano de obra alta-
mente calicada y efectos positivos en la innovación tecnológica y el capital
humano, lo que le ha permitido mantener una balanza comercial superavita-
ria. En contraste, México ha atraído principalmente una IED de tipo maquila-
dor, utilizada como plataforma de reexportación o como puente hacia terceros
mercados. Esta inversión se caracteriza por emplear mano de obra poco cali-
cada y con bajos salarios, lo que ha llevado al país a mantener un superávit
comercial con Estados Unidos, pero en un modelo de integración vertical de-
pendiente de su papel como proveedor de manufacturas de bajo costo.
Aunque el T-MEC introduce cambios estructurales en comparación con
el TLCAN (Puyana, 2020) su capacidad para modicar la integración econó-
mica dual a la que hacen referencia Calderón Villarreal y Hernández Bielma
(2011) es incierta. Factores como las políticas comerciales proteccionistas y las
dinámicas históricas de inversión continúan inuyendo en la relación econó-
mica entre México, Estados Unidos y Canadá. Además, políticas comerciales
recientes, como la imposición de aranceles del 25% a importaciones desde
México por parte del gobierno de Estados Unidos, cuyas fechas de implemen-
tación son inciertas, a inicios de 2025, generan incertidumbre y podrían afec-
tar la competitividad regional, obstaculizando los objetivos del T-MEC y man-
teniendo las asimetrías en la integración económica de la región.
Plan México y nearshoring como política de desarrollo
En enero de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Plan México,
una estrategia integral para el desarrollo del país. Este plan se articula en 13
metas orientadas a reducir la pobreza y la desigualdad, con el objetivo de con-
solidar a México como un referente global. Además, contempla un portafolio
de inversiones nacionales y extranjeras por un total de 277 mil millones de
dólares (Presidencia de la República, 2025).
Las metas del Plan México son:
1. Posicionar a México como la décima economía mundial.
2. Elevar la inversión por encima del 25% del PIB.
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3. Generar 1.5 millones de nuevos empleos.
4. Garantizar que el 50% de la proveeduría y el consumo nacional en
sectores clave (textil, calzado, mobiliario y juguetes) provenga de
México.
5. Incrementar el contenido nacional en la producción en un 15%.
6. Asegurar que el 50% de las compras públicas sean de producción
nacional.
7. Desarrollar y producir vacunas en México.
8. Reducir de 2.6 años a 1 año el tiempo requerido para trámites de
inversión.
9. Formar 150 mil profesionistas y técnicos adicionales anualmente.
10. Fomentar la sostenibilidad ambiental en el sector empresarial.
11. Garantizar que el 30% de las PYMES tengan acceso a nanciamiento.
12. Convertir a México en uno de los cinco destinos turísticos más visitados
del mundo.
13. Reducir la pobreza y la desigualdad.
El 21 de enero de 2025, se publicó un decreto de relocalización en el Diario
Ocial de la Federación que otorga estímulos scales como parte del “Plan
México. Este plan busca fomentar nuevas inversiones y promover el desa-
rrollo económico del país. Los estímulos incluyen incentivos scales para
empresas que inviertan en sectores estratégicos, facilidades administrativas
para agilizar trámites y benecios adicionales para proyectos que generen
empleo y contribuyan al desarrollo regional (Secretaría de Gobernación,
2025).
El Plan México se presenta como una estrategia integral para impulsar
el desarrollo del país, en gran medida a través del fenómeno del nearshoring,
resultado del proceso de relocalización de inversiones dentro de las cade-
nas globales de producción. Según Garrido, en un informe elaborado para la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), este fenóme-
no ha sido ampliamente considerado como una oportunidad favorable para
México, dado su potencial para atraer inversión extranjera directa (IED). Su
explicación suele estar vinculada, por un lado, al costo relativamente bajo de
la mano de obra en comparación con China —en el marco de la competencia
comercial que esta nación mantiene con Estados Unidos— y otras econo-
mías, y por otro, a la proximidad geográca con Estados Unidos, en el marco
del T-MEC, lo que optimiza tiempos, reduce costos de transporte y mejora la
eciencia en las cadenas logísticas hacia ese mercado (Garrido, 2022).
No obstante, según Clemente uiz Durán, académico de la División de
Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM, el nearshoring
solo tendrá un impacto signicativo en México si se implementa una política
industrial más ambiciosa. El desaío radica en evitar que el país permanez-
ca únicamente como una economía maquiladora y, en su lugar, promover la
incorporación de innovaciones tecnológicas en los bienes exportados. Desde
su perspectiva, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no adoptó una
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estrategia efectiva para fomentar una mayor sosticación tecnológica en las
exportaciones, ya que las inversiones continúan centrándose en la manufac-
tura básica sin un impulso claro hacia el desarrollo de productos con mayor
valor agregado (Gutiérrez Alcalá, 2024).
