Revista de Estudios Regionales
"Nueva Época"
DIRECCIÓN
Dr. Pablo Elías Vargas Gonzàlez
Director General
El Colegio del Estado de Hidalgo
COORDINACIÒN
Dra. Patricia Catalina Medina Pérez
Jefa Editora de la Revista de Estudios Regionales
Nueva Época
El Colegio del Estado de Hidalgo
EDICIÓN
Dra. Enid Adriana Carrillo Moedano
Jefa Editora del Consejo Editorial
El Colegio del Estado de Hidalgo
REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES, Año 2, no. 3, enero-junio 2024, es una publicación semestral
Editada por El Colegio del Estado de Hidalgo,
Edicio Tecnología. Bldv. Circuito La Concepción No. 3, C.P. 42162, Ex Hacienda de la Concepción. San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo.
Teléfono 7711383079,http://www.elcolegiodehidalgo.edu.mx:81/index.php/revista, rerne@elcolegiodehidalgo.edu.mx
Editor responsable: Patricia Catalina Medina Pérez.
Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2022-120512154400-102, ISSN 2992-7269/ E-ISSN 2992-734X, otorgados por el Instituto Nacio-
nal del Derecho de Autor, Licitud de Título y contenido 17592,
otorgado por la Comisión Calicadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Permiso SEPOM EX en trámite.
Fecha de última actualización 28 de junio de 2024. Las opiniones expresadas por los autores no reejan la postura del editor de la publicación.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de
El Colegio del Estado de Hidalgo.
COMITÉ EDITORIAL
Dr. Pablo Elías Vargas González
El Colegio del Estado de Hidalgo
Dr. Carlos Roberto Martínez Assad
Instituto de Investigaciones Sociales Universidad
Nacional Autónoma de México
Dra. Margarita Rosa Camarena Luhrs
Instituto de Investigaciones Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Dr. Javier Delgadillo Macías
Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad
Nacional Autónoma de México
Dr. José Gasca Zamora
Instituto de Investigaciones Económicas,
Universidad Nacional Autónoma de México
Dr. Héctor Manuel Cortez Yacila
El Colegio de Tlaxcala, México
Dr. Adolfo Sánchez Almanza
Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad
Nacional Autónoma de México
Dr. Germán Vazquez Sandrin
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Dr. Maximiliano Gracia Hernández
El Colegio del Estado de Hidalgo
Dr. Edgar Manuel Castillo Flores
El Colegio del Estado de Hidalgo
Dr. Edgar Iván Roldán Cruz
El Colegio del Estado de Hidalgo
Contenido
Introducción .......................................................................................7
La cuenca del Alto Atoyac: bosquejo histórico de un medio
socioambiental. De los albores de su sociedad agrícola
hasta su industrialización
.......................................................................................................18
Bustamante-López, C./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
González-Cruz, E.G./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
Pérez-Muñoz, S.A./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
Estudio de opinión sobre el uso de empaques biodegradables
en la zona metropolitana de xalapa, veracruz, méxico
...................................................................................................... 36
Sierra-Carmona, C.G./ Instituto Tecnológico Superior de Xalapa
Hernández-Orduña, M.G./ El Colegio de Veracruz
Murrieta-Galindo, R./ El Colegio de Veracruz
Las problemáticas sobre el cambio de uso del suelo en
el municipio de Bahía de Banderas, Nayarit
.......................................................................................................56
Rodríguez-Rodríguez, J./ Universidad de Guadalajara
Rodríguez-Bautista, J.J./ Universidad de Guadalajara
Actores sociales, historia oral y uso del suelo en Pachuca
............................. 74
Roldán-Cruz, E. y De la Cruz-Bustos, A.
Diagnóstico de conocimiento sobre los servicios de agua potable y
saneamiento en Palmas de Abajo, Actopan, Veracruz.
Implicaciones y acciones para el manejo del agua
...................................................................................................... 92
Un enfoque de Responsabilidad Social para la cuenca del
Alto Atoyac
.....................................................................................................108
Mellado-Ayala, P./ El Colegio de Puebla
Rosano-Reyes, E./ BUAP; UNI México
Desarrollo conceptual de la justicia climática y ambiental.
Un análisis desde las narrativas del Panel Intergubernamental
de Expertos Sobre Cambio Climático
.....................................................................................................126
Gran-Castro, J.A./ Universidad de Guadalajara
Berger-García, M.A./ Universidad de Guadalajara
Más allá de lo vivo: consideraciones para una bioética biocéntrica
............. 140
Hernández-Carbajal, I.J./ Universidad Nacional Autónoma de México
El desarrollo desigual capitalista ante la crisis
socioambiental latinoamericana
.....................................................................................................154
Islas-Ruiz, A.S./ Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Chernóbil Herbarium: fragmentos de una conciencia explotada
.................168
Malabehar-Tlatilpa, P.A./ Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Mujeres indígenas frente al cambio climático ..........................................171
Anahí Alejandra Landa Amador/ El Colegio del Estado de Hidalgo
Ramos-Pérez, Y./ El Colegio de Veracruz
Zamora-Castro, S./ Universidad Veracruzana
López-Roldán, A./ El Colegio de Veracruz
Marín-Muñiz, J.L./ El Colegio de Veracruz
Losada-Rodríguez, N.A./ El Colegio de Veracruz
Revista de Estudios Regionales | Nueva Época | Enero- junio 2024
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INTRODUCCIÓN
La relación sociedad naturaleza ha ocupado el interés cientíco y ha sido
preocupación de diversas disciplinas, en ocasiones de manera explícita y
muchas veces implícita. Especícamente, la ciencia que estudia las “…maravi-
llosamente complejas interrelaciones de las formas vivas en el planeta Tierra
(Callenbach, 1998, p.1) es la Ecología. El término fue acuñado en 1866 por el
biólogo alemán Ernst Haeckel, para describir el estudio de las interrelaciones
entre los organismos y su entorno o mundo exterior; el estudio de animales y
plantas en relación con estos mismos y con su hábitat. Todas las formas vivas,
incluido el ser humano, están íntimamente ligadas con su ambiente (Mayhew,
2004, p.164).
En la Geograía estas interrelaciones se plantearon originalmente con
un sesgo determinístico. Es decir, por un lado, se proponía que ciertos grupos
humanos contaban con aptitudes que les permitían utilizar los recursos
a su alcance de manera ecaz. Y, por otro, que la naturaleza y sus atributos
determinaban el bienestar y la capacidad de reproducción de los grupos
sociales según la latitud, longitud y altitud del área en la que se ubicaban y, por
tanto, de los recursos a su alcance.1 Más recientemente, se argumenta que a
partir del desarrollo institucional, que enmarca la capacidad de organización
No es claro que un recurso se reconozca como tal. Ahora, por ejemplo, los residuos sólidos se conside-
ran recurso desde el enfoque de la economía circular.
Boris Graizbord
(Zacatecas en Imagen, 2019)
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política, cultural y económica, se explica la interacción de un grupo, “pueblo
2
o una sociedad con su entorno y el uso de los recursos a su alcance.
3
La importancia del desarrollo institucional se desprende de un artículo
seminal de Hardin (1968) del que se derivó una vasta literatura que cuestionaba
la “tragedia de los comunes” o la irremediable tendencia a explotar los
recursos, a minarlos, sin visión de futuro cuando individuos o rmas gozan
de libre acceso a los mismos. De acuerdo con Ostrom (2000), sin embargo,
existe una diferencia entre libre acceso y recursos de uso común. Estos últimos
pueden manejarse de manera sustentable en función del desarrollo de insti-
tuciones que imponen principios cooperativos y reglas claras y estrictas en
la organización del grupo social para mantener la propiedad comunal de los
recursos y acordar su uso. En otra escala, Young (1997) destaca en el plano
internacional la necesidad y las opciones que enfrenta la humanidad para
desarrollar sistemas intergubernamentales que protejan los bienes globales
de acceso libre como por ejemplo los océanos, la atmósfera, los polos y, en
general, los servicios ambientales que prestan los ecosistemas.
Si se entiende la sustentabilidad como proceso cuyo objetivo es encontrar
el equilibrio entre el medio ambiente y el uso de los recursos naturales en el
tiempo, habría que evitar tocar el capital natural (Gilpin, 1996, p. 206). Este
principio se basa en el concepto de “sustentabilidad fuerte” (Neumayer, 2003),
que no admite que el capital natural pueda ser sustituido por otro tipo de
capital (ísico, económico, humano, etc.), aunque puedan complementarse.
Según Hackett (2001, p.335), la sustentabilidad fuerte optimiza la economía
con base en la capacidad ecológica y ambiental; condiciona la actividad
económica y no al revés, lo cual en todo caso está lejos de poder lograrse de
manera realista. De ahí que cabe preguntarse si ¿hay y cuál sería, entonces, el
punto intermedio o aceptable?
En este breve texto, más que recorrer la historia de esta relación, o contestar
esta pregunta, me interesa destacar los elementos analíticos que nos permitan
entender estas interacciones problemáticas4 entre sociedad naturaleza
tomando en cuenta el enfoque de Estudios Regionales y la escala de análisis de
los textos incluidos en este número: La evolución de la cuenca del Alto Atoyac
a lo largo del tiempo y los cambios en las interacciones sociedad naturaleza; la
apreciación de los patrones de consumo de los habitantes de la Zona Metro-
politana de Xalapa y la opinión que tienen de la proliferación de materiales
no degradables; los cambios en el uso del suelo y su impacto en el bienestar de
los habitantes de Bahía de Banderas, Nayarit; la recuperación de la memoria
2En el diccionario de la Lengua española se dan varias acepciones. Aquí destaco ésta: Conjunto de
personas de un lugar, región o país.
3En términos generales un recurso es algo que directa o indirectamente es capaz de satisfacer una ne-
cesidad humana. Para los economistas hay tres categorías: capital, trabajo y recursos naturales.
El capital se refiere a la clase de recurso que se produce no para consumirse directamente, sino con el
propósito de crear o alcanzar un proceso más eficiente de producción. El trabajo incluye la capacidad
productiva que física y mentalmente tiene el ser humano para llevar a cabo sus actividades y producir
bienes y servicios. Los recursos naturales constituyen el stock de materiales vivos o inertes que se en-
cuentran en el ambiente físico y que tienen un uso potencial identificado para ser usados por los seres
humanos (Hussen, 2000: 4).
4Se dice problemáticas dada la no linealidad de las relaciones y sus múltiples escalas, desde lo local a
lo global.
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bajo el enfoque de la historia oral para rescatar el comportamiento de diversos
actores sociales en el proceso de cambio del uso del suelo en Pachuca, Hidalgo;
un diagnóstico sobre los servicios de agua potable y saneamiento en Palmas de
Abajo, Actopan, Veracruz, y sus implicaciones como servicio público y como
recurso; un análisis de los modelos de Responsabilidad Social Empresarial
(RSE) para la cuenca del Alto Atoyac.
Sin duda, estos procesos se maniestan y los actores interactúan en
diferentes escalas (Dicken, 2004), pero es la escala la que dene el sentido y
alcance de lo observado. (Hudson 1992, p. 280).
En un texto de los setenta Morrill (1970, p.5) concluía que a lo largo de la
historia la interdependencia [entre sociedad y naturaleza] se ha extendido
y ampliado, si bien, paradójicamente, la percepción del entorno inmediato
resulta incompleta, pues el conocimiento y conciencia del mismo se limita
muchas veces a la experiencia directa del grupo y sus miembros, o bien se
ignoran los impactos indirectos o inducidos que afectan el “lugar” en un
momento dado por lo que ocurre en áreas distantes [o en otras escalas].
Morrill y Dormitzer (1979) reivindicaban, en un texto poco más reciente,
el carácter geoespacial de esta relación entre las sociedades humanas y la
naturaleza, y su expresión como paisaje humano. Para estos autores, dicho
paisaje es producto de la particular estructura social, política y económica de
un grupo social en un lugar y tiempo determinados. Los autores identica-
ban tres perspectivas analíticas de la geograía: 1) la que se interesa en cómo la
sociedad en tiempo y espacio se adapta y, al mismo tiempo, modica el medio
ísico en el que habita; 2) aquella en la que se intenta dilucidar las múltiples
formas en las que el medio y la cultura interactúan para dar un carácter único
a las diferentes regiones
5
de la Tierra; y, 3) la que busca entender de qué manera
las cualidades abstractas del espacio [de los atributos del entorno ísico]
inuyen en la forma en que una sociedad utiliza el suelo en su desarrollo [diría
los recursos o más general el capital natural Kn].
Destaco la denición que los autores ofrecen (traducción libre): “
el paisaje humano puede entenderse como el resultado [histórico] de las
decisiones humanas para usar la tierra de manera que mejor sirva a sus
intereses y/o mejore su bienestar [o su reproducción] y tales decisiones se
derivan de la relación con los recursos disponibles o [más bien] conocidos
en su valor [actual]”.
6
Los autores se adelantan al advertir que las decisiones
tomarán en cuenta el propio medio y los recursos disponibles a partir de
factores culturales, de comportamiento, económicos y políticos dominantes
en un momento y lugar determinados.
Una elaboración de estos planteamientos se encuentra en Harvey (1996).
Cito (p. 119): “… hay una creciente aceptación pública de que mucho de lo que
llamamos “natural”, por lo menos lo concerniente a la ecología supercial y
su atmósfera ha sido signicativamente modicada por la acción humana.
5 Porción de territorio determinada por caracteres étnicos o circunstancias especiales de clima, produc-
ción, topografía, administración, gobierno, etc., una de las acepciones del diccionario de la lengua es-
pañola.
6Como puede observarse se trata de una visión de la relación ajena al valor intrínseco de la naturaleza.
E incluso omisa del largo plazo, que domina en la actualidad, acerca de la sustentabilidad y la disyuntiva
entre justicia intra e intergeneracional.
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Harvey nos reere a una serie de textos que dan cuenta de este proceso
histórico de “humanización del espacio.
7
En los siguientes párrafos retomo algunas ideas desarrolladas en
Graizbord (2006 y 2015) con el propósito de explorar algunas relaciones
problemáticas en y entre escalas. En la literatura del desarrollo regional se
explicaba el bienestar de las regiones con base en las dataciones naturales
de recursos. La economía considera que los recursos para consumo directo
sufren modicaciones, pero se utilizan como factores de la producción, es
decir, como medios para producir satisfactores; desde luego que esta noción
es estrictamente antropocéntrica, como señala Hussen (2000, p. 4), lo cual
implica que —desde este punto de vista— no se considera que tienen un valor
intrínseco, u otro valor que no sea el económico denido por las necesidades
humanas y, por tanto, comerciales. Pero, además, los recursos son de interés
para la economía sólo porque son escasos. Finalmente, como factores de
la producción los recursos se usan combinados y son o pueden ser —según
Solow, 1991, citado en Hussen, 2000, p.5— remplazables o, en otras palabras,
ninguno per se es considerado absolutamente esencial para la producción de
bienes y servicios, lo que no quita el hecho de que sean escasos… Surgen así
preguntas básicas: ¿qué hacer para satisfacer las necesidades humanas de
bienes y servicios en un mundo de escasez?, ¿cómo maximizar el conjunto de
bienes y servicios disponibles en un momento dado?, ¿cómo justicar el ra-
cionamiento de los recursos limitados [frente al llamado de la sustentabilidad
y la justicia intra e intergeneracional]? Estas son las cuestiones esenciales del
debate actual acerca de la sustentabilidad.
Note el lector que esta pregunta dista de aquellas que formuló el equipo
de Los límites del crecimiento (Meadows et al., 1972, p.19): ¿Qué pasaría si el cre-
cimiento de la población siguiera sin control? Aunque de alguna manera se
asemeja a las preguntas adicionales que se hicieron: ¿cuáles serían las conse-
cuencias medioambientales si el desarrollo económico continuara a su paso
actual?, ¿qué se puede hacer para asegurar una economía humana que provea
lo suciente para todos y además tenga cabida dentro de los límites ísicos de
nuestro planeta?, la cuestión quedó entonces denida respecto de la escala,
pero también del tiempo: la equidad intra e intergeneracional cuando se dijo
“suciente para todos
En la actualidad estas “dotaciones naturales” deben entenderse como una
forma particular de capital (Kn, “capital natural”) que no sólo incluye el stock
de recursos, sino algo más complejo —en el sentido sistémico del término—
como son los “servicios ambientales”, que no representan necesariamente la
sumatoria simple de los recursos existentes.
Como bien indicaban Higgins y Savoie (1997, p.3), las sociedades, sus
economías, no pueden entenderse sin el análisis de la interdependencia y el
traslape naturaleza sociedad como proceso espaciotemporal. Los países y las
economías nacionales son de hecho conjuntos de espacios (regiones) cada uno
de ellos con sus propias estructuras económica, social, política y de poder. La
explicación de su desempeño (económico, social y político), por lo tanto, varía
en gran medida por el grado en que se integran con el entorno en diferentes
7Un lector interesado puede consultar excelentes textos al respecto: Marsh, 1864; Thomas, 1956; Gou-
die, 1986; Turner, et al., 1990, entre otros.
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escalas y tiempos determinados.
