Revista de Estudios Regionales | Nueva Época | Julio- diciembre 2024
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Recepción: 08/08/24
Aceptación: 22/10/24
Trayectorias migratorias y precarización laboral
de jóvenes afromexicanas
https://doi.org/10.59307/rerne2.484
Alejandra Azucena Ramírez López
http://orcid.org/0000-0001-5576-847X
Resumen
Este texto está enfocado en mujeres migrantes afromexicanas de la Costa
Chica oaxaqueña y tiene como objetivo conocer las trayectorias femeninas
de mujeres jóvenes con la nalidad de comprender sus dinámicas de trabajo
en las ciudades, y el impacto de éstas, en torno a dimensiones como género,
clase y condición étnico-racial. Aunque previamente se han realizado trabajos
sobre migrantes jóvenes mujeres costachiquenses, éste es un tema que requie-
re de pesquisas que ayuden a comprender las múltiples aristas que existen en
las trayectorias migratorias femeninas de población afromexicana.
La investigación de la que se desprenden los datos fue realizada en dos muni-
cipios de la Costa Chica de Oaxaca entre 2023 y 2024, a través de herramientas
cualitativas como entrevistas en profundidad y observación participante, por
lo que parte del método etnográco. Entre los resultados más importantes se
encuentran la importancia de la migración femenina en la conguración de
nuevas maneras de “ser joven, la racialización y precarización laboral mani-
estas en sus trayectorias migratorias, así como las razones del retorno aso-
ciadas con tareas de cuidados para las que se requiere su participación.
Palabras clave: Jóvenes afromexicanas, precarización laboral, racialización, migra-
ción de retorno.
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Migration trajectories and job insecurity of young
afro-mexican women
Abstract
This text is focused on Afro-Mexican migrant women from the Oaxacan
Costa Chica and aims to understand the female trajectories of young wo-
men in order to understand their work dynamics in the cities, and their im-
pact, around dimensions such as gender, class and ethnic-racial condition.
Although previous work has been carried out on young Costa Rican female
migrants, this is a topic that requires research that helps understand the mul-
tiple aspects that exist in the female migratory trajectories of the Afro-Mexi-
can population.
The research from which the data is derived was carried out in two municipa-
lities on the Costa Chica of Oaxaca between 2023 and 2024, through qualita-
tive tools such as in-depth interviews and participant observation, therefore,
it is based on the ethnographic method. Among the most important results
are the importance of female migration in the conguration of new ways of
“being young”, the racialization and job insecurity manifest in their migra-
tory trajectories, as well as the reasons for return associated with care tasks
for which Your participation is required.
Keywords: Young Afro-Mexican women, job insecurity, racialization, return migra-
tion.
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Trajectórias migratórias e emprego precário de
jovens mulheres afro-mexicanas
Resumo
Este texto centra-se nas mulheres migrantes afro-mexicanas da região da
Costa Chica, em Oaxaca, e tem como objetivo compreender as trajetórias
femininas de jovens mulheres para entender as suas dinâmicas de trabalho
nas cidades e o seu impacto em dimensões como o género, a classe e o esta-
tuto étnico-racial. Embora já se tenha trabalhado anteriormente com jovens
mulheres migrantes da Costa Rica, este é um tema que requer investigação
que ajude a compreender os múltiplos aspectos que existem nas trajectórias
migratórias femininas da população afro-mexicana.
A investigação da qual derivam os dados foi realizada em dois municípios da
Costa Chica de Oaxaca entre 2023 e 2024, utilizando ferramentas qualitativas
como entrevistas em profundidade e observação participante, razão pela qual
se baseia no método etnográco. Entre os resultados mais importantes estão
a importância da migração feminina na conguração de novas formas de “ser
jovem, a racialização e a precarização do trabalho manifestadas nas suas tra-
jectórias migratórias, bem como os motivos de regresso associados a tarefas
de cuidado para as quais a sua participação é necessária.
Palavras-chave: Jovens mulheres afro-mexicanas, precariedade laboral, raciali-
zação, migração de retorno.
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Introducción
La Costa Chica Oaxaqueña está ubicada en el litoral del Pacíco y colinda con
el estado de Guerrero. Esta región, comparte una historia común, así como
características socioculturales. La población es pluriétnica, pues habitan pue-
blos originarios, mestizos y afromexicanos, sin embargo, este trabajo se reali-
zó en municipios que de acuerdo al Censo de Población y Vivienda del INEGI
(2020) están compuestos, en su mayoría, por personas que se reconocen como
afromexicanas.
En las localidades rurales que componen la región, existen pocas posi-
bilidades de empleo pues la mayor parte de las personas se dedican a acti-
vidades productivas primarias (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo
(ENOE],2020) que se realizan, cuando son pagadas, de manera temporal, y
muchas veces, para el autoconsumo. Además, debido a la falta de infraestruc-
tura educativa, las personas jóvenes solo pueden estudiar en sus comunida-
des hasta la telesecundaria o el bachillerato. En estos contextos, la necesidad
de salir a estudiar o a trabajar se vuelve una expectativa de vida a futuro para
muchas jóvenes, por lo que es importante realizar análisis que nos permitan
comprender la migración de manera contextual.