Asimismo, uiz Durán enfatiza la necesidad de que México trascienda
su papel como proveedor de mano de obra barata para la manufactura de
bienes destinados al consumo en Estados Unidos. El nearshoring representa
una oportunidad clave para reestructurar la industria nacional, agregar ma-
yor valor a los productos y desarrollar una fuerza laboral más especializada
y tecnicada, alineándose con las metas número nueve y trece del Plan Mé-
xico. Para lograrlo, señala uiz Durán, es fundamental que las universidades
y el sector empresarial colaboren en el diseño y exportación de productos in-
novadores con contenido cientíco nacional (Gutiérrez Alcalá, 2024), como
la meta siete en lo relativo al desarrollo y producción de vacunas en México.
De lo contrario, México continuará bajo una estrategia de nearshoring más
alineada con los intereses de Estados Unidos que con una política industrial
propia, perpetuando su rol de economía maquiladora.
Sin embargo, como se mencionó anteriormente, la política arancelaria
del gobierno de Donald Trump reeja cómo la geoeconomía crítica sigue te-
niendo un fuerte componente geopolítico clásico. La imposición de arance-
les del 25 % a productos mexicanos, cuya fecha de entrada en vigor varía
conforme al juego de poder del gobierno de Trump, afecta la competitividad
de la región norteamericana y debilita a México como destino para la relo-
calización de empresas. Aunque la medida fue suspendida por un mes tras
el compromiso del gobierno mexicano de desplegar 10 mil efectivos de la
Guardia Nacional en la frontera para combatir el narcotráco, y contener la
migración hacia Estados Unidos, esta estrategia comercial de Washington
genera incertidumbre en la economía mexicana y en el nearshoring como po-
lítica de desarrollo en el país.
Tercer eje: la posición mexicana frente al regreso de Donald
Trump a la Casa Blanca: desindustrialización, despojo y
migración
Los focos de implantación industrial ¿se desindustrializan?
De acuerdo con el informe sobre el desarrollo industrial 2023 de la Organi-
zación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, por sus
siglas en inglés), la desindustrialización prematura en América Latina y el Ca-
ribe responde a dinámicas estructurales que limitan el desarrollo de sectores
productivos con alto valor agregado. A pesar de que la región ha logrado avan-
ces en la implementación de energías limpias y la mejora de infraestructu-
ras, estos logros no han sido sucientes para revertir el declive industrial. En
muchos casos, los focos de implantación industrial no se desindustrializan en
términos absolutos, sino que sufren una transformación que los orienta hacia
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actividades de menor complejidad tecnológica y menor generación de empleo
calicado (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial,
2023).
Más que una desaparición de la industria, lo que se observa en la región es
una reconguración de los patrones de especialización productiva que puede
consolidar o debilitar el tejido industrial regional, dependiendo de las políti-
cas implementadas. La clave radica en adoptar estrategias que permitan im-
pulsar sectores de mayor valor agregado, como sugiere Clemente uiz Durán
para el caso del nearshoring en México (Gutiérrez Alcalá, 2024), evitando que
los focos industriales existentes se conviertan en meros enclaves de ensam-
blaje o manufactura de bajo costo sin encadenamientos productivos sólidos
como sucede con las maquilas en México (Organización de las Naciones Uni-
das para el Desarrollo Industrial, 2023).
Los procesos de acumulación por despojo y los megaproyectos
El neoliberalismo, aparentemente dejado atrás por la Cuarta Transformación,
impulsa megaproyectos hídricos, energéticos y turísticos. Una expresión de
las dinámicas de despojo se reere al extractivismo como “una práctica econó-
mica y una forma de coerción socioambiental y geopolítica, que permite ana-
lizar la intensicación de los procesos de despojo para insertar en el mercado
capitalista los recursos naturales que están en los países del sur global” (López
et al., 2024, p. 8). López Moreno y sus colaboradores relacionan los megapro-
yectos con los actuales procesos de despojo, señalando que estos constituyen
grandes iniciativas de infraestructura y desarrollo económico que requieren
inversiones sustanciales tanto públicas como privadas. En su implemen-
tación, estos megaproyectos generan signicativos impactos ambientales,
modican la dinámica socioeconómica de las regiones donde se establecen y
transforman las formas de vida de las comunidades locales.