Según Harvey, los conceptos de espacio y tiempo son fundamentales para
casi todo lo que pensamos y hacemos; para la forma en que vemos el mundo que
nos rodea; y para denir cómo teorizamos acerca del mismo; para entender 1)
el entorno en el que vivimos (aire, agua, suelo y paisajes);
2) el ecosistema que soporta la vida en general [y los servicios ambientales
que presta]; y 3) la cantidad y calidad del stock de recursos naturales (renovables
y no renovables) que permiten el desarrollo de la actividad humana. Nótese
las diferentes escalas. Harvey hace referencia a disciplinas como la historia,
la geograía y la antropología, como otro aspecto a considerar. Advierte que
estas dos últimas, presentan algunas limitaciones. Por un lado, los antropó-
logos han realizado sus estudios en determinados lugares sobre sociedades o
grupos humanos particulares, pero al hacerlo no han puesto suciente énfasis
en el análisis del ámbito ísico que sostiene a ese grupo social en particular, y
con el cual interactúa, ni tampoco se han interesado por comparar o buscar si-
militudes entre un grupo/lugar y otro. Los geógrafos, por su parte, están cons-
cientes del entorno ísico, pero subestiman las estructuras social y cultural y el
marco político y administrativo que caracterizan al grupo social y que denen
sus interacciones o relaciones con el entorno.
Para Harvey (op. cit., pp.208-209), los conceptos de espacio y tiempo
proporcionan el referente para ubicarnos, para denir nuestra situación
y posición con respecto de lo que pasa alrededor nuestro o en el resto del
mundo. O bien, permiten expresar normas para ubicar a la gente, los eventos
y las cosas en el lugar “apropiado, o para subvertir dichas normas deniendo
nuevos lugares: “en el margen, “en la frontera, desde los cuales se puede
opinar, actuar... Tal profusión de signicados y ambigüedades puede, dice
Harvey (op. cit.: 118), ser ventajosa para explicar los procesos de cambio “so-
cioecológico” que afectan la relación sociedad naturaleza.
En el otro extremo está la escala global en la que se sucede la
vida humana en el planeta. Los cambios globales, por cierto, afectan
lo local en un continuum espacio temporal. El nexo “socioecológico
que identica Harvey abre entonces el interés analítico en los procesos
globalizadores. Independientemente de los impactos económicos, ideológi-
co-culturales (Sklair, 1991, cap. 5), o psicológicos que tiene sobre la calidad y
estilo de vida de los individuos en su entorno inmediato (en lo local), la glo-
balización pone en riesgo recursos y servicios ambientales globales y, por lo
tanto, cabe preguntarse si es que la escala que han alcanzado las actividades
humanas y los procesos productivos en la actualidad es consistente con
el deseo de hacer sustentable y viable la existencia humana sobre la Tierra, o
con la necesidad de asegurarla sin llegar a consecuencias inaceptables (Heal,
2000, p.169).
Reexiones nales
Los procesos se maniestan, cabe decir, en distintas escalas a través de
diferentes variables a veces de manera secuencial o bien de forma
simultánea. Quisiera ejemplicar con una muy reciente nota informati-
va (junio 2024) que preparó el Centro de Estudios Internacionales Gilberto
Bosques (http://centrogilbertobosques.senado.gob.mx/) del reporte de la
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CEPAL sobre los recursos naturales en América Latina y el Caribe. La CEPAL
plantea la urgencia de fortalecer la sostenibilidad de modo que las políticas
sectoriales, industriales y tecnológicas se alineen e interactúen entre sí con el
n de reducir las brechas económica, social y ambiental. Identica tres “crisis
estructurales”:
1. La crisis social reejada en altos niveles de desigualdad. [escalas
subnacional y local]
2. La crisis económica que se percibe en el bajo crecimiento de los últimos
años y la brecha tecnológica respecto a los países desarrollados. [escala
nacional]
3. La crisis ambiental ocasionada por la pérdida de biodiversidad,
bosques, suelos y aguas y por el incremento de gases de efecto
invernadero. [escala global]
Ante estas situaciones, la CEPAL plantea la urgencia de fortalecer la
sostenibilidad de modo que las políticas sectoriales, industriales y tecnológicas
se alineen e interactúen entre sí con el n de reducir las brechas económica,
social y ambiental. Es importante esta nota y el texto de la CEPAL que se sintetiza
pues hay un intento de interrelacionar todas las variables que se desprenden
del diagnóstico del papel de los recursos naturales en la transición hacia un
modelo de desarrollo más sostenible: los recursos naturales; la transición
energética; la transición hídrica; la biodiversidad como base de la transición
hacia la sostenibilidad; la bioeconomía y la transición agroecológica; el
aporte de los hidrocarburos para una transición económica y energética, y
la transición hacia una nueva minería. Pero, ¿cómo articular estas variables
en una perspectiva que muestre claramente las interrelaciones contextuales
en esta compleja relación sociedad naturaleza, especialmente en esta escala
regional supranacional? Para explorar los cambios de esta relación sociedad
naturaleza en la escala regional, enfatizo, subnacional, en la que se ubican
los artículos que componen este número de la revista, quisiera recuperar
aquellos factores que según Higgins y Savoie (op. cit., pp. 7-10) muchas veces
no se consideran sistemáticamente en el análisis de las escalas subnacionales
o intermedias entre lo local y lo global:
1. No se reconoce por los analistas regionales la diversidad cultural de
los espacios subnacionales;
2. Estos espacios, más pequeños geográcamente que el nacional, no
necesariamente reejan la cultura ni representan el conjunto social
del Estado-nación, de ahí la necesidad de orientar las políticas y
acciones a esta escala [ámbito] subnacional;
3. En la mayoría de los países coexisten grupos de interés que dieren
entre sí sectorial y regionalmente, y en ocasiones se expresan conic-
tivamente y ocupan espacios sociales y políticos en distintas escalas;
4. Cuando los intereses de grupos sociales y espacios particulares están
Síntesis del documento elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL). Panorama de los recursos naturales en América Latina y el Caribe, 2023. Santiago.
Consultado en mayo de 2024, en: https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/c76a7a2f-
5dc9-4eb6-b7e8-1cf98ab85e4d/content
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estrictamente vinculados con la estructura de la economía, pueden
compartir intereses comunes;
5. Sin embargo, las comunidades y grupos sociales desarrollan una
mayor lealtad hacia el “lugar” que hacia la actividad o sector en el que
trabajan. De ahí la importancia de decidir si la política y las acciones
se dirigen al “lugar” o a la “gente”;
6. Como resultado de fallas en el funcionamiento del mercado o fallasde
la política pública, el mercado no funciona como propone la teoría, de
ahí que el criterio debería ser: políticas ad hoc con medidas apropiadas
a cada caso en particular;
7. No es automática e ilimitada la armonía de intereses en una economía
o sociedad nacional, por lo que una política universal (no focalizada)
no necesariamente beneciará a todos.
8. Los problemas y los conictos se traducen o tienen un referente
espacial. En función de las diferencias de capacidad algunos sectores
o regiones estarán mejor preparados que otros para enfrentar retos
y aprovechar oportunidades. Habrá así sectores, regiones y grupos
sociales ganadores y perdedores.
9. Hay también traslapes entre la estructura de la economía nacional
y el desarrollo regional. Los cambios en la estructura ocupacional
y sectorial han o podrían haber signicado desarrollo regional,
sin embargo, éste no llega al mismo tiempo a todas las regiones ni
atodos los sectores. En la actualidad, la uidez en la localización dela
actividad económica en el mundo hace que los cambios seanmás
rápidos e inesperados en el espacio regional que en toda la economía.
10. Sin embargo, existen fuertes complementariedades entre una política
de equidad para el desarrollo regional y una política de eciencia para
la economía nacional.
Para terminar, espero que el lector de estos artículos coincida en que toda
política social, como decía Berry (2007), es política urbana, a lo que yo
agregaría: toda política social, económica o urbana es política ambiental.
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ARTÍCULOS
CIENTÍFICOS
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La cuenca del Alto Atoyac: bosquejo histórico de
un medio socioambiental. De los albores de su
sociedad agrícola hasta su industrialización
https://doi.org/10.59307/rerne2.361
Bustamante-López, C./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
González-Cruz, E.G./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
Pérez-Muñoz, S.A./ Universidad Autónoma de Tlaxcala
https://orcid.org/0000-0001-7616-0068
https://orcid.org/0000-0003-1560-5830
https://orcid.org/0009-0001-1229-6430
Resumen
E
l objetivo de este trabajo es examinar históricamente el desarrollo de las re-
laciones entre la sociedad humana y los principales auentes de la Cuenca
del Alto Atoyac, los ríos Atoyac y Zahuapan, en el contexto territorial del valle
poblano-tlaxcalteca. La articulación entre la sociedad y la naturaleza de esta
cuenca requiere de ser observada en las diversas fases que han dado lugar a
su forma social y económica actual, puesto que la diversidad de usos humanos
de los recursos naturales implica una relación codeterminativa que, en esta
región, ha sido socavada con el tiempo. Así, este documento estudia de forma
documental las estructuras sociales que han existido desde épocas prehispá-
nicas en este entorno, fundamentalmente las que se vinculan directamente
con el estudio de los recursos hídricos. Se enfatiza en el desarrollo industrial
que se ha instalado de forma reciente en torno a la cuenca, particularmente, el
relacionado con un alto número de empresas con más de 250 empleados. Las
conclusiones del trabajo destacan el 7ensamblaje de materialidades sociales,
desplegadas desde la época colonial hasta la actualidad sobre los auentes de
la cuenca del Alto Atoyac, que han dado lugar a su progresiva degradación.
Palabras clave: cuenca, historia, sociedad, medio ambiente, industrialización.
Recepción: 15 de marzo de 2024
Aceptación: 14 de mayo de 2024
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The Alto Atoyac basin: historical sketch
of a socio-environmental environment.
From the dawn of its agricultural society
to its industrialization.
Abstract
T
he objective of this paper is to examine historically the development of
the relationships between human society and the main tributaries of the
Upper Atoyac Basin, the Atoyac and Zahuapan rivers, in the territorial context
of the Puebla-Tlaxcala valley. The articulation between society and nature in
this basin requires to be observed in the various phases that have given rise to
its current social and economic form, since the diversity of human uses of na-
tural resources implies a co-deterministic relationship that, in this region, has
been undermined over time. Thus, this paper studies in documentary form the
social structures that have existed since pre-Hispanic times in this environ-
ment, fundamentally those that are directly linked to the study of water re-
sources. Emphasis is placed on the industrial development that has recently
been installed around the basin, particularly those related to a large number
of companies with more than 250 employees. The conclusions of the paper hi-
ghlight the assemblage of social materialities, deployed from colonial times to
the present day on the tributaries of the Upper Atoyac watershed, which have
led to its progressive degradation.
Key words: watershed, history, society, environment, industrialization.
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Introducción
En este trabajo se desarrolla un abordaje esquemático sobre la trayectoria
sociohistórica de la actual cuenca del Alto Atoyac, la cual forma parte de la
distribución hídrica contemporánea del Estado mexicano y se halla fundamen-
talmente en los límites del estado de Tlaxcala y el centro del estado de Puebla.
Para este efecto, el documento presenta, en primer lugar, una perspectiva
teórica enfocada en hacer inteligible el proceso histórico conjunto del ambiente
de la cuenca, pues es necesario resaltar que este involucra una dinámica de
ensamblajes materiales que se reejan en la forma presente de este entorno
ambiental. Es decir, resulta fundamental hoy revisar el proceso histórico de
socialización de la cuenca del Alto Atoyac en las fuentes disponibles a n de
encontrar las materialidades y sus estructuras que, producidas en la historia,
forman parte de la sociabilidad persistente en la cuenca.
En segundo lugar, el texto presenta un planteamiento panorámico del
proceso de socialización del ambiente abarcado por los principales auentes
de la cuenca: los ríos Atoyac y Zahuapan. En esta sección se puntualizan los
primeros procesos de poblamiento y uso del agua (hace 12 mil años o más), la
conguración de los sistemas agrícolas, el proceso de colonización española y las
dinámicas de modernización de nales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Finalmente, la tercera sección del trabajo se dedica a la exposición de
la situación actual (con corte al año 2023) del proceso de industrialización
intensiva del entorno de la Cuenca del Alto Atoyac. Lo cual representa una de
las principales determinantes de las graves condiciones ambientales en que se
encuentra en nuestros días.
La metodología para la elaboración de este trabajo ha sido el análisis de
contenido de diversas fuentes de información relacionados con la cuenca. El
criterio de selección de las fuentes consistió en la vinculación que estas guardan
con el análisis de los procesos históricos de socialización de los recursos hídricos
de la cuenca del Alto Atoyac, así como de la asociación de éstas con otras fuentes no
directamente relacionadas a dichos recursos, pero correlativas temporalmente
a los procesos descritos, con el n de enmarcar dinámicas estructurales dentro
de las cuales se han desplegado los usos sociales de los principales auentes de la
cuenca. Asimismo, se buscó asociar fuentes que abordan problemáticas hídricas
directas de la cuenca o correlacionadas con esta, tanto históricas como actuales,
en entornos de Tlaxcala y de Puebla, de forma que fuera posible una observación
al territorio más general, que puede reconocerse, fundamentalmente, como po-
blano-tlaxcalteca.
Como conclusión se puede observar, de manera histórica, la estrecha
relación socioambiental entre sociedad y naturaleza, la cual implica una tensión
sobre los recursos hídricos de la Cuenca del Alto Atoyac. Lo anterior permite
pensar al menos tres hitos que han degradado a la cuenca: 1) la adaptación
agrícola, 2) la urbanización y 3) el desarrollo industrial. Para terminar,
este primer acercamiento invita a profundizar y repensar las relaciones
socioambientales en esta región.
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Las cuencas: una historia de medio ambiente, sociedad y ríos
Hace poco más de un decenio, en una revisión de la historiograía ambiental
mexicana, era señalado que el tema de la tierra y su productividad en el siglo XX
había perdido relevancia frente a los problemas del acceso al agua, que ya ca-
racterizaban al naciente siglo XXI (Simón, 2010). Los grandes cuerpos de agua
como las lagunas, las presas, el riego, el agua en las ciudades, la política pública
y, por supuesto, los ríos, así como la organización de archivos documentales
para consulta, fueron temas y actividades de historiadores y antropólogos para
comprender los problemas del agua como un proceso histórico y social.
1
Un trabajo más reciente también destaca
claramente el ascenso, para el caso de Latinoamé-
rica, de investigaciones sobre el tema del agua en
el amplio marco de la historia ambiental (Garnero,
2018). En dichos trabajos se maniesta una premisa
relacionada con la existencia de un vínculo entre
las dinámicas del agua y las de carácter social.
Esta proposición se enmarca en un argumento
más general, que forma parte sustantiva de la
historia ambiental. Se trata de dilucidar sobre el
peso relativo que tiene la naturaleza en la historia
de la humanidad y, particularmente, en la época
contemporánea, donde al menos desde los años
setenta del siglo pasado, los seres humanos han
contribuido de forma más intensa en la generación
de los problemas de contaminación y cambio
climático en el planeta, así como en las desigual-
dades sociales y económicas, dentro de un entorno
neoliberal y globalizante.
Se trata de identicar las interacciones entre
naturaleza y sociedad, y con ello reconocer las
mutuas transformaciones, lo cual denota que no
hay necesariamente condicionantes de un solo
lado (Bustamante, 2011). Esto último se ratica,
por ejemplo, en el caso particular de los ríos y
sus cuencas. Al cuestionarse Arruda (2006, pág. 20) sobre si estos tienen una
historia, plantea su respuesta en el necesario ámbito de la naturaleza, pero
inmediatamente adjunta la precisión de que es un campo de investigación que
examina la forma en que las sociedades humanas se han relacionado con estos
cuerpos de agua.
Cabe destacar también, que hace poco más de una década se llevó a cabo un Coloquio (2013) en el
Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, con el tema de la historia ambiental mexicana y, en
diversos trabajos, se analizó el tema del agua, aunque no el de los ríos como tal. Otros aspectos aborda-
dos fueron la deforestación y el problema ambiental en las ciudades.
Los seres humanos
han contribuido de
forma más intensa
en la generación
de los problemas
de contaminación y
cambio climático en
el planeta, así como
en las desigualdades
sociales y
económicas, dentro
de un entorno
neoliberal y
globalizante.
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Ahora bien, estas certezas no eluden un planteamiento sobre para qué
hacer un estudio de los procesos históricos de los ríos. De ahí que Garnero
indaga sobre “[cuál]… era el rol de la historia en la gestión actual de cuestiones
vinculadas a las dinámicas hídricas” (2018, pág. 93). Sin duda, como él lo
esboza, una respuesta fehaciente es que reconstruir los procesos acaecidos en
el entorno de dichos cuerpos de agua y, particularmente, la vinculación de las
dinámicas hidrológicas con la población que habita las cuencas, constituye per
se un aporte para comprender las problemáticas contemporáneas de la gestión
de los sistemas hídricos en dichos espacios, así como las desigualdades sociales
existentes. No obstante, este mismo investigador esboza otra razón. Y es que
las cuencas de los ríos son sucesivos ensamblajes de materialidad que no des-
aparecen de inmediato en el amplio proceso diacrónico de su existencia. Por
este motivo, la espacialidad producida actúa aún como un factor que orienta el
desarrollo de la contemporaneidad:
… el discurso historiográco, no se limita a comprender el presente, sino
que pretende explicarlo. El pasado socionatural pervive en el presente, ese
reconocimiento dota de fuerza a los estudios diacrónicos de los ríos y los
convierte en herramienta inestimable para analizar situaciones y diseñar
soluciones en el ámbito de la gobernanza del agua (Garnero, 2022, pág. 449).