La migración juvenil en la Costa Chica es un tema que ha sido analizado
previamente en trabajos etnográcos cuyos hallazgos se centran en la impor-
tancia de la migración para la movilidad social, los cambios en las dinámicas
familiares, las modas, las transformaciones en las conductas juveniles como
consecuencia de la migración, y la expectativa a futuro de migrar (Quecha,
2011; Quiroz y Ortiz, 2011; Quecha, 2015b; Ramírez y Quezada, 2022). Sin em-
bargo, se ha trabajado menos respecto a las dinámicas de migración femenina.
De modo que se conoce poco sobre las trayectorias migratorias femeninas en
la región costachiquense. Por ello, este texto tiene como objetivo conocer las
trayectorias migratorias de mujeres jóvenes afromexicanas, con la nalidad
de comprender las dinámicas de trabajo en las ciudades en torno al género, la
clase social y la condición étnico-racial.
Los trabajos sobre la migración de personas jóvenes en la Costa Chica han
dado cuenta de las características migratorias regionales y de las diferencias
que existen entre las experiencias migratorias masculinas y femeninas. Que-
cha (2011) encuentra que se priorizan las migraciones de varones jóvenes, por
lo que las mujeres se aanzan de redes de solidaridad que crean con otras mu-
jeres para llevar a cabo la empresa migratoria, pues algunos varones, pueden
sentirse ofendidos si las mujeres jóvenes de su familia migran previo a ellos,
y sin autorización familiar (Quecha, 2015b). Esta situación cambia cuando las
jóvenes tienen hijos y no cuentan con el sostén económico del progenitor, pues
en esos casos sí se apoyan las migraciones femeninas (Quecha,2015b). Este fe-
nómeno, trae consigo la transformación de los modelos de crianza, pues son
las abuelas, tías, e incluso hermanas mayores quienes se quedan al cuidado
de los hijos de jóvenes migrantes madres solteras, pero también de mujeres
que migran con sus esposos (Quecha, 2015a). La investigación de Rodríguez
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(2019) da cuenta de la diferencia que existe entre los trabajos de los varones
y las mujeres jóvenes migrantes costachiquenses, pues mientras los varones
reeren a empleos relacionados con la construcción, las mujeres hacen mayor
referencia al trabajo doméstico y las labores de cuidado, por ejemplo, como ni-
ñeras. En su investigación,además, se pone en evidencia la discriminación por
color de piel. Al respecto, Quiroz y Ortiz (2011) identicaron que los jóvenes
afrodescendientes reconocían en la migración, un componente negativo de
discriminación, que se profundiza en el trabajo de Ramírez (2020), quien da
cuenta de algunas formas de racialización a las que se enfrentan las personas
migrantes afromexicanas.
Dichos hallazgos dan pauta a pensar en lo importante que han sido las
migraciones femeninas y la inserción al trabajo de jóvenes mujeres en contex-
tos rurales. Desde la postura de Urteaga y Cruz Salazar (2020, p.30) las jóvenes
migrantes tensan las relaciones con los adultos en sus comunidades, quienes
prescriben los códigos comunitarios relacionados a la edad y al género, pues
en sus prácticas encuentran nuevos referentes simbólicos y culturales que
“trascienden el matrimonioy la maternidad para las mujeres como la úni-
ca salida a sus vidas” (Urteaga y Cruz Salazar,2020, p.30). De forma similar,
Quecha encontraba que, en la Costa Chica, “el hecho de saber que las mujeres
migrantes internacionales cuentan con su propio dinero genera entre las que
se quedan algunas reexiones y cambios en la percepción de la migración fe-
menina” (2015b, p.98). Para López Guerrero, la migración de mujeres jóvenes
a la ciudad, da pauta a “otras formas de agrupación basadas en redes laborales
y de amistad” (2013, p.150), lo que recongura sus ideas sobre el matrimonio y
la maternidad.
Así pues, las jóvenes mujeres afromexicanas deciden migrar para trabajar
como una forma de sortear las dicultades económicas de sus localidades de
origen, pero también para vivir nuevas formas de “ser joven, con las impli-
caciones que dichas trayectorias migratorias pueden suponer en su situación
laboral y en su experiencia juvenil.
Dadas las desigualdades que se originan entre la población afromexica-
na de una misma comunidad, es necesario articular en los análisis otras cate-
gorías como género y clase social, para comprender las distintas trayectorias
migratorias. En este trabajo, partimos de la interseccionalidad para mirar las
experiencias migratorias de mujeres jóvenes afromexicanas, pues dicha lente
teórica, permite enfocar la complejidad de la migración de mujeres que no solo
son jóvenes, sino también, afrodescendientes y provenientes de un entorno
rural, en el que cuentan con distintos recursos económicos y sociales.