Un ejemplo evidente de esta situación se presentó en 2019, durante el go-
bierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando un equipo multidisciplina-
rio y pluri-institucional publicó un informe que identicaba 879 conictos
relacionados con 304 proyectos. De estos, 134 correspondían a la minería,
70 a actividades petroleras, 50 a hidroeléctricas, 35 a parques eólicos y 15 a
gasoductos. Los conictos más violentos se concentraban en estados como
Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Zacatecas, Puebla, Coahuila, Sonora, Durango y
Michoacán. El informe evidenció que la minería era la actividad con mayor
cantidad de disputas, aunque también las hidroeléctricas y los proyectos eóli-
cos —como el Complejo Eólico Oaxaca situado en el istmo de Tehuantepec—
generaban una considerable conictividad (Alonso Reynoso y Alonso, 2024).
De acuerdo con las “Crónicas de movimientos de los de abajo contra los
despojos múltiples” de Alonso Reynoso y Alonso, en mayo de 2021 el gobierno
mexicano reportó que 68 de las 142 áreas naturales protegidas del país conta-
ban con concesiones mineras y que se habían otorgado mil 609 permisos de
explotación hasta antes del gobierno de AMLO, pues en ese año, no se hicie-
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ron concesiones de explotación minera. Además, se identicaron 466 presas
de residuos tóxicos derivadas de la actividad minera. En este contexto, según
señalan los autores, el capitalismo continúa expandiéndose a través del des-
pojo, diversicando sus estrategias de apropiación. Frente a esta avanzada, el
zapatismo y los pueblos originarios articulados en el CNI impulsaron una se-
rie de luchas en defensa de sus territorios, que abarcaban no solo la tierra y los
recursos naturales, sino también diversas expresiones territoriales, la cultura
y la dimensión espiritual de sus comunidades.
Las Caravanas Migrantes
Entre 2018 y 2019 se presentaron movimientos masivos organizados por po-
blaciones en movimiento, de orígenes nacionales predominantemente de los
países centroamericanos que conforman el “Triángulo del Norte”, Guatemala,
El Salvador y Honduras, así como por países caribeños, Colombia y Venezue-
la, cuyo éxodo migratorio crecía hasta alcanzar en 2025 la cuarta parte de su
población nacional. Preciado Coronado (por publicar), considera que estas ca-
ravanas son estallidos sociales que desembocan en comunidades políticas de
pertenencia, alrededor de las cuales se dan estrategias territoriales conjuntas
para defenderse del crimen organizado a lo largo de su trayectoria en México
(lo que algunos consideran la “frontera vertical”, que hace llevar consigo su
condición irregular a la población migrante por donde quiera que esté o pase)
y para presionar al Instituto Nacional de Migración hacia una política inclu-
yente de refugio, mediante las movilizaciones masivas organizadas.
Según el Instituto Nacional de Migración (INM), desde el inicio del sexe-
nio del presidente Andrés Manuel López Obrador en diciembre de 2018, han
transitado por México 129 caravanas migrantes (Loredo, 2025). Estas carava-
nas han estado conformadas por personas provenientes de 182 países, princi-
palmente de América, seguidos por África y Asia. Entre enero y mayo de 2024,
el INM detectó a casi 1.4 millones de personas en situación migratoria irre-
gular, originarias de 77 países de los cinco continentes. Estos datos reejan la
diversidad de nacionalidades presentes en los ujos migratorios que atravie-
san México en su intento por alcanzar otros destinos, principalmente Estados
Unidos.
En enero de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum, aseguró que su go-
bierno brinda atención a todas las caravanas migrantes, incluida la primera
del año, conformada por aproximadamente 1.500 personas que partieron
desde la frontera sur con la intención de llegar a Estados Unidos antes de la
investidura de Donald Trump el 20 de enero. Según Sheinbaum, a lo largo de
su trayecto, los migrantes reciben orientación, asistencia y la opción de ac-
ceder a empleo en México. Por su parte, Trump ha amenazado con imponer
un arancel del 25 % a los productos mexicanos si el gobierno de México no
detiene lo que calica como una “invasión” de migrantes y drogas, frente a lo
cual la exigencia es detener las caravanas en su trayectoria hacia la frontera
Norte, y contenerlas en la frontera Sur. Frente a ello, Sheinbaum ha señalado
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que su administración acompaña el proceso de las caravanas y que, gracias a
los esquemas implementados, estas ya no alcanzan la frontera norte (Swis-
sinfo, 2025). El gobierno Trump añade a la cuestión arancelaria y migratoria,
la clasicación de grupos del crimen organizado como “narcoterroristas, lo
cual compromete la política mexicana de seguridad.