Las páginas que siguen pretenden, pues, el examen histórico de los aspectos
más relevantes de índole natural de la cuenca del Alto Atoyac, pero siempre
en relación con las dimensiones sociales, económicas y políticas, histórica-
mente determinadas. Asimismo, se llevarán a cabo las referencias necesarias
a los ámbitos regionales, urbanos y globales, a los efectos de la acción humana
(actores e instituciones) que ejercieron de manera muy temprana una presión
sobre el uso del recurso hídrico del río y su cuenca, los cuales dejaron huellas
de materialidad que aún se maniestan en el presente.
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Puntualización diacrónica de la estructuración societaria
agrícola de la Cuenca del Alto Atoyac
La cuenca hidrológica del Alto Atoyac forma parte de la Región Hidrológica
IV Balsas, una de las doce regiones hidrológicas administrativas en que está
dividido el territorio del estado mexicano actual. Como puede verse en la Figura
1, abarca la mayoría de los 60 municipios que integran el estado de Tlaxcala (52),
26 municipios del estado de Puebla —que se encuentran fundamentalmente en
la zona metropolitana de la capital de ese estado— y 4 municipios del oriente
del estado de México (INEGI, 2019).
Figura 1. Los municipios de la Cuenca del Alto Atoyac
Fuente: elaboración propia en colaboración con Flor Idalia Estopier Antonio y Miguel Lázaro Nolasco, con
base en Maderey y Torres-Ruata (1990) e INEGI (2020).
Los principales auentes de esta cuenca son los ríos Zahuapan y Atoyac, que
son respectivamente las más importantes corrientes de las subcuencas que la
constituyen: Atlangatepec y Puebla-Tlaxcala. El río Zahuapan tiene su origen
en el municipio de Tlaxco y corre hacia el sur por el estado de Tlaxcala; el río
Atoyac, nace en los escurrimientos de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl
en el Estado de México, que bajan hacia San Martín Texmelucan, Puebla y
penetran en el suroeste de Tlaxcala. Estos ríos se intersectan en el sur del estado
de Tlaxcala, en el municipio de Papalotla, por lo que el Atoyac es alimentado
por la corriente del Zahuapan que cruza de norte a sur el estado de Tlaxcala y
sigue su curso a Puebla. La intersección de estos ríos hace de frontera natural
entre los estados de Puebla y Tlaxcala, por lo que, a pesar de que el Atoyac tiene
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parte de su cauce en el Estado de México y Tlaxcala, existe una observación
convencional de este río como el lado poblano de la cuenca; mientras que el
río Zahuapan es visto como el lado tlaxcalteca de la misma. Esta se encuentra
rodeada de tres volcanes el Iztaccíhuatl, el Popocatépetl y la Malinche, mismos
que lo alimentan y franquean (véase Salas y Velasco, 2015).
Los recursos silvestres del ecosistema en el que se encuentra esta cuenca
fueron el primer elemento de atracción de grupos humanos en este contexto,
al ser habitado y circulado por grupos nómadas durante largo tiempo para el
desarrollo de actividades de pesca lacustre, de caza de animales del entorno y de
recolección; por lo que las actividades de caza, pesca y recolección, así como la
explotación de recursos para el desarrollo de utensilios, herramientas y armas
fueron el primer fundamento de la transformación humana del ecosistema
de esta cuenca (García, 1976 y Velasco, 2017). Este predominio de formas de
sociedad nómadas sobre el ecosistema de la cuenca ha sido el más prolongado.
García ubicó a los primeros habitantes “unos 12 mil años antes del presente
(1976, pág. 12) y dató las primeras aldeas sedentarias entre 1 500 y 1 200 años a.n.e.
En términos generales, este inicio de la sedentarización en el ecosistema de
la cuenca implicaba una presencia no predominante de los grupos sedentarios,
que compartían el ecosistema con grupos nómadas y que en sí mismos vivían
una existencia nómada intermitente.
La consolidación de los usos agrícolas en el ecosistema de la cuenca ocurrió
en un periodo posterior, entre los años 1 200 y 800 a.n.e, en el cual se observa
ya el surgimiento de agregados humanos amplios, con actividades agrícolas
permanentes, que García (1976)
identicó como villas. En estas
se instaló una sociedad agraria
predominante, diferenciada en su
interior, con esquemas de división del
trabajo que permitían la existencia
de personas separadas del trabajo
eminentemente agrícola, como los
sacerdotes dedicados a la gestión
cultural de manera permanente.
El primer apogeo poblacional
y productivo que se desplegó en el
contexto de esta cuenca ocurrió con
posterioridad al año 800 a.n.e, sobre
todo entre el año 400 a.n.e al 100 n.e.,
en la llamada fase Tezoquipan del
desarrollo cultural tlaxcalteca. En esta
fase se desplegaron aglomeraciones
poblacionales amplias en el sur del
actual estado de Tlaxcala y al norte del
actual municipio de Puebla. Dichas
aglomeraciones eran ya de carácter
El inicio de la sedentarización
involucró un incipiente
desarrollo de la agricultura
del maíz y de humedal, así como
de estructuras habitacionales
de pequeños grupos humanos,
particularmente en el área de
mayor de fertilidad de
la tierra, por encontrarse en
ella pantanos, ciénegas y la
rivera de los ríos: la zona del
suroeste de Tlaxcala.
Velasco, 2017 y García, 1976
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urbano al decir de García (1976), con nodos de “pueblos-estado” articulados, con
un marcado carácter de señoríos teocráticos. La agricultura se tornó intensiva
para abastecer a una población amplia y diferenciada en cuanto a su papel
productivo, por lo que se desarrolló en este periodo infraestructura hidráulica
sosticada con depósitos de agua y represas, que implicó transformaciones
sociales más profundas de los recursos hídricos que todo el desarrollo anterior
(Velasco, 2017).
Si bien el apogeo mencionado concluyó hacia el inicio de esta era, en el
contexto del sur de Tlaxcala y del norte del municipio actual de Puebla, donde
se deprimió la población y la actividad productiva agrícola. El apogeo regional
urbano de la fase Tezoquipan fue promotor del desarrollo de un complejo
amplio poblacional y económico político al occidente del actual municipio de
Puebla, el complejo urbano de Cholula (García, 1976 y 2014). Igualmente, este
contexto estuvo denido por su carácter de político teocrático, el cual desplegó,
desde el inicio de nuestra era hasta alrededor del siglo X, un entorno urbano,
con una base económica agrícola intensiva, que implicaba la explotación de las
aguas de la actual cuenca del Alto Atoyac, a través de sistemas hidráulicos sos-
ticados, además de las formas de explotación del agua propias de la agricultura
ribereña y de humedal (Ashwell, 2004).
Los sistemas agrícolas prehispánicos en que descansaba la agricultura
intensiva mencionada consistían, al menos, en los siguientes: los sistemas de
temporal, el sistema de chinampas y de camellones para el aprovechamiento
de zonas lacustres o pantanosas en el desarrollo de cultivos de humedal, así
como de los sistemas de riego por canal, para la producción de cultivos funda-
mentales de maíz, calabaza, amaranto, chile, chía, entre otros (Velasco, 2017;
Tello, et al, 2010).
En el posclásico, entre los siglos X al XVI, se desplegó un nuevo auge
poblacional tanto en la zona tlaxcalteca como en la zona cholulteca de la cuenca
(Ashwell, 2004; García, 1976 y 2014). Las coyunturas políticas de nales de este
periodo, determinaron líneas de demarcación entre estas dos zonas, que daban
lugar a una franja de territorio no poblado, aunque con usos agrícolas intermi-
tentes: las denominadas tierras de guerras. La forma de agricultura intensiva y
la explotación compleja, tanto con sistemas de riego y otros sistemas de aprove-
chamiento de agua vinculados a complejos urbanos, continuó en este momento.
No obstante, este periodo se caracteriza por la reconversión de los complejos
políticos en militaristas, debido a la presencia de un estado de guerra permanente
entre los diversos pueblos del altiplano central del país a nales de la época pre-
hispánica, lo que dio lugar a que, en el contexto del estado de Tlaxcala actual,
los señoríos militaristas se mantuvieran aislados en su territorio y la economía
agrícola en que descansaban fuera aún más intensiva. Ello resultó particular-
mente viable en este territorio, debido a que, al decir de Velasco (2017), la zona
de Tlaxcala era el espacio agrícola más productivo del entorno de la Cuenca del
Alto Atoyac derivado de las condiciones de humedad que constituían la ciénega
de Tlaxcala, con capacidad de proveer ambiente a la agricultura de humedal y de
proveer mayor productividad a la tierra de sus alrededores.
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El inicio del proceso de colonización española en esta zona dio lugar a
la construcción de dos ciudades coloniales, las actuales ciudades de Puebla y
Tlaxcala, basamentos urbanos de las élites indígenas y españolas que derrocaron
a Tenochtitlán (Martínez, 1998; Juárez, 2015). Estos entornos urbanos habilita-
ron formas económicas y administrativas que cambiaron la economía política
de todo el valle poblano-tlaxcalteca. Los mercados que aoraron con este tipo
de urbanización estaban articulados a nuevas demandas e, incluso, a demandas
de bienes desde el centro colonial europeo (Thomson, 2002). La dominación
política articuló un entramado de subordinaciones encadenadas del territorio
que abarca la actual cuenca del Alto Atoyac, en una primera escala a la Ciudad
de México y, en segunda, al expansivo imperio español de la época (Moreno y
Florescano, 1974).
Esta transformación colonial caminó desde sus inicios hacia cambios en la
agricultura de esta región. En principio las explotaciones ganaderas se añadie-
ron a las dinámicas productivas prehispánicas; la agricultura que practicaban
los pueblos indígenas de este contexto continuó siendo la base de la ocupación
productiva agraria de esta región en los primeros años de la colonia, con un
crecimiento paulatino de agricultura de trigo y cebada, particularmente en el
fondo rural de la naciente ciudad de Puebla (véase Velasco, 2017). No obstante,
hacia nales del siglo XVI comenzó a desplegarse un proceso de apropiación
de la tierra y del aprovechamiento de aguas por parte de población europea
que dio lugar a la consolidación de las haciendas como las unidades económi-
cas fundamentales del entorno de la actual Cuenca del Alto Atoyac.
Este proceso de apropiación de la tierra y del aprovechamiento de aguas
para su cultivo involucró las siguientes dinámicas: la apropiación por despojo
por parte de la población europea en tierras tlaxcaltecas a través de mercedes
reales que violaban compromisos de la corona con las autoridades indígenas de
Tlaxcala; la adjudicación de tierras en el fondo rural de la naciente ciudad de
Puebla; la obtención de propiedad legítima a través de enlaces matrimoniales
de población europea con personas de familias de las élites indígenas locales y
regionales; el desarrollo de un mercado de tierras que atrajo a la élite indígena
tlaxcalteca para la venta de fracciones de sus heredades; y, por supuesto, la grave
disminución de la población autóctona resultado de las epidemias, las guerras y
las migraciones forzadas o voluntarias (Martínez, 1998; Velasco, 2017).
La economía de hacienda surgida a partir de estas dinámicas de apropiación
de la tierra, si bien introdujo progresivamente actividades ganaderas
inexistentes en la época prehispánica y encumbró en el poder territorial y
económico a la población europea, no reemplazó por completo a la agricultura
que ya se desarrollaba previo al inicio del proceso de colonización española. La
forma fundamental que se instaló en la economía de hacienda durante la colonia
en el territorio tanto de Puebla y Tlaxcala, involucró un sistema que articuló la
producción de trigo de riego a la producción maicera de temporal, abastecedor
de los mercados urbanos de la propia región, de la Ciudad de México o para la
exportación (Velasco, 2017). La explotación de las aguas para el desarrollo de
estas actividades productivas provenía de las propias mercedes reales, puesto
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que dichas aguas eran propiedad de la corona; los sistemas a partir de los cuales
se les explotaba eran análogos a los propios de la época prehispánica: los riegos
de canal, así como los sistemas de humedal, particularmente en la ciénega del
suroeste de Tlaxcala (Velasco, 2017).
Una de las principales transformaciones del territorio de la cuenca del
Alto Atoyac, desarrollada durante la época colonial, fue la deforestación in-
fundida en el valle poblano-tlaxcalteca como resultado de la construcción y
crecimiento de la ciudad de Puebla, polo urbano de la población dominante
española de la región. La construcción y crecimiento de esta ciudad, así como
la industria y actividades comerciales desarrolladas ahí, demandaron gran-
des cantidades de madera que acabaron con buena parte de la capa arbórea de
la región de la cuenca (Velasco, 2017; Thomson, 2002). Ello tuvo como efecto
graves problemas hídricos en la zona, como la obstaculización de la recarga de
mantos freáticos y la intensicación de las inundaciones (Velasco, 2017).
En los contextos urbanos, la baja poblacional de la colonia determinó
la existencia de centros citadinos relevantes, pero poco dinámicos; aun
así, una industria de obrajes textiles se instaló en los entornos citadinos
abarcados por la cuenca del Alto Atoyac, con una presión propia sobre los
recursos hídricos, de demanda de bienes agrícolas y también con efectos
contaminantes (Thomson, 2002). La contaminación urbana de los recursos
hídricos se desarrolló desde esta época colonial; de ello es muestra el uso del
río San Francisco, auente tributario del Río Atoyac cuyo curso dividía la placa
urbana religiosa, administrativa y señorial del centro de la ciudad de Puebla
de los barrios indígenas de población trabajadora. Este río fue empleado como
desagüe urbano desde la época colonial; sus problemas de contaminación
estuvieron implicados con diversas epidemias en Puebla durante dicha época
y el siglo XIX, lo que motivó la percepción sobre los peligros de los ríos Atoyac
y San Francisco en los habitantes citadinos poblanos (Oliveira, 2021).
En principio, en el siglo XIX continuó la dinámica económica de la región,
con polos urbanos comerciales con incipiente desarrollo industrial, sobre todo
textil, y con una economía agraria dominada por el sistema de haciendas. Estas
continuaron su forma productiva básica, fundamentalmente triguera, maicera
y ganadera. Las condiciones de guerra que asolaron a la región de Puebla-Tlax-
cala no permitieron el desarrollo de amplias transformaciones que modicaran
un paisaje económico político que se había instalado sobre la región de la cuenca
del Alto Atoyac durante toda la época colonial. Solo hasta nales del Siglo XIX,
con la estabilización federal gubernamental del porriato, y con los personeros
de este régimen en los estados de Puebla y Tlaxcala, se impulsó un proyecto
modernizador que auspició cambios importantes en los recursos hídricos y en
la economía de la región. El cambio hídrico más relevante en este periodo fue
el inicio del desecamiento de los entornos lacustres y pantanosos de la cuenca,
particularmente los de la ciénega al suroeste de Tlaxcala, bajo perspectivas
de ampliar la disponibilidad de tierra ampliamente fértil y también bajo
argumentos higienistas fundados en necesidades de enfrentar inundaciones y
anegamientos cercanos a los asentamientos humanos (Velasco, 2017).
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El sistema de haciendas que había continuado durante el porriato y los
problemas de súper-explotación que el régimen liberal oligárquico tenía en
los ámbitos urbanos motivaron los movimientos revolucionarios de la segun-
da década del Siglo XX. Los entornos de Puebla y Tlaxcala fueron contextos de
movimientos relevantes durante la etapa armada de la revolución. Puebla fue
un bastión maderista fundamental al inicio de esta etapa (La France, 1987), y
en el sur de Tlaxcala se desarrolló el movimiento arenista, de fuerte contenido
agrarista, pero con alianzas con la facción constitucionalista (Buve, 1987).
El reparto agrario empezó de forma temprana en Tlaxcala, con
reparticiones de guerra cuyo reconocimiento se solicitó al encumbrarse la
facción constitucionalista en 1916 y 1917. La formalización en la propiedad de
estas tierras por la vía ejidal se dio en los años inmediatos siguientes, pues
como señala una investigadora: “En todo Tlaxcala, entre 1920 y 1925 hubo una
serie de resoluciones presidenciales, por medio de las cuales casi 40 pueblos
recibieron en dotación alrededor de 10 000 hectáreas. La mayoría de estos
ejidos había solicitado su dotación antes de 1920” (Velasco, 2017, pág. 111).
Así, un entramado de campesinos ejidatarios penetró en el paisaje agrícola
abarcado por la cuenca del Alto Atoyac e igualmente articuló demandas de
agua para su producción. Del lado de Puebla el reparto agrario fue más tardío,
se concentró particularmente en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas y
en el mismo quedó casi agotado. Con todo, este reparto consolidó igualmente
a otro amplio sector de campesinos ejidatarios minifundistas en la región del
Alto Atoyac, pues las microrregiones poblanas que se encuentran en la misma
constituyeron a partir de este periodo hasta el nal real del reparto agrario en
la década de 1970 un sector ejidal que concentró entre 43 y 48 % de las hectáreas
disponibles (véase Rappo, 1986).
Los campesinos ejidatarios, al decir de Velasco (2017), si bien desarrollaron
una agricultura más marcadamente milpera en principio, a través de la
siembra de maíz, calabaza y frijol fundamentalmente, lograron adaptarse a
la agricultura de trigo y seguir empleando diversos sistemas de riego para este
grano. El nal de la agricultura de trigo como una de las marcas determinantes
de la economía de la región abarcada por la cuenca se dio a partir del impulso
de proyectos de crecimiento económico promovidos desde los gobiernos
federales y estatales, particularmente desplegados en la década de 1940.