Para Viveros desde hace algunos años, la interseccionalidad se ha con-
vertido en la expresión utilizada para designar la perspectiva teórica y me-
todológica que busca dar cuenta de la percepción cruzada o imbricada de las
relaciones de poder” (Viveros, 2016,p.2) ya sea que se hable de sistemas de
opresión que se intersectan, o de ejes distintos de la opresión, la importancia
de los análisis interseccionales radica en que hace énfasis en“la multiplici-
dad de experiencias de sexismo vividas por distintas mujeres” (Viveros, 2016,
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p.8). Así, esta perspectiva nos permite analizar las trayectorias migratorias de
jóvenes afromexicanas, cruzadas por múltiples relaciones de desigualdad, es
decir, desde una mirada más compleja.
Metodología
Esta investigación tiene un enfoque etnográco y fue realizada en dos mu-
nicipios de la Costa Chica de Oaxaca durante tres períodos de campo entre
marzo y septiembre de 2023, y enero de 2024. El objetivo es comprender la
complejidad de las trayectorias migratorias de jóvenes afromexicanas, para lo
se desarrollaron actividades que conformaron distintas fases de la pesquisa.
En la primera etapa se realizó observación participante y entrevistas en
profundidad de las cuales retomamos cuatro en este trabajo. Las entrevistas se
realizaron a través de un muestreo no probabilístico aunque se consideraron
algunos criterios para participar en la investigación. Si bien la edad no de-
ne la juventud, se priorizó que las jóvenes tuvieran entre 14 y 25 años; debían
ser además, migrantes retornadas y autoadscribirse como afromexicanas. La
técnica de bola de nieve, fue esencial en esta fase pues permitió conocer otras
mujeres migrantes de retorno que eran primas, amigas o conocidas de las pri-
meras entrevistadas.
La segunda fase se realizó en septiembre de 2023 y se hicieron más entre-
vistas, de las que se retoman seis para el presente trabajo para completar un
total de 10 entrevistas a jóvenes migrantes retornadas. Es importante señalar
que debido a que hubo un mayor número de migrantes que habían estado den-
tro del país, el presente trabajo solo retoma experiencias de migración inter-
na, es decir, dentro de México.
Finalmente, en la tercera etapa se realizó observación participante y en-
trevistas de continuidad. A través de los diarios de campo y las entrevistas
transcritas, se ha ido articulando un trabajo etnográco desde distintos ejes,
donde uno de ellos recae en el interés de explorar la migración femenina.
Resultados y discusión
El siguiente apartado discute los hallazgos que se encontraron respecto a las
experiencias migratorias de jóvenes mujeres afromexicanas. La trayectoria
migratoria puede pensarse como “la articulación de todos los nodos
que empujan, motivan, o bien, obligan a un sujeto a emigrar de un
territorio de nacimiento”(Contreras,2019,p.7). Sin embargo, también
puede retomar otros elementos más relacionados a la movilidad so-
cial, en ese sentido Pizarro y Ciarallo (2023) apuntan que la categoría de
trayectoria migratoria ordena y sistematiza la experiencia de la persona mi-
grante, al tiempo que hace referencia al desplazamiento de una posición so-
cial a otra en un entramado de relaciones de poder, por lo que dicho desplaza-
miento no sólo es territorial sino también social. Es por ello que en este trabajo
se ordenan dichas experiencias en torno a cuatro ejes: por qué migran, a dónde
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y con qué recursos, cómo es su experiencia de vida laboral, cómo habitan la
ciudad y por qué retornan. Por lo que reere a experiencias compartidas, pero
también a experiencias que se viven de forma distinta, de acuerdo a los capita-
les con los que las jóvenes cuentan.
Razones y recursos que movilizan la migración
Las razones de la migración interna pueden ser diversas aunque en su mayo-
ría están relacionadas con carencia de recursos económicos. Entre las jóve-
nes con mayores recursos, la migración, puede estar asociada a la educación
universitaria y/o a la posibilidad de tener nuevas experiencias de vida en las
ciudades. En este texto ,si bien solo nos centraremos en jóvenes migrantes que
salen a trabajar, es importante reconocer que algunas jóvenes que cuentan con
recursos económicos, por ejemplo, las hijas de migrantes en Estados Unidos,
salen a estudiar el nivel superior a otras ciudades, situación que representa
un privilegio respecto a sus congéneres que no tienen posibilidad de seguir
estudiando y se ven en la necesidad de salir de su comunidad para encontrar
mejores horizontes de vida (Ramírez y Urteaga,2023).
