
Revista de Estudios Regionales | Nueva Época | Enero- Junio 2025
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Otras aproximaciones a la región interrelacionan democracia y poder,
ciencias políticas y sociales, geograía y geopolítica, con cierto énfasis en polí-
ticas públicas. Pablo González Casanova coordinó el estudio de las entidades
federadas (estados) en México, obra que marcó su preocupación por la cons-
trucción de una democracia que denominó “de los de abajo”, esto es, a partir de
las organizaciones autónomas de la sociedad civil y del pueblo, en oposición
al autoritarismo y la corrupción. González Casanova (2003, 2017) precisó la
relación de las regiones con los movimientos sociales y políticos contemporá-
neos, especialmente con el movimiento zapatista, al cual le reconoce el plura-
lismo y la profundidad de su pensamiento revolucionario, rebelde.
El horizonte del Sistema Mundo moderno trajo consigo una revaloriza-
ción del ámbito regional, su escala, su articulación con el actor protagónico
de la modernidad: el Estado nacional, y con el proceso de universalización del
capitalismo a escala planetaria, así como la emergencia de actores no estatales
que reclaman nuevos instrumentos de conocimiento sobre su dinámica ori-
ginal (Wallerstein, 2000). Su comprensión teórica desde las ciencias sociales
ya no puede ser el patrimonio de una disciplina particular, alrededor de la
cual giran diversos conocimientos especializados que le aportan sus conoci-
mientos parciales. La incorporación indiferenciada de parcelas disciplinarias
tampoco resuelve el nuevo conocimiento sobre la región que se necesita, pues
revolver conceptos sin criterios ordenadores lleva a un eclecticismo estéril.
Finalmente, desde el enfoque de la geopolítica, la economía política in-
ternacional y la ecología política, se abordan los temas de región —espacio y
territorio de lo local—, regionalismo que implica un sentido de pertenencia
que puede ser subnacional, nacional o supranacional— y regionalización ,que
entraña políticas voluntaristas, principalmente de Estado y, también, proce-
sos instituyentes de identicación de la región como espacio donde rivalizan
estrategias de poder. Estos enfoques comparten referentes que vinculan espa-
cio, tiempo, actores, cultura y proyectos de sentido respecto de una época y los
valores de civilización que fundamentan sus prácticas sociales colectivas. For-
mas de aproximación a la región que muestran la manera en la que lo público
y lo privado se yuxtaponen, las tensiones culturales, económicas y políticas,
que el continuo proceso de transformación social supone del territorio, de la
naturaleza, de la ecología política, de la geopolítica.
Este enfoque tripartito se sintetiza en este trabajo a partir del concepto de
geoeconomía crítica. Desde la perspectiva de Montoya-Arango (2010), la geopo-
lítica —y la geoeconomía—pueden entenderse como discursos sobre las rela-
ciones de poder y como prácticas espaciales que buscan dirigirlas. Esta doble
dimensión discursiva —que la geopolítica crítica busca deconstruir y cuestio-
nar— y práctica —como intervención política y económica que altera la forma
y sentido de las relaciones espaciales de poder— constituye un claro ejemplo
de lo que se entiende por “geoeconomía crítica”. Así, la geoeconomía crítica, al
articular la geopolítica crítica, la economía política internacional y la ecología
política, ofrece claves interpretativas fundamentales para comprender la di-
mensión práctica de la geopolítica en el contexto de la globalización, superan-