Los hitos de estos proyectos pueden ubicarse en la introducción de
promociones de la agroindustria en detrimento de la pequeña producción
agrícola, como lo fue la revolución verde en el territorio de la cuenca bajo
auspicios gubernamentales, a través de la promoción de un mercado de
semillas mejoradas, fertilizantes y pesticidas, con efectos de aumentos en
la productividad de la gran producción agroindustrial y de erosión de las
condiciones de la tierra y el agua (Velasco, 2017). Igualmente, el cambio
agrícola de la región y el detrimento de los pequeños productores de la primera
mitad del siglo XX, son derivas de grandes obras de crecimiento económico
agroindustrial e industrial en el territorio de la cuenca, como la construcción de
la Presa Valsequillo al sur de la ciudad de Puebla en 1946. Esta presa, establecida
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para, en apariencia, enfrentar riesgos hídricos como las inundaciones, implicó
el efecto real de acaparamiento del agua que corre desde el norte de la cuenca
para que fuera empleada en usos diversos a los agroindustriales (Velasco, 2017;
Tortolero, 2006). Además, en este periodo la creación del Distrito de Riego
Atoyac-Zahuapan entre 1943 y 1945 dio lugar a que las aguas de la cuenca se
recondujeran a la presa Valsequillo y se consolidara el acaparamiento de este
recurso (Velasco, 2017; González, 2008).
A principios de la década de 1940, en los entornos urbanos del valle po-
blano-tlaxcalteca se vivía un auge industrial textilero derivado de la demanda
de países centrales acendrada por la segunda guerra mundial (Pansters, 1998).
Este auge industrial, si bien quedaría contenido por el nal de la guerra, motivó
en lo posterior, a partir de la década de 1960, el enlace de la industria textilera
de la región de la cuenca del Alto Atoyac con el modelo industrial exportador
maquilero, una de las fuentes de erosión y contaminación más radicales sobre
los recursos hídricos y el ecosistema de la cuenca.
Cuenca de Alto Atoyac y su industrialización reciente
Existe una relación estrecha entre el desarrollo agrícola-industrial y las
condiciones hidrológicas de la Cuenca del Alto Atoyac, como se verá más
adelante. Actualmente, los sectores terciarios y secundarios se han posicionado
como las actividades laborales con mayor presencia; sin embargo, se han
mantenido pequeños productores “… con producción para el autoconsumo,
la alimentación de animales de traspatio o para un mercado local o regional,
articulando ésta con actividades múltiples en el seno familiar y en su mismo
individuo” (Velasco, 2015, pág. 115).
Velasco (2015) expone que las diferentes políticas socioeconómicas,
entre las que se encuentran las neoliberales, han obligado a los pequeños
productores a reacomodos y reconguraciones, procesos de adaptación,
negociación y resistencia desde mediados del siglo XX. Además, plantea que,
en Tlaxcala se consolidó una profunda tradición triguera, la cual fue afectada
por la revolución verde, aún con esta situación se mantuvo la producción de
trigo (hasta los años setenta), por ejemplo, en Nativitas, donde conuyen los
dos ríos más importantes del estado. Ante esta situación, el cultivo de alfalfa y
forrajes fueron una alternativa para los pequeños productores. Estos cambios
en el cultivo fueron partícipes en las problemáticas a las cuales se enfrentaron
los pequeños productores.
La política neoliberal tuvo entre sus designios en México, la rma del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, lo cual trajo
consigo el olvido de la producción agrícola para el mercado local, una acentuada
dependencia alimentaria y el deterioro de la vida rural y campesina. Además, el
neoliberalismo y la negligencia del Estado han permitido el empoderamiento
de las élites empresariales.
Un ejemplo de lo anterior es la contaminación hídrica que se encuentra
en Nativitas, la cual tiene auencia del río Atoyac, Zahuapan, Totolac, Ajejela
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| 30 |
y Xonapac; donde, se siguen regando la mayoría de los cultivos a pesar de la
presencia de químicos tóxicos, basura y otros residuos, lo que ha provocado,
además, la eliminación de la vida acuática en el río Atoyac. La instalación de
industrias en el valle de Tlaxcala-Puebla, entre las que destaca Volkswagen
(1960), HYLSA (Hojalata y Lámina, S. A.), la petroquímica Independencia de
PEMEX (1970), así como la tradicional textil (particularmente dedicada a la
mezclilla), ha traído consigo la generación y evacuación de desechos contami-
nantes yxicos en esa zona, principalmente hacia los ríos y zanjas (Velasco,
2015). Diversos autores citados en Cortes (2021) identican que desde nales
siglo XX se han vertido desechos de industrias como la textil, petroquímica,
automotriz, metalmecánica, química y de la construcción, en los ríos Atoyac,
Zahuapan y en la presa Manuel Ávila Camacho, ubicada en Valsequillo, Puebla.
Entre las problemáticas que identican Salas y Velasco (2015) con respecto
a la contaminación hídrica, se encuentran los vacíos que existen en las normas
que regulan la descarga de aguas residuales. Una de ellas es la combinación de
sustancias, mismas que son permitidas con ciertos límites para su irrigación,
sin embargo, estas sustancias combinadas con otras pueden ser tóxicas y perju-
diciales para la ora y la fauna, sin excluir al ser humano. Otra problemática es
que en estas normas se permiten compuestos orgánicos volátiles, como el clo-
roformo y el cloruro, aunque en otras normas no es así, contemplando residuos
ísicos y metales, pero no el registro de la contaminación biológica y química. Fi-
nalmente, las normas no consideran la acumulación total de la contaminación a
lo largo del tiempo, así como la creciente instalación de sus fuentes.
Cortés (2021), plantea que en Puebla la contaminación de los ríos San
Francisco, Atoyac y Alseseca, fue planeada desde las estructuras gubernamen-
tales, en tanto que, desde estas se llevaron a cabo obras de desviación de las
aguas broncas de la Malinche en el norte de la ciudad, lo que facilitó el above-
damiento del río San Francisco y el arroyo Xonaca. Además, los terrenos por
donde se realizó la desviación del agua bronca de la Malinche eran de uso in-
dustrial, por lo que, servirían como colectores o receptores de aguas negras
industriales. En general, se trató, en palabras de Cortés, de una “aprobación
interinstitucional para contaminar al río Atoyac y a su auente tributario Al-
seseca” (2021, pág. 146); sería factible agregar a la anterior armación: para
favorecer el desarrollo industrial de la zona.
Otro fenómeno que ha favorecido la degradación del sistema hídrico de la
Cuenta del Alto Atoyac es el crecimiento urbano de la zona metropolitanas de
Puebla-Tlaxcala y Tlaxcala-Apizaco, que, tal como lo plantea Altieri (2019), ha
tenido las siguientes implicaciones: 1) crecimiento de la permeabilidad y escu-
rrimientos superciales, 2) aumento de la contaminación de los ríos Atoyac
y Zahuapan, así como de la presa Manuel Ávila Camacho, y 3) aumento de la
demanda de agua por la población que rebasa la disponibilidad subterránea,
en tanto que esta se encuentra en decrecimiento por la falta ltraciones.
Todos estos elementos son muestra del crecimiento industrial y urbano
de la región perteneciente a la Cuenca del Alto Atoyac, sobre cuyo entorno
regional habitan 3, 451, 403 personas, considerando los últimos datos censales
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para las zonas metropolitanas de Puebla-Tlaxcala (2, 776, 893 habitantes)
y Tlaxcala-Apizaco (674, 510), las cuales constituyen la urbe actual de este
territorio (Gobierno de México, 2024).
Por otra parte, con base en lo registrado en el Directorio Estadístico
Nacional de Unidades Económicas, con relación a la misma región, encontramos
382 empresas que cuentan con 251 o más personas laborando; de estas, 72 se
encuentran relacionadas con la industria automotriz y 28 con la industria textil
(INEGI, 2023B).
Figura 2. Mapa Cuenca del Alto Atoya Actividad económica de grandes
empresas
Fuente: elaboración propia en colaboración con Flor Idalia Estopier Antonio y Miguel Lázaro Nolasco, con
base en datos recuperados del DENUE (INEGI, 2023A) y de Maderey y Torres-Ruata (1990) e INEGI
(2020). QGIS. Nota. El mapa muestra la relación hídrica (especialmente los ríos más importantes) con la
actividad económica de empresas de 251 o más empleados.
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En la Figura 2 podemos observar cómo se relacionan estas 382 empresas con los
principales ríos de la Cuenca del Alto Atoyac, que son el río Zahuapan, Atoyac
y Alseseca. La correspondencia entre los asentamientos industriales y el caudal
de los ríos es palpable de manera gráca en el mapa. Desde la frontera entre la
parte occidente de la ciudad Puebla y el sur de Tlaxcala, se observa el vínculo
entre el río Atoyac e industrias automotrices, pero, principalmente, textiles. Lo
mismo ocurre al centro de Tlaxcala. En las riberas del volcán Matlalcueye don-
de nace el río Zahuapan, se advierte presencia de industria textil y automotriz.
El mismo fenómeno se da siguiendo el auente de los ríos hacia el centro de la
ciudad de Puebla, donde se une el río Atoyac con el Alseseca, el cual presenta las
mismas características, siendo la actividad textil la de mayor presencia.
Finalmente, el río Atoyac sigue su camino hacia el sur, no sin antes recoger
la contaminación que generan estas industrias en la cuenca. La ubicación de
estas empresas respecto al relieve hídrico de la región no es imprevista, sino
que responde a una planeación de desarrollo industrial que no tomó en cuenta
la contaminación de sus principales auentes hídricos.
Conclusiones
El abordaje conjunto del entorno regional de la Cuenca del Alto Atoyac tiene
interés para las diversas fases históricas de la misma. Cada fase (social y
económico-política) ha implicado en el territorio del valle poblano-tlaxcal-
teca −que ocupa la mayor parte de la cuenca− una articulación de sistemas
socioambientales abarcadores de los principales ríos de esta cuenca, el Zahuapan
y el Atoyac. Sobre ambos se conguraron sistemas continuos de agricultura en
la época prehispánica, se constituyó el sistema de haciendas poblano-tlaxcal-
teca (triguero-maicero) que duró de la época colonial hasta el siglo XIX, y se ha
desplegado la urbanización industrial interestatal de Puebla y Tlaxcala en la
actualidad. En este trabajo apenas se ha esbozado una revisión de fuentes de
los puntos poblanos y tlaxcaltecas de este proceso histórico, para mostrar la
necesidad de densicar nuestra visión regional del proceso de socialización de
la cuenca y, sobre todo, de los efectos de degradación ambiental a que él mismo
ha dado lugar.
La relación entre las condiciones hídricas de la Cuenca del Alto Atoyac
y el desarrollo socioeconómico de la población tlaxcalteca y poblana
(principalmente) muestra un vínculo importante de crecimiento y degradación.
Particularmente se advierte la presencia de al menos tres grandes hitos:
1) desde la época colonial, la adaptación de la agricultura de trigo europeo
en la región precisó de transformaciones ambientales que provocaron la
desecación progresiva del entorno aledaño a los ríos Zahuapan y Atoyac, la cual
se profundizó durante la época porriana; 2) la urbanización desde la época
colonial generó usos de los recursos hídricos y de los auentes de la cuenca
que dieron lugar a su severa contaminación, la cual aumentó progresivamen-
te a medida que la población urbana ha crecido; 3) el incio del siglo XXI se ha
caracterizado por articulaciones metropolitanas densicadas y un desarrollo
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industrial importante en los estados de Puebla y Tlaxcala, fenómeno que ha
impulsado la degradación hídrica de la cuenca, en tanto que, es alrededor de
esta que se han asentado dichos complejos industriales.
Podemos observar que las problemáticas actuales de la cuenca derivan de
ensamblajes de las materialidades históricas constituidas por la relación entre
la sociedad con la naturaleza de este entorno. Es decir, existen sobre el terre-
no de la cuenca múltiples sociabilidades históricas que están proyectando sus
efectos en el presente: las propias de los residuos de la época colonial, de la
economía liberal de nales del siglo XIX, de la planeación estatal del siglo XX
y de la industrialización exportadora neoliberal actual.
La revisión a estos procesos aquí desarrollada sirve para plantear
necesidades de investigación. Las materialidades a las que se hace
referencia requieren, al menos, de abordajes regionales de todo el entorno
poblano-tlaxcalteca de la cuenca. Es decir, es necesario promover la
investigación desde un enfoque regional en el nivel de la cuenca, sobre
los siguientes aspectos: la estructura de la ruralidad aún presente; la
industrialización rampante interestatal sin controles efectivos ambientales;
la política que ha proveído y provee de liberalidad a los agentes degradantes
del ambiente de la cuenca, tanto en el plano gubernamental de los estados
de Puebla y Tlaxcala y de sus campos políticos; y de la metropolización
interestatal de Puebla y Tlaxcala y las posibilidades que tiene esta de controles
y encauzamientos sostenibles.
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Estudio de opinión sobre el uso de empaques
biodegradables en la zona Metropolitana de
Xalapa, Veracruz, México
https://doi.org/10.59307/rerne2.360
Sierra-Carmona, C.G./ Instituto Tecnológico Superior de Xalapa
Hernández-Orduña, M.G./ El Colegio de Veracruz
Murrieta-Galindo, R./ El Colegio de Veracruz
https://orcid.org/0000-0001-9491-7423
https://orcid.org/0000-0003-2958-9907
https://orcid.org/0000-0001-5555-4455
Resumen
E
l aumento en el uso de envases de diversos materiales ha generado
problemas ambientales a nivel global. Para mitigar este impacto, se han
desarrollado envases biodegradables durante más de cuarenta años. Sin
embargo, existe un escaso conocimiento acerca de la opinión de la sociedad,
lo que podría dicultar la aplicación de soluciones efectivas para abordar
esta problemática. Este estudio tiene como objetivo analizar la opinión de la
sociedad sobre el uso de estos empaques en la Zona Metropolitana de Xalapa,
Veracruz, México (ZMX). Se aplicaron encuestas con preguntas cerradas a
2,221 individuos mayores de 15 años en 9 municipios de la ZMX. Se encontró
que el 88 % de los encuestados eran conscientes del impacto ambiental de
los residuos plásticos, aunque el 39 % desconocía los envases biodegrada-
bles disponibles en el mercado. Sin embargo, una parte signicativa de los
encuestados mostró una actitud positiva hacia la adopción de estos envases si
están fácilmente disponibles en el mercado. Se sugiere implementar políticas
públicas y programas de educación ambiental para promover la correcta
separación de residuos y dar a conocer las opciones de envases biodegradables
en la ZMX.
Palabras clave: Actitud, consumo, empaques, biodegradable, opinión.
Recepción: 06 de marzo de 2024
Aceptación: 14 de mayo de 2024
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Opinion study regarding on the use
of biodegradable packaging
in the Metropolitan Area of Xalapa,
Veracruz, Mexico
Abstract
T
he increase in the use of packaging made from various materials has
generated environmental problems on a global scale. To mitigate this
impact, biodegradable packaging has been developed for over 40 years.
However, there is limited knowledge regarding societal opinion, which could
hinder the implementation of eective solutions to address this issue. This
study aims to analyze society’s opinion on the use of these packaging materials
in the metropolitan area of Xalapa, Veracruz, Mexico (MAX). Surveys with
closed-ended questions were administered to 2,221 individuals over 15 years
old in 9 municipalities of the MAX. It was found that 88% of the respon-
dents were aware of the environmental impact of plastic waste, although
39% were unaware of the biodegradable packaging options available in the
market. However, a signicant portion of the respondents exhibited a positive
perception towards adopting these packages if they are readily available in
the market. It is suggested to implement public policies and environmen-
tal education programs to promote proper waste separation and to raise
awareness of biodegradable packaging options in the MAX.
Keywords: Attitude, consumption, packaging, biodegradable, opinion.
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Introducción
La opinión de los consumidores hacia los plásticos ha sido estudiada en países
como Brasil, Colombia y España. Valle et al. (2023) aborda el problema ambiental
en Brasil relacionado con la creciente demanda de plásticos, especialmente
en envasado y consumo. Su estudio reveló que los consumidores mostraron
más interés en los plásticos biodegradables para el envasado de productos en
comparación con los plásticos reciclados. Pinto Torres et al., (2023) destaca la
importancia de considerar alternativas sostenibles como los bioplásticos en el
envasado de alimentos, también señala la necesidad de una gestión adecuada
de estos materiales para garantizar benecios ambientales reales. Asimismo,
Otto et al., (2021) en la Unión Europea realizó una investigación reciente
sobre la opinión de los consumidores europeos y cómo se relaciona esto con
el impacto ambiental de los alimentos a granel y los alimentos envasados.
En México, se realizó la encuesta nacional El Reciclaje de Plásticos entre los
Mexicanos, 2023, donde el 67.7 % de mexicanos señaló estar dispuesto a pagar
más por productos con envases sustentables y el 40.8 % se dicen dispuestos
a realizar acciones en pro del cuidado ambiental (Plastics Technology, 2024).
Si bien en México se ha estudiado y discutido el tema de los plásticos biode-
gradables, la mayor parte de la literatura estudia su elaboración y uso como
alternativa sustentable por lo tanto los estudios de opinión son escasos y
necesarios para comprender el conocimiento de los consumidores.