Las jóvenes entrevistadas en esta pesquisa vienen de distintas posiciones
sociales por lo que es importante hablar de sus puntos de partida biográcos
al momento de iniciar la migración, para plantear a dónde migraron, por qué
razón y con qué recursos contaban. Sara1 y Ana, acababan de terminar el ba-
chillerato antes de salir de la comunidad, son hijas de migrantes que conside-
ran que la educación es esencial “para vivir mejor”. Sin embargo, ninguna de
las dos quiso continuar estudiando pese al apoyo de sus padres, porque desde
su perspectiva “estudiar no signica que vas a tener un mejor trabajo. Al no
encontrar opciones de empleo en su localidad, decidieron salir, una a Tijuana
y la otra a Mazatlán respectivamente. Ambas contaban con familia en dichas
ciudades, por lo que fue gracias a esos lazos que pudieron concretar su proyec-
to migratorio. Mientras el viaje de Sara fue pagado por su hermana mayor que
trabaja como veterinaria, el de Ana fue costeado gracias a un préstamo de su
tía. Aunque su situación económica en la localidad no era precaria, ellas bus-
caban conocer otras formas de vida y “ganar su propio dinero.
Lo mejor (de migrar) fue ser más independiente, porque aprendí a ganar
mi dinero, antes sí lo hacía pero lo valoré más ahora que salí, porque tenía
que ajustarme en lo que podía y no gastar, y también empecé a ver de lo
que era capaz (Entrevista a Ana, marzo de 2023).
Alma, Karla y Tatiana, quienes solo estudiaron la primaria, son hijas de
campesinos que no pudieron costear sus estudios, por lo que decidieron mi-
grar muy jóvenes. Alma y Karla a los 13 años y Tatiana a los 14 años. Todas ellas
se juntaron con sus novios para poder migrar a Monterrey, pues encontraban
pocas expectativas de futuro más allá de la vida en pareja y no tenían recursos
1 Los nombres de las entrevistadas fueron modificados.
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para costear un viaje fuera de sus comunidades, ni tampoco redes que las re-
cibieran en otros estados. Las redes de amigas y familiares son un capital im-
portante en las migraciones femeninas que pueden apoyar el viaje, el empleo
y la vivienda (Quecha, 2011) con el que no todas las jóvenes cuentan. Para ellas,
la migración representaba una posibilidad de salir de hogares con muchas ca-
rencias económicas. Sobre todo para Karla, quien al tener 5 hermanos meno-
res más, no sólo se encontraba en una situación económica precaria, sino que
también dedicaba casi todo su día a las labores domésticas de su familia.
Solo estudié la primaria porque me junté y ya no estudié. Me fui a los 13,
fue amor a primera vista porque no tardamos mucho tiempo. Él tenía 19
años. Y me robó, fuimos a la disco, y ya, pasó. Yo quería seguir estudiando
pero la economía no dejó. Mis papás ya no podían. Mis papás se enojaron
cuando me fui porque yo estaba muy chica, que me fuera a los 15, decían
(Entrevista a Karla, septiembre de 2023).
Finalmente, Samanta, Claudia, Dana, María y Paola, pese a que culminaron
la secundaria, narraron que para sus familias era diícil económicamente que
ellas continuaran estudiando, razón por la que decidieron migrar para traba-
jar al ver que existían pocos empleos en sus comunidades. Las cinco, contaban
con redes que permitieron que a su llegada a la ciudad, vivieran con familiares
o amigas que les ayudaron a conseguir trabajo. María, Paola y Claudia mi-
graron a Ciudad de México, Dana y Samanta a Culiacán. En general, las cinco
contaban con recursos sociales pese a que carecían de recursos económicos, lo
que facilitó la migración que realizaron “para trabajar, ayudar a sus familias y
conocer otros lugares”, en ese orden.
A mí me dijeron del trabajo antes de irme, me ayudó a conseguirlo una
amiga acá del pueblo, y ya lo hablé con mis papás y pues sí, que te vayas, y
así me fui (entrevista con María, marzo 2023).
La articulación entre las categorías de migración y condición étnico-racial
permite comprender las motivaciones de las mujeres migrantes más allá de
la “necesidad económica, porque da cuenta de la importancia de pensar a los
contextos racializados desde el racismo estructural que explica la carencia de
infraestructura educativa y laboral, así como las brechas salariales (Ramírez,
2020). En las localidades donde se realizó la investigación, por ejemplo, las jó-
venes aseguraron que el salario como trabajadoras domésticas o empleadas de
mostrador, por una jornada de doce horas, es de aproximadamente 100 pesos.
Esta situación no necesariamente mejora con mayor escolaridad, pues la et-
nograía de Medrano (2024) da cuenta de que la educación superior no implica
mejores empleos para estas jóvenes, pues hay pocas fuentes de trabajo dentro
las localidades rurales costachiquenses.