Conclusiones
Este trabajo se estructuró en tres ejes analíticos que exploraron la interacción
entre el poder y la región en México, abordando sus dimensiones nacionales,
regionales e internacionales. El primer eje, correspondiente a la escala nacio-
nal, dejó ver que la región es un concepto que necesita ser procesado desde en-
foques transdisciplinarios que den cuenta de la heterogeneidad del ‘mosaico
nacional’. Lejos de un proyecto nacional unitario, la vida de y en las regiones
atraviesa por condiciones macroeconómicas, geoeconómicas, que están vin-
culadas con el patrón de acumulación capitalista extractivista y de industria-
lización dependiente.
Asimismo, los regionalismos anteriormente expresados en identidades
regionales se han politizado en la esfera pública estatal: las formas de vincu-
lación y alianzas entre gobiernos locales, como la Conago y la Alianza Federa-
lista, dan cuenta de una comunidad política abocada y dominada por las ins-
tituciones del Estado, sin que aparezca la sociedad como actor con capacidad
de agencia. En ese sentido, el impulso al “desarrollo regional” bajo el gobierno
de AMLO, fue marcado por megaproyectos de interconectividad territorial,
como el Tren Maya y el Tren Transístmico, cuyo balance aún es debatido, pero
cuyos derroteros marcaron los planes de desarrollo regional de la Presidenta
sucesora.
Dimos especial atención al potencial de autonomías regionales y comu-
nitarias en México, al destacar la mirada sobre el EZLN, su proyecto original
de los Caracoles zapatistas, basado en la trama de municipios de buen go-
bierno, que luego transita hacia formatos comunitarios autónomos sin Esta-
do. Nuevas regiones donde la propiedad común de la tierra, la organización
cooperativista y diversas estrategias de participación y control desde abajo,
han encontrado nuevas vías para organizar desde la producción hasta la vida
cotidiana, en salud, educación, cuidados personales y colectivos, la seguridad
y defensa frente al crimen organizado.
El segundo eje, a escala regional, analizó el impacto de la estrategia mexi-
cana en el marco del TLCAN-TMEC como vínculo Sur-Norte, así como el near-
shoring en el gobierno de Claudia Sheinbaum. Nos preguntamos si se pretende
conciliar panamericanismo “bueno, mediante la adhesión de México al TMEC,
la participación mexicana en políticas industriales de sustitución de importa-
ciones, como es el caso de producir semiconductores que propicia la Alianza
para la Prosperidad Americana, que impulsó el gobierno de Biden. Y cuestio-
namos si la inserción de México a Latinoamérica y el Caribe se ha reducido a un
latinoamericanismo “moral”, por parte del gobierno mexicano, que concede un
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espacio político diplomático a la CELAC, pero que no promueve con la misma
intensidad que hacia el Norte la integración económica comercial.
Finalmente, el tercer eje, examina la posición mexicana frente al regreso
de Donald Trump a la Casa Blanca en lo que se reere a la desindustrializa-
ción, el despojo y la migración, así como de cara a la muy complicada agenda
bilateral con Estados Unidos en lo referente a la contención migratoria hacia
el Norte y el combate al crimen organizado del fentanilo. En el tema migra-
torio, las Caravanas Migrantes representan un desaío mayor. Nuestra hipó-
tesis es que, si bien México no enfrentó estallidos sociales críticos del patrón
de desarrollo y del entramado político nacional e internacional, que sustentó
una suerte de insurgencia social en diversos países del mundo, las Caravanas
Migrantes sí desaían el carácter geopolítico de México como país receptor y
de tránsito de movimientos de población masivos, cuya capacidad de agencia
organizada hace más dicultosa la contención y control del fenómeno migra-
torio. Máxime cuando estas Caravanas son asediadas por el crimen organiza-
do: extorsiones, reclutamiento para las bandas criminales, trata de blancas,
tráco de órganos, e involucramiento de personas en el tráco de drogas.
Pensar la región en la naciente era Trump, obliga a la mayor creatividad
posible. Los nexos entre lo global y lo local reclaman un estatuto epistemo-
lógico translocal. Lo que sucede en los cinco continentes, nuestra inserción
en Latinoamérica y el Caribe, región signada por la desigualdad, la exclusión,
el racismo, la gigantesca y masiva expulsión de población que busca llegar al
Norte de América, obliga a considerar las relaciones globales Norte-Sur. Esto
también empuja hacia nuevas consideraciones en el carácter y alcance de las
comunidades políticas de pertenencia que están en proceso. Concluimos de-
jando una interrogante de largo aliento: ¿sería posible conformar a México
como una nación transterritorial, como lo piensa Tonatiuh Guillén (2021),
donde la presencia mexicana en Estados Unidos cree lazos de pertenencia na-
cional novedosos con comunidades políticas de pertenencia translocal?
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