Acciones y Legislación en México
En el 2020, el Congreso de la Ciudad de México reformó la Ley de Residuos
Sólidos, con el objetivo principal que los consumidores tengan una mejor
opinión al adquirir empaques biodegradables y reducir de manera signicativa
el uso de plástico. Se dispuso por ley que, a partir del 1 de enero del año 2021, no se
podrían comercializar cápsulas de café de un solo uso, se prohibió la distribución
y entrega de bolsas, popotes y cubiertos de plástico. En esta cronología, en el año
2022, 27 de los 32 Estados de la República Mexicana han legislado respecto a
restringir el uso de plásticos de un solo uso (Milenio Digital, 2022).
La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, el Estado
de Veracruz genera 7,813 toneladas de residuos sólidos urbanos por día,
(SEMARNAT, 2020). Greenpeace México, en su informe Amenaza plástica:
un problema en las costas veracruzanas, concluye que, en las 11 playas
monitoreadas a través de 33 transectos, se encontraron 4,344 piezas de plástico,
en su mayoría fragmentos de plásticos no identicados, poliestireno expandido
(EPS) y botellas de terealato de polietileno (PET) desechables (Peralta-Peláez
et.al, 2022). El Estado de Veracruz cuenta con 11 rellenos sanitarios para atender
a 212 municipios que lo conforman (gura 1), uno de ellos ubicado en la ciudad
de Xalapa recibiendo 450 toneladas de residuos, sin especicar su gestión ni
la periodicidad de dicha recolección (SEDEMA, 2023). Es necesario tomar
medidas inaplazables para conocer y mitigar la contaminación por plásticos
es imperativo.
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Fig 1. Ubicación de rellenos sanitarios en el estado de Veracruz
Fuente: elaboración propia con datos de SEDEMA (2023).
En la Zona Metropolitana de Xalapa (ZMX), durante el 2014, se recolectaron
en promedio diario 609,120 unidades de residuos sólidos urbanos (Tabla 1),
mismos que desde el 2010 a la fecha solo se concentran en el relleno sanitario
El Tronconal, ubicado en Xalapa, Veracruz, lo cual ha traído consigo problemas
sociales: en el 2018 el gobierno municipal de Xalapa responsabilizó a la empresa
encargada de dicho relleno sanitario por generar problemas sanitarios y am-
bientales al registrarse una ltración de lixiviados en el subsuelo en la zona
cercana a éste, generando la suspensión de pagos y con ello la falta de servicio
de limpia pública (El Universal, 2023).
Tabla 1. Cantidad promedio diaria de unidades de residuos sólidos urba-
nos recolectados en la ZMX
Periodo
Coatepec
Banderilla
Coacoatzintla
Emiliano Zapata
Xalapa
Xico
Jilotepec
Rafael Lucio
Tlanelhuayocan
Total ZMX
2014 60,120 27,0 0 14,000 40,000 400,000 25,000 6,000 7,000 30,000 609,120
2012 45,00 12,000 9,000 60,000 312,630 18,000 16,000 ND 9,000 481,630
2010 65,000 12,000 1,500 45,000 361,000 ND 16,000 10,000 7,000 517,500
Unidad de medida: número. Fuente: elaboración propia con datos de INEGI (2023).
Fuente: elaboración propia con datos de SEDEMA (2023).
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Responsabilidad Empresarial y Cambio Global
Históricamente, el rol que han jugado las empresas en la implementación de
acciones en pro del medio ambiente ha sido esencial para la contribución en
la preservación y conservación del mismo (Porto y Castromán Diz, 2006; Lara
y Sánchez, 2020). A partir del siglo XIX las empresas inician con una nueva
visión respecto a materializar una relación ambiental positiva a través de la
implementación de la Responsabilidad Empresarial (RSE) (González, 2011).
Según UN Global Compact, más de 15000 empresas y 3000 signatarios no
comerciales en más de 160 países, y 69 redes locales, se han sumado al Pacto
Mundial de las Naciones Unidas que tiene como iniciativa de sostenibilidad
corporativa unir a las empresas para un mundo mejor (United Nations Global
Compact, 2022).
El cambio global es un tema emergente para cualquier país, debido a que
afecta principalmente su economía; incluso pueden implicar el aumento en
los precios de productos o servicios (Brook, Sodhi, y Bradshaw, 2008). Los
gobiernos y empresas realizan estrategias políticas que conlleven a promover
una cultura o educación sostenible enfocada a los ciudadanos (ONU, 2023).
Entre las principales acciones emprendidas por los gobiernos y empresas
son: 1) la regulación de producción y consumo de plásticos, esto a través de
políticas públicas y regulación normativa, y 2) así como el exhorto a producir,
usar materiales, y productos amigables con el medio ambiente.
Denición y Clasicación de los Plásticos
Se dene como “plástico” al material sintético formado por polimerización, es
decir, una serie de reacciones químicas sobre materias primas a base de carbono,
principalmente petróleo y gas natural. Estos se clasican según su origen,
estructura molecular y con base en las reacciones de formación tales como: duros
o blandos, opacos o transparentes, exibles o rígidos (Fuhr y Franklin, 2020).
En 1907, Leo Hendrik Baekeland desarrolló el primer plástico totalmente
sintético, realizando mejoras a las técnicas de reacción fenol-formaldehí-
do, produciendo así la Baquelita, que se comercializa como material aislante,
durable y resistente al calor. Posteriormente en 1919, Fritz Klatte patentó el
polivinilo de cloruro, comúnmente conocido como PVC, desde entonces es
considerado uno de los plásticos más utilizados en la producción de artículos
domésticos e industriales. Otro de los plásticos más populares, es el polietileno,
utilizado en la fabricación de envases, bolsas y contenedores de alimentos, y el
polipropileno desarrollado por el químico Giulio Natta en 1954, también usado
para empaques, envoltorios, cañerías, entre otros (Fuhr y Franklin, 2020).
El plástico es uno de los principales materiales para envases y empaques
utilizados principalmente en forma de bolsas, botellas, frascos, tubos y cajas.
Los plásticos tienen también otras aplicaciones en materia embalaje para el
transporte de diversos productos alimenticios, cosmetológicos, farmacéuticos,
químicos, etcétera. Se utilizan para el alejado de las cargas paletizadas, lms
de plástico haciéndolas más seguras mediante películas retráctiles y estirables
(Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, 2009).
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En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarro-
llo (UNCTAD) celebrada en el año 2020, la directora Pamela Coke-Halmiton
armó que: “La contaminación por plásticos ya era una de las más grandes
amenazas a nuestro planeta antes del coronavirus. El rápido aumento en el uso
diario de ciertos productos que ayudan a proteger a las personas y a detener la
propagación del virus está empeorando las cosas” (Noticias ONU, 2020).
Impacto Global y Medidas
La producción de plástico en el mundo en 2015 fue de más de 350 millones de
toneladas y en 2021 las empresas habían fabricado un poco más de 8 millones
de toneladas (Greenpeace, 2023). Desde hace 40 años, la producción ha
aumentado anualmente un 500%, generando desechos plásticos que repre-
sentan más de un 80 % de basura en el océano. La mayor parte del plástico
se fabrica y consume principalmente en el Noreste de Asia, Norte América, el
Medio Oriente y Europa Occidental (Fuhr y Franklin, 2020).
El consumo de productos elaborados a base de materiales plásticos ha
traído consecuencias adversas para la naturaleza (Dey et.al, 2023; Walker
y Fequet, 2023) puesto que, la contaminación que generan debido a su largo
tiempo de desintegración provoca alteraciones en el ambiente, ya sea a sim-
ple vista en los suelos o presentes de forma microscópica en el agua y el aire,
dicho tema debe ser considerado una prioridad social y económica para cada
país (Manzoor et al., 2022). En 2019, más de 200 países asistentes a la cuarta
asamblea medioambiental de la ONU, asumieron el compromiso de reducir
considerablemente el uso del plástico y generar una conciencia ambiental en
la población (Noticias ONU, 2019). National Geographic (2020) arma que en
el mundo se vende aproximadamente un millón de envases de plástico para
bebidas y más del 40% de plásticos se usa por única vez y se desecha. Dicha
situación es favorecida por el consumismo y la falta de materias primas que no
presenten un compromiso ambiental.
En los últimos años, el incremento en cantidad y toxicidad de los residuos
sólidos ha generado serios problemas ambientales (contaminación de aguas
subterráneas y superciales, cambio climático, proliferación de fauna nociva).
En México, se generaron diariamente 120,128 toneladas por día, ocasionan-
do serios problemas en cuanto a su manejo, recolección y disposición nal.
La denición de los Residuos Sólidos Urbanos (RSU), contenida en la fracción
XXXIII del Artículo 5 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral
de los Residuos (LGPGIR), establece que son: “[...] los generados en las casas
habitación, que resultan de la eliminación de los materiales que utilizan en
sus actividades domésticas, de los productos que consumen y de sus envases,
embalajes o empaques [...]” (Diario Ocial de la Federación [DOF], 2003)
En México, según datos de la Fundación Heinrich Böll & Break Free From
Plastic, (2020), se registró un promedio de 122 gramos diarios de residuos
plásticos por persona (Fuhr y Franklin, 2020). Forbes México indicó que, de
acuerdo con datos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desde el inicio de la
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emergencia sanitaria COVID en marzo del 2020, México registró un aumento
de 14 a 15 millones de toneladas de residuos diarios, en los desechos sólidos
urbanos (Garduño, 2021). Se ha incrementado el uso y los desechos plásticos
en la sociedad, generando un impacto negativo en el planeta (Dey et al., 2023;
Walker y Fequet, 2023; Evode et al., 2021).
En los últimos años, México ha aumentado el consumo responsable de
productos sustentables, valorando el ahorro de energía, el reciclado, la reducción
del consumo de agua y haciendo un menor uso de embalajes y bolsas (Arenas y
Saldaña, 2014). Impulsado por las reformas en la Ley General para la prevención
integral de los residuos (Diario Ocial de la Federación [DOF], 2003).
La gran preocupación por el cuidado del medio ambiente, la contami-
nación y los impactos económicos y ambientales que los productos plásticos
generan al no ser usados adecuadamente, ya que su uso es a gran escala, con
una vida útil corta y una degradación tardada, no cuentan con vertederos
sucientes o tratamientos adecuados para el reciclaje de éstos, tal es el caso
de su incineración, que no se considera apta, ya que además de tener un alto
costo, produce cenizas y gases nocivos a la salud (Dey et al., 2023; Evode et. al,
2021). Se han realizado múltiples estudios de investigación para la innovación
de productos sustentables, a base de polímeros biodegradables, que permitan
la reducción de la contaminación (Antonopoulos et al., 2021).
Con la nalidad de disminuir la cantidad insostenible de plásticos, puesto
que se prevé que para el 2050 estos habrán causado aproximadamente 56 giga-
toneladas de emisiones de CO2 (Fuhr y Franklin, 2020), ha surgido una nueva
generación de plásticos: los bioplásticos, los cuales son materiales compuestos
de polímeros obtenidos a partir de recursos naturales o con características
biodegradables (Acquavia et. al, 2021). En 1869 John Hyatt Jr., se convierte
en pionero de la fabricación de bioplástico, creando un sustituto del marl a
partir de la celulosa de algodón. En 1870 se creó el celuloide, material con el
cual se fabrican películas fotográcas y de lmación y en 1912 se creó el celofán
otro derivado de celulosa, ambos bioplásticos son utilizados actualmente
(ZEAplast, 2012). Algunos de estos polímeros naturales, llamados bioplásticos
son: almidón, el polihidroxialcanoato, ácido poliláctico, la policaprolactona y
la celulosa (Acurio y Cabezas, 2022).
Uno de los factores que han incidido en el incremento de residuos es la
producción masiva de productos que requieren un empaque y/o embalaje, los
cuales se utilizan para evitar daños y garantizar protección del producto, y una
vez cumplida dicha función éstos se convierten en desechos (Brennan et. al.,
2021; Shaikh et. al., 2021), es decir, en residuos que se suman a la problemá-
tica actual. Estas problemáticas indican la necesidad de generar alternativas
no solo en el ámbito de la producción y aplicación de reglas como es la de las
tres erres (3R): reducir, reutilizar y reciclar, en los residuos generados por los
empaques y embalajes, sino iniciar con una producción y rediseño de materias
primas que prevengan y minimicen la contaminación y toxicidad de éstos (Mi-
shra et al., 2023). Los empaques tienen como principal función la protección
del producto durante su fabricación, transporte y almacenaje, hasta llegar al
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consumidor nal; lo cual los hace indispensables en la vida diaria (Piñeros,
2013; Navia et. al., 2014). Sin embargo, en un contexto de consumo desenfre-
nado muchos de estos están elaborados a base de plástico y generan residuos
plásticos, al menos el 60% del total de residuos plásticos a nivel global procede
de los empaques (BBVA Sostenibilidad, 2021).
Por lo tanto, en la zona metropolitana de Xalapa (ZMX), se plantearon los
siguientes cuestionamientos: 1. ¿Cuál es la opinión que tiene el ciudadano para
adquirir un empaque biodegradable con respecto a su funcionalidad versus de
uno “normal”?, y 2. ¿Cómo inuye en la sociedad la información ambiental en
la intención de consumo para adquirir empaques biodegradables a base de po-
límeros en la ZMX? Y con el objetivo de determinar la opinión de la sociedad
en ZMX sobre los empaques biodegradables en la ZMX, en tres categorías: a)
identicar el nivel de aceptación de los ciudadanos, para adquirir productos
de material biodegradable; b) describir el nivel de información que tienen los
consumidores para adquirir productos hechos con material biodegradable y c)
analizar diferentes variables de intención de consumo que pueden afectar la
opinión del consumidor, para adquirir empaques biodegradables.
Metodología
Población muestral. De acuerdo con los datos estadísticos poblacionales el Es-
tado de Veracruz ocupa el cuarto lugar a nivel nacional (Instituto Nacional de
Estadística y Geograía (INEGI)., s.f.-b). Por tanto, según el censo de población
y vivienda 2020, la población total del municipio de Xalapa corresponde a 488
531 personas equivalente a más del 6 % de la población de Veracruz (Vivar et
al., 2013). La zona metropolitana de Xalapa, Veracruz, México se conforma por
nueve municipios Banderilla, Coacoatzintla, Coatepec, Emiliano Zapata, Jilo-
tepec, Rafael Lucio, Tlanehuayocan, Xico y Xalapa, (Universidad Veracruzana
(UV), s.f.), con un total de 789,157 habitantes (Ver tabla 2) (Instituto Nacional
de Estadística y Geograía (INEGI). , s.f.). Con los datos anteriores se utilizó la
fórmula de poblaciones nitas (Aguilar, 2005), con la cual se determinó como
población muestral 384 personas a encuestar.
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Tabla 2. Datos poblacionales de los municipios que conforman la ZMX
No. Municipio Población ZMXVM Población encuestada
1 Banderilla 25,993 55
2 Coacoatzintla 11,018 210
3 Coatepec 93,911 188
4 Emiliano Zapata 85,489 169
5 Jilotepec 16,585 18
6 Rafael Lucio 8,343 5
7 Tlalnelhuayocan 19,664 37
8 Xalapa 488,531 1278
9 Xico 39,623 261
Total 789,157 2,221
Fuente: elaboración propia con datos de INEGI (s.f.)
Para llevar a cabo esta investigación cualitativa se tomó como base el proceso
metodológico de Vivar et al. (2013) (véase gura 2). Se realizó una búsqueda
literaria con respecto a la información relacionada a la opinión que tiene el
consumidor del uso e intención de compra de empaques biodegradables, con-
ciencia y aprendizaje ambiental e información de productos.
Fig. 2. Descripción del proceso metodológico empleado
Por consiguiente, se buscaron los an-
tecedentes relacionados a la conta-
minación de plásticos de un solo uso
de manera internacional y nacional
para formular las preguntas adecua-
das a los ciudadanos de la zona de es-
tudio (ZMX).
Posteriormente, se formuló una
encuesta con 20 preguntas (cerradas),
para después aplicar las encuestas
aleatoriamente en la zona metropoli-
tana de Xalapa, Veracruz, México.
Se realizó una investigación con
enfoque cuantitativo, en la cual se
empleó una encuesta cerrada a través
de un formulario de Microso Forms
a la sociedad de la ZMX mayor de 15
años, con la nalidad de conocer 3
variables como se indica en la Tabla 3.
Fuente: elaboración propia con base en Vivar et al. (2023).
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Tabla 3. Variables e indicadores denidos para el estudio de opinión
VARIABLES INDICADORES
Perl del ciudadano Edad, lugar de residencia ingresos men-
suales, situación laboral
Intención de consumo Aceptación, calidad, uso y frecuencia de
consumo
Conducta y apreciación Conciencia ambiental, conocimiento del
producto
Fuente: elaboración propia.
Instrumento
Se realizó una encuesta que consistió en 20 preguntas cerradas (opción
múltiple con escala de Likert). La estructura de la encuesta se dividió en 3
partes fundamentales: la primera consistió en conocer al ciudadano con datos
estadísticos (edad, sexo, lugar de residencia, ingresos y situación laboral), la
segunda parte consistió en determinar la intención de consumo (aceptación,
calidad, frecuencia y uso de los empaques biodegradables) y tercero la opinión
con respecto a conocer del ciudadano la opinión en relación al impacto am-
biental de los empaques biodegradables y la información que tiene sobre las
características del empaque que adquiere.
Para la validez y conabilidad de la encuesta, se utilizó el coeciente alfa de
Cronbach (Cronbach, 1951) y el coeciente Omega de McDonald’s (McDonald,
1999). La validación y conabilidad de la integridad del cuestionario aplicado
resultó en un coeciente alfa de Cronbach de 0,69 y un coeciente Omega de
McDonald de 0,70. Por tanto, los valores se corroboran como adecuados para
una correcta interpretación de las encuestas.