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Experiencia laboral en la ciudad
A través de las entrevistas, las chicas narraron que todas se emplearon en
trabajos precarizados sin ninguna prestación laboral. Seis de ellas laboraron
como empleadas domésticas, excepto Samanta quien trabajó como hostess,
Dana que fue cuidadora de adultos mayores, Sara que se empleó en una ma-
quila , y Tatiana quien laboró como mesera. Por lo que no podemos reducir
todas las experiencias al trabajo doméstico remunerado. Llama la atención
que Dana y Samanta consiguieron estos empleos a través de amigas que tenían
agregadas en Facebook. Sara, consiguió su trabajo como obrera gracias a su tía
y Tatiana, quien es Testigo de Jehová, aanzó su empleo como mesera, pese a
no tener redes migratorias, pues al llegar a Monterrey buscó una iglesia para
sentirse acompañada, y fue ahí donde la apoyaron para entrar a trabajar.
Las diez jóvenes laboraban bajo contrataciones que se establecieron me-
diante un acuerdo oral con el empleador, por lo que carecían de derechos y
prestaciones básicas, lo que muchas veces las enfrentaba a situaciones de ex-
plotación que las llevaba a trabajar horas extras, en horarios nocturnos, o a
destajo, como es el caso de Sara, quien se obligaba a laborar los nes de semana
para poder costear sus gastos en la ciudad y enviar dinero a su familia en la
comunidad.
Y uno tenía jornadas pesadas. Porque trabajabas de que, por ejemplo,
50 piezas te las pagaban cada pieza a 50 centavos, o sea que tú tenías que
hacer muchos tickets durante el día para sacar, porque era por lo que uno
trabajaba (Entrevista a Sara, septiembre de 2023).
Las chicas que trabajaron como empleadas domésticas señalaron tener jorna-
das de trabajo menos largas que las que se habían empleado en otras labores.
Sin embargo, debido a que sus trabajos eran de entrada por salida y “sus pa-
tronas” no las requerían diariamente, también eran quienes ganaban menos
dinero. Lo mismo sucedía con Samanta, quien solo laboraba como hostess los
nes de semana y tenía que completar sus entradas económicas limpiando ca-
sas. Los mejores salarios los reportaron Dana, que cuidaba a dos ancianos, y
Sara, quien laboraba, en ocasiones, toda la semana sin descanso, puesto que su
pago a destajo en la maquila implicaba horarios extendidos.
El trabajo como empleadas domésticas es característico de jóvenes ru-
rales que migran del campo a la ciudad (López Guerrero,2013) pues existen
condiciones que permiten a las empleadoras pagar salarios bajos sin otorgar
seguros médicos, días de descansos pagados, ni ninguna otra prestación labo-
ral. Situación que se aúna con el hecho de que en muchas ocasiones las muje-
res migrantes no denuncian estas situaciones por miedo a perder el empleo
(Lázaro-Castellanos y Jubony, 2019,p.33). Oemichen señala al respecto que las
personas racializadas, en su investigación indígenas, pero en este caso afro-
descendientes, “enfrentan situaciones de competencia desventajosa en su lu-
cha por el empleo, la vivienda, la educación, la salud, la justicia y otros ámbitos
de la vida social”(2001,p.182). Así, continúa:
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Son incorporados como fuerza de trabajo, aunque generalmente en ocupacio-
nes mal pagadas y carentes de derechos laborales. Son residentes en las ciu-
dades, pero se les conmina a que regresen a sus pueblos. Tienen derecho al
libre tránsito, pero su presencia en las ciudades es motivo de conicto. Se les
considera, en n, extraños (Oemichen,2001, p.182).
Lázaro Castellanos y Jubony, apuntan que “el complejo sistema de divi-
sión del trabajo a escala global creó formas económicas de vida diferenciadas
(2019, p. 26). En este sentido hablan de la racialización como eje clasicador
del capitalismo donde la mayor parte de la población carece de derechos la-
borales mientras, “el sistema mundo le permite a la fuerza laboral del Norte
global que sí tiene derechos, que sus vidas importen o sean más vivibles”(Lá-
zaro-Castellanos y Jubony, 2019, p.28) .
Es posible identicar dos características importantes en las experiencias
migratorias de las jóvenes colaboradoras con relación al trabajo, pues todas
se encontraban en situación de empleo precario e informal. Saccucci (2020)
sostiene que en América Latina está creciendo el empleo informal, al punto de
convertirse en la forma de producción más común.
Generalmente se reconoce que la economía informal representa una si-
tuación laboral caracterizada por la falta de identidad jurídica, malas condi-
ciones laborales, exclusión de los sistemas de protección social, elevada in-
cidencia de accidentes y enfermedades laborales y limitada libertad sindical
(Esparza Rodríguez, et.al. 2019,p.7).