Resultados
El cálculo del tamaño de la muestra de poblaciones nitas, nos brinda el
tamaño mínimo recomendado que representará de manera precisa a la po-
blación de interés. Se obtuvieron 2,221 respuestas con los resultados que se
plantean a continuación.
De las 2,221 personas encuestadas, el 57 % son de sexo masculino y 42 %
de sexo femenino; la mayoría de los encuestados reportó tener entre 15 y 25
años (n=1,910), advirtió tener un ingreso mensual menor a $2,000.00 (véase
gura 3), señaló que su ocupación actual es ser estudiantes y tener un nivel
de estudios de licenciatura y/o ingeniería; de igual forma, se observó que la
mayoría de los encuestados (n= 1278) provienen de los municipios de Xalapa,
Coatepec y Emiliano Zapata.
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Fig. 3. Edad e ingreso mensual de los encuestados de la ZMX
Fuente: elaboración propia.
De acuerdo con los resultados obtenidos sobre la población de la ZMX, el
empaque es uno de los factores que inuyó en su decisión, al reportar un 65 %
argumentó que han cambiado de marca o de producto porque les preocupa el
material del empaque utilizado. Mientras que el 34% prerió continuar con
las compras de sus marcas recurrentes sin importar el material con el cual esté
fabricado su empaque. Sin embargo, las respuestas facilitadas mostraron in-
congruencia, ya que de éstos el 52 % arman que en los últimos 3 años se volvió
más importante, el ser respetuoso con el medio ambiente, y únicamente 19 %
de ellos (n=79) utilizaron materiales de un solo uso en más de una ocasión por
semana.
El 21 % de los encuestados armó que de manera cotidiana nunca compra
productos de un solo uso: vasos, platos, cucharas y empaques (véase gura 4),
igualmente en su mayoría mencionaron que han comprado productos empa-
quetados con material biodegradable entre más de una vez al mes (n=710) y
una vez a la semana (n=494).
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Fig. 4. Frecuencia de compra de materiales de un solo uso los encuesta-
dos de la ZMX
Fuente: elaboración propia.
Los encuestados consideraron que los empaques más respetuosos con el medio
ambiente, son aquellos elaborados con cartón (n=757), papel (n=577) y vidrio
(n=437), empero un 8 % (n=182) contemplaron que el plástico es también res-
petuoso con el medio ambiente (véase gura 5), de esta manera es necesario
aumentar y reforzar la información y educación en la población para alcanzar
mayores niveles de consumo responsable y sostenible.
Fig. 5. Opinión sobre los empaques más respetuosos con el medio
ambiente.
Fuente: elaboración propia.
Por lo que respecta a la opinión del ciudadano de la ZMX en relación con la
conciencia ambiental, el 88 % se consideraron ser conocedores del impacto
ambiental que generan los desechos plásticos (n=1936). El 12 % restante
(n=271), compuesto principalmente por ciudadanos entre 15-25 años, mostró
una falta de interés que, si bien es un porcentaje bajo, representa una inciden-
cia negativa considerable en el medio ambiente.
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Respecto a la información sobre materiales biológicos o naturales que
componen empaques o envolturas biodegradables el 50% armaron que
conocen dichos componentes, en congruencia con el 52% que armó haber
analizado la composición de estos. En el porcentaje restante se denotó la falta
de interés por informarse o que los empaques no dan realce a su característica
biodegradable como elemento diferenciador ante sus competidores.
Se observó que el 56% (n=1226) consideró que el impacto ambiental de
los empaques biodegradables si afectan sus decisiones de compra, por lo que
se registró la disposición a comprar productos con empaques y/o envolturas
que no afecten el medio ambiente. Ciertamente, el 96% (n=2114) armó que
elegiría productos empaquetados con material biodegradable sobre aquellos
hechos con polímeros derivados del petróleo (véase gura 6).
Figura 6. Preferencia en la elección de materiales para el empaquetado
de productos.
Fuente: elaboración propia
Discusión
El uso de envases biodegradables es una alternativa para reducir la cantidad
de residuos plásticos que se generan en el medio ambiente. Los empaques
biodegradables están diseñados para descomponerse en materiales naturales y
no contaminantes, lo que reduce el impacto ambiental en comparación con los
envases convencionales que pueden tardar cientos de años en descomponerse
(Zapata et al., 2020; Asro et al., 2018).
Sin embargo, es importante tener en cuenta que los envases biodegradables
no son la solución denitiva al problema de la contaminación (Mohite et al.,
2018). A menudo, estos envases aún necesitan ser desechados correctamente y
pueden requerir condiciones especícas para descomponerse completamente
(Moshood et al., 2022). Además, algunos productos biodegradables pueden
generar gases de efecto invernadero durante su descomposición, lo que podría
contribuir al cambio climático (Capezza et al., 2023; Jang et al., 2022).
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Por lo tanto, mientras que los envases biodegradables pueden ser una
opción más ecológica, es importante tener en cuenta que hay otros aspectos
de gestión desde lo político ambiental hasta lo socialmente responsable a
considerar para su producción, transporte y eliminación (Khuc et al., 2023;
Navia et. al., 2014; Piñeros et al., 2013). Así mismo, se deben seguir buscando
soluciones más sostenibles para reducir el impacto ambiental de los residuos
generados por la industria.
Los resultados obtenidos en la búsqueda de literatura revelan una pro-
blemática persistente relacionada con la generación de residuos por parte
de los envases, aunque este tema no sea novedoso y haya sido abordado
previamente en trabajos realizados por Evode et al. (2021), Piñeros et al. (2013),
Porto y Castromán (2006), entre otros. Después de casi una década, seguimos
enfrentando dicultades con la gestión de residuos producidos por los empaques.
Esto podría estar asociado a diversos factores como son: a) falta de educación
y conciencia, a menudo, los consumidores no están bien informados sobre la
importancia de reducir el uso de envases convencionales y adoptar alternativas
más sostenibles. Esto puede llevar a que no se demanden sucientes alterna-
tivas sostenibles, y a que las empresas no se sientan obligadas a adoptarlas
(Rivera et al., 2019); b) falta de incentivos económicos, la fabricación y el uso de
envases convencionales resulta más barato para las empresas en comparación
con los envases biodegradables o sostenibles. Las empresas pueden no tener
suciente motivación para invertir en alternativas más costosas que podrían
tener un impacto ambiental menor (Moshood et al., 2022; c) falta de políticas
y regulaciones efectivas a nivel gubernamental también puede contribuir a
que se sigan utilizando envases convencionales. Sin políticas públicas y regu-
laciones adecuadas que fomenten la adopción de prácticas más sostenibles, es
posible que las empresas no tengan el incentivo necesario para cambiar sus
prácticas (Behuria, 2021; Knoblauch y Mederake, 2021) y d) la falta de infraes-
tructura adecuada para la gestión de residuos también puede ser un factor. En
muchos lugares, los sistemas de recolección y reciclaje no están diseñados para
manejar ecazmente los envases biodegradables o sostenibles, lo que puede
limitar su adopción (Moshood et al., 2022; Piñeros et al., 2013).
El uso de empaques biodegradables podría ayudar a solucionar los
problemas de contaminación por residuos en la ZMX, siempre y cuando su fa-
bricación, uso, recolección y gestión nal se implementen de manera adecuada
y se combine con otras medidas para reducir la cantidad de residuos generados.
En la ZMX, como en muchos lugares (Vietnam, Perú, India, China, entre
otros
1
), la gestión de residuos es un problema importante que afecta tanto al
Los casos mencionados aluden e ilustran diversas estrategias y enfoques adoptados en diferentes
contextos geográficos, para abordar la problemática de la gestión de residuos sólidos y la contamina-
ción ambiental. Cada caso proporciona una perspectiva única sobre los desafíos específicos enfrenta-
dos por las comunidades locales y las soluciones propuestas para mitigar los impactos negativos en
el medio ambiente y la salud pública. Desde la implementación de programas de gestión de residuos
en campus universitarios hasta la adopción de incentivos para la clasificación adecuada de desechos
domésticos. Estos ejemplos reflejan la diversidad de enfoques que se están explorando a nivel mundial
para promover prácticas más sostenibles en la gestión de residuos.
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medio ambiente como a la salud pública (Khuc et al., 2023; Cotrina Cabello,
2020; Parvez et al., 2019; Guo et.al, 2017). Si se adoptan prácticas más sosteni-
bles, como el uso de empaques biodegradables, se podría reducir la cantidad
de residuos generados y mejorar la gestión de los residuos existentes. Sin em-
bargo, es necesario contar con un sistema de recolección y gestión de residuos
adecuado y eciente que permita reciclar y/o compostar los envases biodegra-
dables (Moshood et al., 2022; Fredi y Dorigato, 2021). Además, también será
necesario educar y concientizar a los consumidores sobre la importancia de
desechar los envases biodegradables de manera adecuada (Rivera et al., 2019).
En este sentido, es crucial destacar que un 88% de los ciudadanos de la ZMX
se consideran conocedores del impacto ambiental que generan los desechos
plásticos. Si bien es acorde a los resultados, la mayoría de los ciudadanos se
denen con una conciencia ambiental positiva, es importante tener en cuenta
que la opinión del ciudadano no siempre se traduce en acciones concretas.
Es importante destacar que incluso aquellos que se consideran informados
sobre el impacto ambiental pueden no estar tomando medidas concretas para
reducir su huella de plástico, debido a factores como la comodidad o la falta de
alternativas sostenibles.
Se debe continuar informando y educando a los consumidores sobre
la importancia de elegir productos biodegradables y cómo identicarlos
correctamente para evitar prácticas de greenwashing (Hallama et al., 2011)
y asegurarse de que están haciendo una elección verdaderamente sostenible.
Las empresas también deben hacer un esfuerzo por promocionar y destacar
las características biodegradables de sus productos y hacerlas más accesibles
al consumidor (Piñeros et al., 2013).
Si bien es alentador, que el 56 % de los ciudadanos encuestados
consideraron el impacto ambiental de los empaques biodegradables al tomar
decisiones de compra y un 80 % haya mostrado una clara preferencia por
materiales sostenibles. Se debe tener precaución para que este aumento en la
adquisición de empaques realmente genere una conciencia sobre la necesidad
de elegir productos que sean sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.
Conclusiones
Actualmente, ya no basta con el desarrollo de empaques que cumplan con
su función elemental de posicionar y proteger al producto. El desarrollo de
empaques debe seguir siendo funcional y con características que permitan
a los productos diferenciarse y posicionarse de entre sus competidores. Sin
embargo, con la implementación de la Responsabilidad Social, así como
normatividad y leyes en carácter de cuidado ambiental, es necesario sumar la
sustentabilidad al desarrollo de empaques. La sustentabilidad se ha convertido
en un apellido para las grandes marcas, ya que los ciudadanos se encuentran
cada vez más conscientes de los problemas ambientales que los desechos de
empaques generan al medio ambiente.
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La opinión de los ciudadanos del ZMX en relación con adquirir un
empaque biodegradable es positiva, ya que la mayoría de los empaques bio-
degradables son un factor decisivo en sus compras y que preeren productos
empaquetados con materiales amigables con el medio ambiente.
En cuanto a la conciencia ecológica y aprendizaje ambiental en la inten-
ción de consumo para adquirir empaques biodegradables a base de polímeros
por los ciudadanos de la ZMX, es importante reforzar la información que a n
de que la población conozca los daños ambientales que provoca el consumir
empaques como el plástico, lo cual es una responsabilidad compartida entre
empresas e instituciones gubernamentales, no solo en su producción sino
en su desecho. Esta investigación conrma que las empresas deben realizar
acciones que aclaren y den información sobre los impactos que tiene cada
producto, desde su fabricación hasta su desecho.
En general, la solución a este problema complejo requerirá la colaboración
y el esfuerzo de múltiples actores, incluyendo empresas, gobiernos, consumi-
dores y organizaciones de la sociedad civil. Será necesario abordar los factores
que contribuyen al uso continuado de empaques convencionales y trabajar
juntos para fomentar la adopción de prácticas más sostenibles en la fabricación
y uso de envases.
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Las problemáticas sobre el cambio de
uso del suelo en el municipio de
Bahía de Banderas, Nayarit
https://doi.org/10.59307/rerne2.362
Rodríguez-Rodríguez, J./ Universidad de Guadalajara
Rodríguez-Bautista, J.J./ Universidad de Guadalajara
https://orcid.org/0000-0002-8768-4534
https://orcid.org/0000-0002-9306-4884
Resumen
E
l cambio de uso del suelo es provocado por acciones antropogénicas
afectando al medio natural, pero también impacta a la población en su
seguridad alimentaria, provocando procesos migratorios y acciones negativas
a determinadas actividades económicas locales; por ello es relevante lo que
sucede con la pérdida de bosques, ejemplo del problema existente sobre el
cambio uso del suelo. Se estima que entre el 2000 y el 2015 se perdieron cerca
de 1.5 millones de km2 de bosque a nivel mundial, sustituyendo esas áreas para
producir granos, carnes o bras vegetales, así como en la producción de energía
y en la minería. En México, la selva sufrió la mayor transformación seguido por
los bosques, para convertirlo en uso agrícola y ganadero. En Bahía de Banderas,
Nayarit, existe una zona con playas con alto valor turístico, pero además con
unas montañas con exuberante vegetación, donde se ubica la sierra de Vallejo.
El objetivo de esta investigación es medir el cambio de uso del suelo,
mediante imágenes de satélite y analizar los impactos que este proceso genera
en el territorio, identicando los usos del suelo con mayor cambio y relacio-
narlos con el desarrollo de infraestructura turística; considerando que Bahía
de Banderas es uno de los destinos turísticos más importantes de la región y
es esta actividad una de las que se catalogan como depredadoras del capital
natural. Los hallazgos encontrados, muestran que los pastizales para ganado
incrementaron su proporción, mientras que disminuyó la zona agrícola, para
dar paso a la urbanización y la infraestructura turística.
Palabras Clave: Cambio de uso del suelo, Vegetación, Bahía de Banderas, Turismo,
actividad agropecuaria
Recepción:23 de marzo de 2024
Aceptación: 14 de mayo de 2024
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The problems regarding the change
of land use in the municipality of
Bahia de Banderas Nayarit
Abstract
L
and use change is caused by anthropogenic actions aecting the natural
environment, but it also impacts the population in their food security,
causing migratory processes and negative actions to certain local economic
activities; therefore it is relevant what happens with the loss of forests, an
example of the existing problem of land use change. It is estimated that between
2000 and 2015 about 1.5 million km2 of forest were lost worldwide, replacing
those areas to produce grains, meat or vegetable bers, as well as in energy
production and mining. In Mexico, the jungle suered the greatest transfor-
mation followed by the forests, to convert it to agricultural and livestock use.
In Banderas Bay, Nayarit, there is an area with beaches with high tourist value,
but also with mountains with lush vegetation, where the Sierra de Vallejo is
located.
The objective of this research is to measure the change in land use, using
satellite images and analyze the impacts that this process generates in the
territory, identifying the land uses with the greatest change and relating them
to the development of tourist infrastructure; considering that Banderas Bay is
one of the most important tourist destinations in the region and this activity
is one of those that are classied as predators of natural capital. The ndings
show that pastures for cattle increased their proportion, while the agricultural
zone decreased, giving way to urbanization and tourist infrastructure.
Key words: Land use change, Vegetation, Banderas Bay, Tourism, agricultural activity.
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Introducción
México tiene el reto de atender los problemas relacionados con el cambio
de uso del suelo y lograr un desarrollo ecológico que permita mantener
sosteniblemente el capital natural que tiene a su alcance; de igual forma,
ordenar el espacio para que las alteraciones al territorio no afecte al mundo
animal y vegetal.
Actualmente el país enfrenta una pérdida y degradación de sus ecosis-
temas que provoca una reducción en la disponibilidad del recursos hídrico,
manifestando una incapacidad en reducir los gases de efecto invernadero, lo
que exige avanzar con la adaptación al cambio climático.
El cambio de uso del suelo provocado por actividades agrícolas, ganaderas
y de silvicultura tiene afectaciones al medio natural, generando la pérdida de
biodiversidad y la presencia de nuevas especies nocivas. De igual forma este
proceso afecta a las comunidades en temas de seguridad alimentaria, lo que
trae consigo procesos migratorios, así como acciones negativas a determinadas
actividades económicas locales, como aquellas relacionadas al sector primario,
las cuales se vinculan con el uso de recursos naturales. Este fenómeno se tradu-
ce en presiones para el territorio, por lo que es uno de los factores primordiales
en el cambio climático que se está viviendo actualmente en el mundo.
El cambio de uso de suelo busca aprovechar los recursos naturales que
ofrece dicho territorio, pero si no se realizan de forma racional y ordenada,
genera efectos negativos para el ecosistema, por lo que es necesario que este
proceso se realice bajo un esquema sostenible y participativo (CONANP, 2023).
Existen diversos estudios sobre el cambio de usos del suelo a nivel mundial.
Aguayo et al. (2009) enlistan algunos donde se arma que existen una serie de
transformaciones en los territorios, pasando de áreas de bosque o selva a zonas
de pastoreo, agrícolas o urbanas. Todos estos cambios que se han registrado
desde hace más de dos siglos, se comparan con las alteraciones vividas en el
periodo geológico de la era de hielo o glaciación.
La pérdida sistemática de suelo virgen, como bosques y selvas, es un tema
de suma relevancia a nivel mundial. Sin embargo, otro fenómeno a considerar
es la fragmentación, lo cual conlleva el aislamiento de comunidades biológicas
y una pérdida de biodiversidad, reduciendo los servicios ecosistémicos
(Haddad et al., 2015).
La fragmentación del hábitat puede denirse como la división en partes
más pequeñas y aisladas, separados de un paisaje transformado por un proceso
generado por el hombre (Haddad et al., 2015). Estas fragmentaciones provocan
efectos en cascada a todo el conjunto de especies, tanto de plantas como de animales
y otros organismos que habitan en ese lugar (Flores-Rentería et al., 2018).
Las fragmentación de los territorios son provocados primordialmente
por el cambio de uso del suelo, lo que conlleva una reducción y extinción de
especies debido a la pérdida de la biodiversidad, inuyendo en las condiciones
de comunidades locales que viven de ese capital natural (Lindenmayer y
Fisher, 2006). Por lo que es necesario la elaboración de planes de ordenamien-
to territorial que limiten el cambio de uso del suelo, propiciando la conserva-
ción de la biodiversidad mediante la protección de áreas protegidas (Alaniz et
al., 2019; Keit et al., 2015).
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Lo que se vive a nivel mundial sobre la pérdida de grandes áreas de bosques,
es un ejemplo del claro problema que existe sobre el cambio uso del suelo. Sin
embargo, si se quiere evaluar la pérdida de supercie es un reto, sobre todo
cuando es diícil diferenciar entre los bosques naturales y las plantaciones
forestales (Curtis et al., 2018), lo que hace complicado estimar la dinámica de
pérdida de bosques naturales, sobre todo cuando la denición operacional de
bosque se basa en la altura de los árboles, la cobertura de sus copas y la supercie
que ocupa; esto tienden a confundir cada uno de estos tipos de bosques (Marquet
et al., 2019).
A pesar de esta posible confusión, Hansen y otros (2013), estiman una
pérdida de bosque a nivel mundial de cerca de 1.5 millones de km entre los años
2000 al 2015, pero la técnica usada de imágenes y las limitaciones de informa-
ción, no permiten identicar sí corresponde a bosque natural o es cosecha de
plantaciones forestales.
A pesar de esas limitaciones Curtis et al. (2018) hablan de que en ese mismo
periodo se perdieron de 3.5 a 6.5 millones de hectáreas por año, debido a la sus-
titución de esas áreas boscosas por producir bienes primarios, como granos,
carnes o bras vegetales, así también como en la producción de energía y en la
actividad minera. Todas estas actividades provocaron la pérdida del 27% de esas
hectáreas. Mientras que la producción de la madera deforestó algo así como un
26%, la agricultura de temporal el 24% y los incendios un 23%.
El tema de los incendios ha sido un asunto diícil de controlar, sobre todo
cuando se presentan cercanas a las zonas urbanas, donde la fuerte presión de los
agentes inmobiliarios provocan esos eventos; de igual forma en el medio rural se
relaciona con el surgimiento de nuevas zonas agrícolas, donde la propensión por
cultivar productos rentables, pretenden promover cambiar el uso del suelo.
En el caso de México, los cambios de uso del suelo se han intentado medir
mediante inventarios, los cuales son poco comparables, debido a las fuentes
de información y técnicas utilizadas para el análisis; sin embargo, se pueden
predecir algunos resultados con base en las cartas de uso del suelo que elabora
el INEGI (SEMARNAT, 2019).
Según el Informe de la Situación del Medio Ambiente en México, publicado
por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT, 2019),
se perdieron entre la década de los setenta y hasta 1993 7.9 millones de hectá-
reas, donde 3.5 millones fueron de selva, 2.3 de matorral y solo 537 mil de bos-
que. Sin embargo entre 1993 al 2002 la vegetación modicada fue de 3 millones
de hectáreas, siendo las selvas quienes tuvieron más perdida con 1.3 millones,
matorrales 796 mil y los bosques 359 mil. Entre el 2002 al 2007 se eliminaron 1.9
millones de hectáreas de vegetación natural manteniéndose los bosques como
el tercer lugar en pérdida con solo 24 mil hectáreas. Entre el 2007 y 2011 desa-
parecieron 992 mil hectáreas; y para el periodo 2001-2014 se perdieron 413 mil
hectáreas.
Durante ese periodo de análisis, la selva sufrió la mayor transformación,
seguido por los bosques. Dichas alteraciones se han dado para convertirla en uso
agrícola y ganadero, los cuales han crecido un 29 por ciento en 2014, con rela-
ción a los datos registrados en la década de los años setenta (SEMARNAT, 2019).
En Bahía de Banderas que es uno de los 20 municipios que conforman el
estado de Nayarit, se asienta en una zona con playas de alto valor turístico, dentro
de la denominada Bahía de Banderas, siendo una de las ofertas más representa-
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tiva de los destinos turísticos de la costa del pacico nayarita. Así también, en
este mismo municipio se extiende un territorio de exuberante vegetación donde
se ubica la sierra de Vallejo, la cual es parte de la sierra madre occidental que
se extiende desde el estado de Arizona, Estados Unidos, hasta Jalisco, México.
En esta sierra existe selva mediana y baja, así como en su parte superior
se cuenta con bosque encino. Existe una supercie considerable que está poco
perturbada, la cual puede funcionar como un corredor biológico, permitiendo
conservar algunas especies endémicas y aquellas que están en peligro de ex-
tinción como es el caso del jaguar (Arriaga et al., 2000).
Justo entre la zona de playas y la serranía se localiza una zona agrícola-ga-
nadera que por su dinámica ha terminado por ser un problema ambiental en
la zona serrana, ya que tiene un avance continuo provocando procesos de
deforestación permanente, además del impulso de otras actividades como la
ganadería y la minería que se ubican en lugares no adecuados. De igual forma
existe un tráco ilegal de fauna y ora silvestre, lo que provoca la desaparición
de algunas especies que usan a la sierra como su hábitat y esta es sustituida por
fauna no local (Arriaga et al., 2000).
En ese sentido, el objetivo de esta investigación es medir el cambio de
uso del suelo y analizar los impactos que este proceso puede generar a ese
territorio, considerando que Bahía de Banderas es uno de los destinos que,
junto con Puerto Vallarta, presentan el mayor desarrollo turístico en la región
centro occidente de México y es esta actividad una de las que se catalogan
como depredadoras del capital natural.
Metodología
Los datos espaciales que se analizan en los estudios sobre el cambio de uso
de suelo, se obtienen de diversas fuentes, como fotograías aéreas, imágenes
de satélite y cartas topográcas digitalizadas. Existen una gran variedad de
satélites que poseen diversas características, ofreciendo servicios de comuni-
cación, de navegación y de estudios cientícos, entre estos últimos están los
satélites Landsat quienes fueron los primeros en proveer una cobertura global
de la supercie de la tierra a nivel civil.
La fuente de datos de percepción remota elegida en el presente estudio
para el análisis de uso de suelo es para los años 2002 y 2022. La imagen fue
descargada por medio del sistema Earth Explorer del Servicio Geológico de
EUA con nivel de procesamiento T1 (Tier 1) en el formato GeoTIFF. Los datos
T1 fueron procesados aplicando el proceso L1TP, que incluye la corrección sis-
temática geométrica, radiométrica y topográca con el uso de puntos de refe-
rencia en el terreno inter-calibrados entre los sensores Landsat y evaluación
automática de calidad del producto (USGS, 2016).
Para nes de análisis de uso de suelo se emplearon 8 bandas del sensor
OLI disponibles con la resolución de 15 m, estas bandas espectrales abarcan
regiones del espectro de radiación electromagnética ubicados en rango de
largo de onda de 0.435 m hasta 2.294 m, que corresponden a luz visible e
infrarrojo de onda corta.
En este estudio, se siguió el esquema de procesamiento de datos Landsat
resumido en Young y otros (2017). El tratamiento de datos Landsat incluyó la
calibración radiométrica convirtiendo los valores DN capturados por el sensor
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OLI a radiancia en la parte superior de la atmósfera y posteriormente a reec-
tancia en la parte superior de la atmósfera con corrección angular.
Después de la calibración radiométrica, se aplicó la corrección de
iluminación y sombra topográca utilizando el método C, que se eligió para pro-
porcionar una distorsión mínima a las relaciones entre las bandas espectrales
bajo los parámetros de corrección aplicables en este estudio (Riaño et al., 2003;
Richter et al. 2009).
Para nes de exploración visual de datos y desarrollo de los juegos de
variables derivados se realizaron dos representaciones a partir de las bandas
espectrales disponibles en los datos Landsat 8: a) la composición del color falso
para vegetación, b) la transformación “tasseled cap” (Richards y Jia, 2006), la
última incluye los componentes brillo, verdor y humedad calculados por medio
de la herramienta RStoolbox.
El proceso de asignar etiquetas categóricas a unidades básicas de muestreo
de la supercie terrestre en representación raster (píxeles) utilizando datos
multiespectrales de percepción remota se conoce como clasicación de datos.
La asignación de etiquetas a los píxeles se puede lograr a través del análisis
multivariado de datos de reectividad, utilizando técnicas estadísticas de cla-
sicación y/o aprendizaje automático (Longley, 2005).
El método de control de calidad más ampliamente utilizado para el análisis
de uso del suelo y la vegetación es la construcción de una matriz de errores y
el cálculo de coecientes de ajuste a partir de ella (Congalton y Green, 2009).
La matriz de errores, también conocida como matriz de confusión, resume
el número de píxeles de imagen por clase en los resultados de clasicación
(columnas de matriz) y por clase en parcelas de control (las de matriz).
La diagonal de la matriz contiene los recuentos de píxeles que muestran
acuerdo entre el producto de clasicación y la parcela de control; los valores
fuera de la diagonal corresponden a píxeles con diferencias entre la predicción
y el control. Para cada clase en la matriz de errores, se calcula la proporción de
píxeles con acuerdo entre la predicción y el control, y esta métrica se elabora
por las (métrica de precisión del productor) y por columnas (métrica de pre-
cisión del usuario). Los valores globales de precisión por clase (métrica F1) se
calculan como la media armónica entre los valores de precisión del productor
y del usuario.
Dado que las clases utilizadas pueden presentar confusión por su simili-
tud en los valores de píxeles se recurrió a una reasignación de pixeles con base
en reglas de localización que logran disminuir el porcentaje de píxeles mal
etiquetados, se consideró que: los píxeles marcados como humedal o mangle
que se encontraron sobre pendiente del terreno mayor a 5%, alejados a más
de 1000 metros de un cuerpo de agua o escurrimiento se re-etiquetaron por la
clase de vegetación vecina próxima a ellos; los pixeles de etiquetados como ve-
getación de bosque templado que se localizaron por debajo de los 1000 metros
se reasignaron a bosque mixto de encino que es la rma espectral similar a
bosque templado. Se integraron a la clase urbana los píxeles de construcciones
calculadas por segmentación de objetos en imagen de alta resolución por el
servicio de BingMaps.
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Resultados
Bahía de Banderas es uno de los 20 municipios del Estado de Nayarit, se
encuentra entre al sur-poniente de esta entidad federativa, limita al sur con el
municipio de Puerto Vallarta que pertenece al vecino estado de Jalisco y el río
Ameca, al poniente con el Océano Pacico y al norte con el municipio de Compostela.
Figura 1. Ubicación del Municipio de Bahía de Banderas, Nayarit
Fuente: elaboración propia con base en Sistema Cartográco Nacional, INEGI.
En el territorio de este municipio habitaron en la época pre colonial tribus
pertenecientes a la monarquía de Hueytlahtonazgo de Xalisco; existen
registros arqueológicos (hallazgos y testimonios) del asentamiento prehis-
pánico “Apetatuca y/o “Tongoroque” con un lenguaje de totorame, así como
hallazgos en las localidades de Sayulita, Higuera Blanca, Punta de Mita, Valle
de Banderas y San Juan de Abajo (Camelo, 2014).
Para 1904, se crea la Subprefectura de Valle de Banderas, en 1917 se
constituye el Estado de Nayarit, donde aún las localidades y ejidos del Valle
de Banderas eran parte del Municipio de Compostela. Entre 1954 a 1958, fue
construida la unidad de riesgo de Valle de Banderas, dominando inicialmente
dos mil 500 hectáreas, y posteriormente alcanzó una supercie cercana a las
diez mil hectáreas, lo que incrementó la producción agropecuaria (Ayunta-
miento de Bahía de Banderas, 2017).
En 1968, se concluye la construcción de la carretera Compostela-Puerto
Vallarta, motivada por el incremento turístico y la gran proyección interna-
cional (1965 a 1974) a Puerto Vallarta (Camelo, 2014). Para 1970 aun siendo
municipio de Compostela, se crea el Fideicomiso Bahía de Banderas con 5,162
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hectáreas expropiadas a los ejidos de la zona (entre la localidad de Bucerías y
río Ameca), e inicia una inversión en infraestructura, equipamiento turístico y
la construcción del fraccionamiento Nuevo Vallarta. Con ello se intensica el
crecimiento urbano, la oferta de alojamiento de alta densidad (Ayuntamiento
de Bahía de Banderas, 2017).
Para nales de la década de 1980, con un interés de potenciar el desarro-
llo turístico en la parte sur del municipio de compostela, se decidió crear el
municipio de Bahía de Banderas con base en el decreto expedido por la XXII
Legislatura del Congreso del Estado de Nayarit, de fecha 11 de diciembre de
1989, publicado en el Periódico Ocial del Gobierno del mismo Estado el 13 de
diciembre de 1989 (Camelo, 2014).
Para entender las características del territorio municipal, se describe las
condiciones ísicas del mismo, el cual pertenece a la provincia siográca Sie-
rra Madre del Sur y el eje neovolcánico; ello permite identicar que en este
territorio existe una diversidad climática, logrando una gama de paisajes y
ecosistemas, lo que facilita una biodiversidad con características únicas en la
región occidente de México (CONANP, 2023).
La sierra montañosa que pertenece a la sierra de Vallejo se ubica una red
hidrológica amplia que se asocia con el río Ameca. De igual forma la com-
plejidad geológica de esa parte del municipio facilita una variedad de suelo,
lo que permite que surja una diversidad de ora, además de alcanzar un uso
potencial para la la actividad agrícola, debido a su fertilidad y riqueza mineral
(CONANP, 2023).
La diversidad siográca que presenta el municipio permite el surgi-
miento de varios climas, predominando el cálido subhúmedo y semicálido
subhúmedo, con lluvias en los meses de mayo y hasta octubre. Esto facilita
la aparición de una vegetación exuberante, lo cual permite que predomine la
selva tropical y el bosque de pìno y encino (CONANP, 2023).
Además de la zona serrana el municipio cuenta con una de las bahías más
grandes del país y una importante área turística que incluye destinos popu-
lares. La costa de la bahía está formada por una combinación de playas de
arena, acantilados rocosos y zonas de manglares; el fondo marino es diverso,
con áreas de profundidades variables, en algunas partes, se pueden encontrar
arrecifes de coral, especialmente cerca de las islas Marietas.
La planicie entre el río Ameca y la Sierra es aprovechado para la produc-
ción agrícola y pecuario, así como de asentamientos humanos que pueden ser
una fuerte presión a la Área Natural Protegida de la Sierra de Vallejo.
En trabajos anteriores se ha demostrado que existen cambios de uso del
suelo en este municipio. Marquez (2008), desarrolló un trabajo donde encontró
cambios durante el periodo de 1976 al año 2000. En esta investigación se iden-
ticó que el uso de suelo agrícola aumentó un 7%, mientras que el bosque de
encino se redujo en un 2%, para dar paso al desarrollo de asentamientos
humanos, aunque también se debe a un aprovechamiento forestal y a los incen-
dios. De igual forma en este trabajo se resalta que la selva tuvo la mayor trans-
formación, debido al desarrollo turístico. Finalmente se identicó que los pas-
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tizales disminuyeron debido a que fue sustituido por cultivo de temporal, así
como de huertos de árboles frutales.
Este primer análisis da pie para hacer un ejercicio más actual, revisando
que tanto esos cambios se mantienen, y si existe un interés por preservar el
territorio lo más natural posible, para conservar el atractivo natural vigente,
así como preservar el paisaje para el cuidado de la ora y fauna que toman
como su hábitat.
Bahía de Banderas cuenta con diversos tipos de vegetación, entre bosques,
matorrales y pastizales; así también existen humedales, cuerpos de agua, mean-
dro y playa; así como suelo agrícola, área que-
mada y asentamiento humano. De igual forma,
en el análisis de las imágenes de satélite, se en-
cuentran zonas no identicadas que represen-
tan menos del uno por ciento de la supercie.
El uso de suelo con mayor extensión es
bosque tropical caducifolio donde, para el
2002 cubría cerca del 50 por ciento de la su-
percie, pero para el 2022 apenas y rebasó el
35 por ciento; este es uno de los usos de suelo
que más redujo su supercie, por lo que es una
preocupación, ya que en varias de esas zonas
habitan diversas especies que están en peligro
de extinción. De igual forma, es importante
considerar que la pérdida de bosque contribu-
ye al cambio climático, alterando la tempera-
tura y no permitiendo la reducción de los gases
de efecto invernadero por la disminución de
este tipo de arbolado.