La literatura especializada en el tema sugiere que la informalidad está ín-
timamente ligada con la precariedad y la exibilización laboral, condiciones
que mantienen en situación de vulnerabilidad a las personas empleadas,pues
se incrementa entre otras cuestiones, la inseguridad y la inestabilidad labo-
ral (Martínez-Licerio, et al. 2019; Quezada y Ramírez,2024). Chant y Pedwell
(2008), proponen que no es posible pensar el mercado informal sin considerar
que las mujeres tienen una amplia participación en este sector. En esta línea
de ideas, aunque no solo las mujeres migrantes afromexicanas se enfrentan
a la precarización y exibilización laboral, las entrevistas dan cuenta de que
viven estas condiciones de formas muy particulares marcadas por su género
(en relación con los trabajos que desempeñan), pero también por su condición
étnico-racial, pues dentro y fuera del empleo sus cuerpos son un indicador de
diferencia a los que se le adjudican estereotipos.
Formas de habitar la ciudad
Entre las formas de habitar la ciudad encontramos el racismo y la racializa-
ción. Las diez entrevistadas señalaron que vivieron situaciones de racismo en
las ciudades a las que migraron, pese a que sus condiciones de vida eran dis-
tintas y, no todas laboraban en las mismas actividades. Por lo que la racializa-
ción de sus cuerpos es una experiencia común que se experimenta en la ciudad
como una forma de habitarla (Ramírez,2020).
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La mayor parte de las jóvenes entrevistadas narraron que la vivencia de
la ciudad otorga nuevas experiencias y horizontes de vida, pero también las
llevó a vivir en espacios que no consideraban seguros, debido a que habitaban
colonias periféricas en las que la delincuencia era una constante. Dana, por
ejemplo, narra que su colonia “era una invasión, terrenos que la gente agarra
así sin pagarlos”, por lo que desde su perspectiva,en esta parte de la ciudad,
“había muchos malandros”.
Las jóvenes narraron que salían a “pasear” por la ciudad solo acompa-
ñadas por sus parejas, amigas o familia, pero que la mayor parte del tiempo
estaban trabajando, descansando en casa o realizando labores de limpieza.
También coincidieron en que ganar su propio dinero les permitió comprar
ropa, zapatos o accesorios, de vez en cuando, pues los gastos en la ciudad eran
altos y debían ahorrar dinero para enviar a sus comunidades. Vivir en luga-
res que consideraban inseguros, limitaba en cierto sentido su movilidad, pero
también las hacía sentir parte de una comunidad, pues contaban que en las
colonias en las que habitaban, había otras personas de su localidad o de locali-
dades vecinas, por lo que también era común la convivencia.
los días que no trabajaba me la pasaba encerrada, la verdad, nada más ha-
cía el ocio, si tenía que lavar lavaba, y me sentaba a ver la tele y esperaba la
hora de hacer el almuerzo o la comida y ya, de regreso a la casa. Me aburría
muchísimo. Pues a veces íbamos (su pareja y ella) donde su tía y hacíamos car-
ne asada, o en veces íbamos al cine o una esta que nos invitaban, nes de
semana, tranquilos…Me sentía rara, qué pensaran, qué tengo un ojo morado o
qué. Pensaba muchas cosas y le decía a él, es que la gente se me queda mirando
mucho, qué pensarán de mí. Es porque son discriminadores, pero no sé por
qué son así, las personas (Entrevista realizada a Karla, septiembre 2023).
Una de las experiencias comunes para las jóvenes migrantes afromexica-
nas en sus narraciones implicaba racismo dentro o fuera del trabajo. Las diez
entrevistadas comentaron que las personas solían preguntarles si eran de otro
país, si podían tocarles el cabello, o por qué el color de su piel era oscuro. Tam-
bién acostumbraban estar expuestas a las miradas. Además, tres de las cola-
boradoras en la investigación señalaron haber vivido situaciones de exclusión
porque les prohibieron el paso en un establecimiento; dos más narraron que
las hipervigilaron en centros comerciales y una de las jóvenes expresó que en
la calle le dijeron “negra” de forma despectiva. Estas experiencias de racismo
sugieren pensar en la racialización de sus cuerpos en las ciudades a las que
migraron.
Para Urteaga y Ramírez (2020), los cuerpos racializados están cargados
de estereotipos referentes a supuestas características psicológicas, ísicas o de
comportamiento que denen corporalidades particulares. Lucero y Camacho
(2020) sostienen que las mujeres afromexicanas suelen experimentar mayor
violencia racial relacionada con su color de piel u otros rasgos ísicos, cuando
migran fuera de sus comunidades. Así mismo, las jóvenes migrantes suelen te-
ner experiencias laborales racializadas marcadas por su aspecto cuando se les
considera más aptas para unos empleos y menos aptas para otros por el hecho
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de ser afrodescendientes (Ramírez,2020) . Al respecto, Quecha (2015a) sostie-
ne que en México, las mujeres migrantes afrodescendientes realizan activida-
des económicas en el sector de servicios, comercio y en el trabajo doméstico.
Es importante apuntar que labores como limpiar, cocinar o cuidar han sido
realizadas por las mujeres afrodescendientes desde la época virreinal (Veláz-
quez,2023). Por lo que para este caso, el trabajo funciona como un eje más de
la racialización, puesto que en el mundo neoliberal la condición étnico-racial
es un eje estraticador del trabajo que se articula al género (Lázaro Castella-
nos y Jubony, 2019). Esta situación genera experiencias migratorias donde la
precarización laboral suele estar acompañada de distintas manifestaciones de
discriminación relacionadas al hecho de “ser mujeres afrodescendientes.
Frente a la discriminación, las jóvenes migrantes realizaban pequeñas ac-
ciones de resistencia, algunas señalaban que cuando eran discriminadas por
su origen o color de piel, tendían a contestar, “a veces groseras” a los cues-
tionamientos de las personas que les preguntaban por su nacionalidad. Sara,
por ejemplo, comenta que cuando le dijeron que ella era “negra” respondió:
“ah, pues si eso quieren que sea para ustedes, pues eso soy”. De forma similar,
Tatiana narra que “no dejaba que las personas tocaran su cabello, con o sin
permiso, porque era una forma de cuidar su propio cuerpo. La reacción de las
jóvenes frente a actitudes que consideraban racistas son una respuesta acti-
va a situaciones que las incomodaban. De acuerdo a Saccucci (2020,p.41)“el
cuerpo es una efectuación de poder”, lo que implica “reconocer el poder de los
dispositivos que lo regulan y, al mismo tiempo, las tácticas y estrategias que
estos oponen como parte de su agencia” (Saccucci, 2020,p.41).
Razones del retorno
Samanta y Paola, quienes estuvieron dos años laborando en Culiacán y Ciudad
de México, respectivamente, volvieron a su comunidad porque sus madres les
pidieron que regresaran a colaborar en sus hogares. El regreso de María, tres
años después de haber salido, también fue solicitado por su madre, debido a
que su hermana menor saldría a estudiar la universidad. Tatiana volvió a cinco
años de migrar para cuidar a su suegro después de una operación de cadera,
Claudia para encargarse de los cuidados de su mamá posteriores a una histe-
rectomía, y Dana de los de su tía, que enfermó durante la pandemia. Claudia y
Dana permanecieron tan solo un año fuera de sus comunidades, pues migra-
ron en 2020 y regresaron en 2021. Karla, quien había salido de su casa a causa
de la pobreza y el extenuante trabajo de cuidados familiares, tuvo que volver
a la comunidad,tres años y medio después de haber salido a Monterrey, para
cuidar de sus cuñados (de 7,9 y 13 años), pues su suegra falleció de diabetes.
Sara se mantuvo un año fuera de su localidad y Ana, dos. Ambas regresaron a
sus hogares porque extrañaban a su familia y no se habían adaptado por com-
pleto a sus empleos. Por último, Alma regresó después de dos años porque “no
se entendió con maridoy volvió al hogar materno, pues añoraba a su familia.
Las razones por las que las jóvenes entrevistadas regresaron a sus comu-
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nidades fueron muy similares pero pueden englobarse en tres categorías. Las
jóvenes regresaron porque su mamá les pidió que volvieran para colaborar
ísicamente en el hogar, “porque ellas ya no podían solas. Samanta, por ejem-
plo, comenta que su mamá se estaba enfermando porque “decía que no se ha-
llaba, porque le decían muchísimas cosas, me fui con mi hermana y mi mamá
decía que nos regresáramos porque era muy peligroso. La siguiente categoría
reere a las jóvenes que volvieron para cuidar a algún familiar, y la última, a
las que regresaron porque extrañaban a su familia y no lograron adaptarse
a la vida en la ciudad. De ellas, solo tres mencionan que les gustaría volver a
migrar, pero siete más señalan que preeren buscar posibilidades de empleo
en su comunidad “aunque lo ven diícil”.
La presión familiar fue un fuerte incentivo para el retorno de las jóvenes,
pues en su mayoría sostienen que, si no les hubieran pedido que se regresaran,
“hubieran durado aunque fuera unos meses más para ahorrar dinero”(Paola).
Las palabras de Paola permiten pensar que las trayectorias migratorias fue-
ron más cortas de lo que las jóvenes habían planeado, pues no les permitieron
completar sus proyectos. En parte, Samanta sostiene que esto es debido a los
gastos que se debían hacer en la ciudad, “nunca pudimos progresar”, sostiene,
“más porque lo que ganábamos no nos rendía mucho, porque cuando trabajá-
bamos yo tenía que pagar los viáticos de trasladarme de donde yo vivía hasta
el salón. Porque tenía que tomar uber cuando salía y a veces me cobraba 200
pesos, y era la mitad de lo que yo ganaba. En este sentido, la mayoría de las
jóvenes consideran que “hubieran hecho más, estando más tiempo. 
De las diez entrevistas que se retoman en este trabajo, solo 3, quienes con-
taban con mayores recursos en su comunidad y por lo tanto debían enviar me-
nos dinero, lograron ahorrar, sin embargo, estos ahorros no alcanzaron más
que para vivir algunos meses en la comunidad sin necesidad de laborar, y solo
en el caso de Sara, para estudiar la carrera de cultora de belleza. El n de las
trayectorias migratorias de estas jóvenes, da cuenta de un perl feminizado
de la migración de retorno asociado a los cuidados familiares. Pero también
de que las desigualdades de origen, son importantes en el “éxito económico
de las trayectorias de las mujeres migrantes. Para el caso de esta investiga-
ción, las jóvenes tuvieron poca movilidad social, pues iniciaron y culminaron
su trayectoria migratoria en una posición social y económica similar debido a
su regreso anticipado y a las condiciones de vida precarias a las que se enfren-
taron en los contextos migratorios.
Conclusiones
La migración suele ser un plan de vida atractivo y ,en muchos casos, necesario
para jóvenes afromexicanas costachiquenses. En esta línea de ideas, no todas
las jóvenes migran por las mismas situaciones, pues algunas lo hacen por ne-
cesidad económica, otras para trabajar y conocer nuevas formas de vida, y una
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minoría, para estudiar. Así, las condiciones de vida que las jóvenes y sus fami-
lias tienen en la comunidad, son esenciales para denir las formas en las que
migran y los recursos con los que cuentan.
Las redes de apoyo que ayudan a las jóvenes a conseguir casa y empleo, y
en muchas ocasiones, a sortear los gastos del viaje, se convierten en entrama-
dos importantes que hacen posible la migración de jóvenes mujeres rurales.
Entre más sólida sea esta red y más fuerte el capital social, más posibilidades
existen de que las jóvenes migren sin dicultades y riesgos menores. Así mis-
mo, los empleos suelen diversicarse cuando las jóvenes tienen parientes o
amigos en la ciudad que las ayudan a concretar la relación laboral.
Es importante reconocer que pese a que las trayectorias migratorias son
distintas, pues se constituyen a través diversos capitales económicos y socia-
les, existen experiencias compartidas entre las jóvenes migrantes como la vi-
vencia del racismo. Este fenómeno las confronta con los estereotipos que se
han gestado alrededor de su condición étnico-racial, y las moviliza a respon-
der a través de acciones que les permiten afrontar situaciones racistas. Entre
las prácticas de discriminación racial más mencionadas estuvieron la hipervi-
gilancia, la exotización de sus cuerpos, el cuestionamiento de su nacionalidad
y la exclusión.
Además de la vivencia del racismo, las diez jóvenes entrevistadas com-
partían experiencias laborales en el sector informal lo que las exponía a la
precarización y la exibilización en sus empleos. Ninguna de ellas rmó un
contrato laboral, por lo que carecían de prestaciones y contaban con salarios
que muchas veces, no superaban el mínimo. Pese a que la mayoría de ellas ha-
bía salido de sus localidades por cuestiones económicas, argumentaban que
tampoco era sencillo generar recursos en la ciudad, porque había más posibi-
lidades de trabajo, pero por la falta de escolaridad, solo podían acceder a los
mismos empleos que en sus localidades (empleadas domésticas, empleadas de
mostrador, cuidadoras). Es quizá, por esta razón que las jóvenes entrevista-
das no veían la posibilidad de volver a migrar como un proyecto a corto plazo,
pues sólo una minoría de ellas logró regresar a su comunidad con ahorros que
les permitieron construir nuevos proyectos de vida en sus localidades.
De modo que la migración de las mujeres jóvenes afromexicanas de la re-
gión Costa Chica, está marcada por tres componentes importantes que se ex-
presan en sus experiencias migratorias: su condición étnico-racial, el género
y la clase social. Ello da cuenta de que categorías como “mujeres migrantes” o
“precarización laboral” se llenan de contenido y particularidades cuando se
interseccionan estas condiciones. Es decir, que si bien existen muchas mu-
jeres migrantes mexicanas en situación de precariedad laboral, las mujeres
afromexicanas articulan una serie de desigualdades que se integran desde sus
contextos de origen y se desplazan por su trayectoria migratoria, limitando
en buena medida la movilidad social. Por lo que es común que las migrantes
retornadas se encuentren en situaciones económicas y sociales muy parecidas
a las que tenían al momento de migrar, lo que las hace cuestionarse si migrar
realmente hace un cambio en sus condiciones de vida.
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Por último, es importante seguir explorando las trayectorias migratorias
de mujeres jóvenes afromexicanas pues dan luz de la importancia que aún tie-
ne la migración campo-ciudad, pero también a los retos que conlleva cuando
las personas pertenecen a un grupo social racializado.
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