Otros de los usos del suelo que tienen
mayor cobertura son el asentamiento humano, el suelo agrícola permanente
y el pastizal. Estos fueron los que tuvieron mayor expansión en el periodo de
análisis 2002-2020. Donde el asentamiento humano tuvo un incremento del
10.30%, el cultivo permanente creció un 5.10%, mientras que el pastizal, in-
crementó su cobertura el 7.53% (ver cuadro 1).
Bahía de Banderas
recibe el aporte del río
Ameca (límite entre
el Estado de Nayarit
y Puerto Vallarta)
que contribuye a
la diversidad de la
vida marina y crea
condiciones favorables
para la proliferación
de manglares.
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Cuadro 1. Distribución de las hectáreas y su cobertura de porcentaje de los
usos del suelo en el municipios de Bahía de Banderas entre 2002 y 2022
USOS DE SUELO
HECTAREAS
2022
HECTAREAS 2002 I/D
No identicado 258.12 0.49% 268.09 0.35% 0.14%
Bosque topical cau-
ducifolio
18622.76 35.43% 36851.94 47.77% -3.31%
Bosque de encino 2345.22 4.46% 5996.21 7.77% -3.31%
Bosque templado 1654.76 3.15% 2119.69 2.75% 0.40%
Bosque mixto 125.55 0.24% 2430.72 3.15% -2.91%
Pastizal 5978.18 11.37% 2963.57 3.84% 7.53%
Matorral 1784.45 3.39% 4707.18 6.10% -2.71%
Suelo agricola per-
manente
6743.16 12.83% 5959.55 7.72% 5.10%
Suelo agrícola de
temporal
2342.48 4.46% 6477.59 8.40% -3.94%
Suelo agricola de
riego
2193.32 4.17% 5209.58 6.78% -2.58%
Área quemada 951.28 1.81% 23.54 0.03% 1.78%
Humedal 1036.87 1.81% 23.53 0.66% 1.31%
Agua 364.14 0.69% 633.65 0.82% -0.13%
Meandro/playa 1069.43 2.03% 534.58 0.69% 1.34%
Asentamiento hu-
mano
7096.14 13.50% 2466.05 3.20% 10.30%
Total 52565.86 100.00% 77150.6 100.00%
Fuente: Elaboración propia con base en imágenes de satélite.
I/D= Incremento/Decremento
Respecto a los cambios de cobertura entre ambas fechas se puede mencio-
nar como notable que la urbanización y cobertura antrópica paso de 3.20%
a 9.20% de la supercie municipal triplicando su extensión en el periodo es-
tudiado; la cobertura de pastizal paso de 3.87% a 7.75% que corresponde a la
apertura de nuevas parcelas para ganado, las supercies agrícolas pasaron de
22.87% de la supercie municipal a 21.46%; sin embargo, esta reducción fue
cedida principalmente a la urbanización.
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Los suelos presentes en el valle y cercanos al río Ameca, son aprovechados
para el cultivo, mismos que se han degradado ísica y químicamente; además
del incremento de área urbana. Los suelos presentes en la Sierra de Vallejo,
tiene poco impacto negativo, aunque se presentan cultivos de palmeras, gana-
do e infraestructura antrópica; para el caso de los suelos en la costa, la degra-
dación hídrica es constante, aunado a que existe un gran interés por continuar
urbanizando para atender la demanda de la actividad turística.
Figura 2. Cobertura de uso del suelo y vegetación en el municipio de Ba-
hía de Banderas, Nayarit para el año 2002
Fuente: Elaboración propia con base en las imágenes de satélite.
Las alteraciones que se observan en las imágenes, se nota una presencia cada
vez más intensa de las localidades que bordean el río Ameca. En esa área se
maniesta una mayor densidad de los asentamientos humanos, lo que im-
plica una alta concentración de construcciones, donde seguro el desarrollo
inmobiliario se ve presente en esa zona (ver guras 2 y 3).
Si se comparan las dos imágenes del 2002 y 2022 se observa que la mayor
intensidad de urbanización se maniesta en la parte costera, demostrando
que el desarrollo turísticos sigue intensicando el proceso urbano, junto con
toda la infraestructura de comunicaciones que se ha generado en los últimos
años en el municipio de Bahía de Banderas (ver guras 2 y 3).
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Figura 3. Cobertura de uso del suelo y vegetación en el municipio de Bahía
de Banderas, Nayarit para el año 2022
Fuente: Elaboración propia con base en las imágenes de satélite.
Sobre el tema de infraestructura, se observa como en la parte oeste del mu-
nicipio, se ha construido una serie de vías de comunicación terrestre, lo que
ha provocado que se intensique, sobre esas líneas asentamiento humano, lo
que conlleva que una parte del municipio que cuenta con selva y bosque puede
estrangularse en un tiempo próximo, provocando una modicación en el uso
del suelo, perdiendo un porcentaje importante de vegetación primaria.
Por otro lado, las comunidades que tienen mayor incremento demográ-
co, según datos de los diferentes censos de población y vivienda generado
por el INEGI, se encuentra a Mezcales, Nuevo Vallarta, San Jose del Valle, San
Vicente, Corral del risco y El Porvenir. Todos ellos asentados justo a la bahía
y unos más junto a la cabecera municipal del municipio. Lo que muestra una
fuerte presión urbana provocando que en los alrededores se generen cambios
de uso del suelo para impulsar la expansión urbana y el desarrollo de algunas
actividades primarias como la agricultura y ganadería, que son usos de fuerte
presión al cambio del suelo de zonas de selva y bosque en el municipio de Ba-
hía de Banderas (ver cuadro 2).
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Cuadro 2. Crecimiento poblacional de las principales localidades del municipio
Población Total Tasa de Crecimiento Medio Anual
Localidad 1990 1995 2000 2005 2010 2015 90-95 95-00 00-05 05-10 10-15 TCMA Prom
Aguamilpa 755 628 723 646 681 660 -3.6 2.9 -2.2 1.1 -0.6 -0.5
Bucerías 4,019 5,711 8,833 11,059 13,098 15,231 7.3 9.1 4.6 3.4 3.1 6.1
Corral del Risco 479 571 1,597 2,032 2,304 2,658 3.6 22.8 4.9 2.5 2.9 8.2
Cruz de Huanacaxtle 1,293 1,748 2,291 2,589 3,171 3,611 6.2 5.6 2.5 4.1 2.6 4.6
El Colomo 1,338 1,200 1,081 1,280 1,476 1,674 -2.2 -2.1 3.4 2.9 2.5 0.5
El Porvenir 1,248 1,894 2,914 4,271 6,046 7,612 8.7 9 7.9 7.2 4.7 8.2
Higuera Blanca 603 564 755 960 1,360 1,663 -1.3 6 4.9 7.2 4.1 4.2
La Jarretadera 3,110 3,426 4,362 5,589 6,262 7,212 2 4.9 5.1 2.3 2.9 3.6
Lo de Marcos 1,250 1,177 1,418 1,560 1,792 1,979 -1.2 3.8 1.9 2.8 2 1.8
Mezcales 1,402 2,079 2,632 3,814 20,092 28,822 8.2 4.8 7.7 39.4 7.5 14.2
Nuevo Vallarta 180 154 209 420 1,302 1,849 -3.1 6.3 15 25.4 7.3 10.4
San Francisco 750 801 1,090 1,459 1,823 2,190 1.3 6.4 6 4.6 3.7 4.5
San José del Valle 4,438 5,188 6,217 7,160 22,541 30,703 3.2 3.7 2.9 25.8 6.4 8.5
San Juan de Abajo 7,339 8,159 8,811 9,161 10,442 11,258 2.1 1.5 0.8 2.7 1.5 1.8
San Vicente 2,873 3,543 5,776 7,849 14,324 18,598 4.3 10.3 6.3 12.8 5.4 8.4
Sayulita 994 1,135 1,675 2,318 2,262 2,556 2.7 8.1 6.7 -0.5 2.5 4.2
Valle de Banderas 4,376 5,053 5,528 6,738 7,666 8,735 2.9 1.8 4 2.6 2.6 2.8
Fuente: Elaboración propia con base en los censos 1990, 2000 y 2010, así como de los conteos del 1995, 2005 y 2015 de población y vivienda generados por el INEGI.
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Conclusiones
Un municipio diícilmente se mantiene ajeno a los impactos en el cambio de
uso del suelo, el cual es un elemento central del desarrollo sustentable, por lo
que es necesario integrar acciones que fortalezcan a los territorios para en-
frentar tal desaío. En el caso de Bahía de Banderas, su situación costera lo
expone a riesgos de pérdida de vegetación, debido a que el turismo es una de
las actividades depredadoras del paisaje natural.
De acuerdo a diversos estudios (Aguayo et al., 2009; López et al., 2015;
Marquet et al., 2019; SEMARNAT, 2019), los cambios en el uso del suelo han
causado impactos en los sistemas naturales y alterando el capital natural que
puede aprovechar la población local. En varios casos, los cambios pueden mo-
dicar la temperatura y los sistemas hidrológicos, lo que afecta los recursos
hídricos en términos de cantidad y calidad, así como los riesgos a inundacio-
nes debido a falta de absorción del agua por la pérdida de vegetación.
Varias de las especies que tienen como hábitat estos territorios, han mo-
dicado sus áreas de distribución geográca, patrones de convivencia con el
entorno, pautas migratorias e interacciones con otras especies en respuesta
a esta modicación de su hábitat; por lo que es necesario entender este fenó-
meno que no solo afecta a la población, sino también a otras especies como el
jaguar y todo el capital natural existente en el territorio.
De acuerdo a lo que se maniesta con el cambio de uso del suelo en el mu-
nicipio de Bahía de Banderas pueden presentarse diversas problemáticas, tal
es el caso de las precipitaciones que pueden provocar inundaciones por la falta
de vegetación y capacidad de ltración. Un riesgo potencial son las sequías,
debido a las alteraciones en el temporal de lluvia y si este se combina con el
proceso de urbanización incontrolado, generado por el desarrollo turístico, se
estaría expuesto a una escasez del vital líquido para la necesidades de la pobla-
ción y las actividades agropecuarias.
El nivel del riesgo y consecuencia de incendios forestales puede ser otro
problema cuando quienes ven una alternativa de explotación del suelo en tér-
minos agrícolas o urbanos, pueden provocar incendios y salirse de control. Así
también la pérdida de vegetación aumenta la probabilidad de deslizamientos
en laderas con altas pendientes.
En los últimos años, el acelerado crecimiento urbano por el desarrollo in-
mobiliario y turístico, ha generado una serie de problemáticas en cuanto a la
fuerte presión en áreas con exuberante vegetación. A pesar de contar con un
Plan Municipal de Desarrollo Urbano, éste ha sido rebasado por la gran presión
del proceso de urbanización, lo que ha generado un acelerado crecimiento po-
blacional en las zonas de amortiguamiento de esta área boscosa, ocasionando
el incremento de zonas agrícolas y de pastizales para la ganadería.
Esta expansión urbana también provoca una fuerte demanda por satisfa-
cer el acceso de agua potable en las localidades ubicadas en el municipio y su
entorno, lo cual se agudiza con la fuerte presión del desarrollo turístico que
está siendo impulsado en toda la zona de Bahía de Banderas.
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Es un hecho que el cambio de uso del suelo es un serio problema que puede
verse por diversos enfoques. El capital natural que se pierde en este proceso
provoca alteraciones en el clima, lo que implica en un determinado tiempo
incremento de temperatura y reducción de agua. De igual forma existe una
pérdida de hábitat para la fauna que tendrá que adaptarse al nuevo entorno
que le provoca esta pérdida de vegetación. La desaparición de arbolado y
demás vegetación, puede provocar erosión del suelo, elevando el riesgo de
deslizamientos de tierra y demás desechos orgánicos que pueda arrastrar
la corriente por las lluvias, siendo un riesgo latente de inundaciones en las
partes bajas del municipio.
Todo ello es debido a la incontrolada deforestación en la zona que busca
aprovechar el paisaje natural el desarrollo de la actividad turística y todo lo
demás que conlleva, la expansión urbana y el desarrollo de infraestructura
carretera y demás medios de comunicación.
Si se comparan los estudios previos sobre el cambio de uso del suelo en
este municipio se puede concluir que el proceso urbano y de forma especíca
el desarrollo de la actividad turística, está ganando suelo a las áreas naturales
como el bosque, la selva y pastizales. La agricultura en una primera parte
aumentó su supercie, sin embargo, en los últimos años su participación se
redujo, pero esta disminución pasó a ser asentamiento humano e infraestruc-
tura de comunicaciones y otras relacionadas con el turismo.
Las zonas con mayor vulnerabilidad es la zona costera, teniendo la fuerte
presión del desarrollo turístico, por lo que es necesario dar un lugar especial
a este tipo de análisis para incorporarlos en las herramientas de planeaciòn y
desarrollo territorial, siendo estos una estrategia política para la conservación
del medio natural, albergar especies silvestres y mantener una importante
cobertura vegetal.
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Recepción: 30 de marzo de 2024
Aceptación: 17 de junio de 2024
Actores sociales, historia oral
y uso del suelo en Pachuca
https://doi.org/10.59307/rerne2.378
Roldán-Cruz, E. y De la Cruz-Bustos, A./ El Colegio del Estado de Hidalgo
https://orcid.org/0000-0001-6811-7967
Resumen
L
os llamados Asentamientos Humanos Irregulares (AHI), constituyen
una de las dinámicas y procesos predominantes en la producción de las
ciudades. Empero, la gura del ejido y la participación de diversos actores
sociales en las negociaciones sobre el destino del uso, denen territorios donde
se yuxtapone la informalidad y la formalidad. Por tal, el objetivo del texto es
describir y analizar procesos de territorialización y negociación que facilita-
ron la consolidación de al menos cuatro AHI que explican cierta inuencia en
la lógica urbana de la ciudad de Pachuca, actual nodo urbano dominante del
estado de Hidalgo. La metodología empleada fue trabajo de campo mediante la
aplicación del método etnográco, máxime en las localidades de El Arbolito,
San Antonio el Desmonte, San Pedro Nopancalco y la Colonia Popular 20 de
Noviembre. Asimismo, apoyado en la Teoría de la Construcción Social del
Territorio, este trabajo permitió sumergirse en las memorias históricas de los
habitantes, con accesos a los procesos que llevaron al origen de los referidos
AHI, dando como resultado, el conocimiento de las intrincadas relaciones
sociales entre diversos actores e instituciones que estuvieron involucrados en
las negociaciones para la transición hacia la regularización de sus predios.
Palabras clave: asentamientos humanos irregulares, territorio, memoria histórica,
uso de la tierra ejidal, actores sociales
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Social actors, oral history,
and land use in Pachuca, Hidalgo
Abstract
T
he so-called Irregular Human Settlements (IHA) constitute predominant
dynamics and processes in the urban production of cities. However, the
gure of the ejido and the participation of various social actors in the nego-
tiations on the destination of use, dene territories where informality and
formality are juxtaposed. Therefore, the objective of the text is to describe and
analyze those processes of territorialization and negotiation that facilitated
the consolidation of at least four AHI that explain a certain inuence on the
urban logic of the city of Pachuca, the current dominant urban node of the state
of Hidalgo.The methodology employed, among others, is eldwork through
the application of the ethnographic method, especially in the localities of El
Arbolito, San Antonio el Desmonte, San Pedro Nopancalco, and the Colonia
Popular 20 de Noviembre. Likewise, supported by the Theory of the Social
Construction of Territory, this work allowed for immersion into the historical
memories of the inhabitants, with access to the processes that led to the origin
of the aforementioned Irregular Human Settlement (IHS), resulting in the
understanding of the intricate social relationships among various actors and
institutions that were involved in the negotiations for the transition towards
the regularization of their lands.
Keywords: irregular human settlements, territory, historical memory, ejidal land
use, social actors
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Introducción
El fenómeno de la irregularidad en el uso del suelo, así como las causas/
consecuencias que lo acompañan, son abordadas desde diferentes ópticas,
muchas con el objetivo de encontrar el hilo rojo de la informalidad en la tenencia
de la tierra, que permita aportar cierta solución a los miles de asentamientos
humanos irregulares que se encuentran conviviendo dentro y fuera de las
ciudades en México. Empero, quizás se desestima la capacidad del ser humano
de ubicar, apropiar, domesticar y pensarse en un espacio determinado; es decir,
la necesidad de transformar el espacio en territorio (Giglia, 2012).
En consecuencia, cada asentamiento humano dentro o fuera de los marcos
legales, constituye un territorio permeado por la cultura y las relaciones sociales
que envuelven a sus habitantes. Aunque el territorio pueda ser desconocido por
el Estado y sus instituciones, al ser reconocido por las redes comunitarias que
lo conforman le otorgan legitimidad social. Esta legitimación es crucial para
fortalecer el sentido de pertenencia y construir una identidad local, por ende, es
incluso más signicativa que la validez jurídica (Caldeira, 2017; Durand, 2006).
En demasía, no de manera exclusiva, los llamados AHI se caracterizan por
poblaciones vulnerables, como migrantes de pueblos originarios, áreas rurales
y familias en condiciones de pobreza dispuestos a habitar espacios que carecen
de servicios básicos, motivados por el imaginario colectivo de una vivienda en
la ciudad (Lindón, 2005). Para el caso de algunos asentamientos, ante la falta
de recursos económicos y de actores sociales que puedan inuir a su favor en
el proceso de transición de la informalidad a la formalidad, se ven orillados
a unirse a movimientos y luchas que persiguen objetivos diversos, pero cuya
consecución los acerca a la utopía de la propiedad privada (Lombard, 2015;
Lindón, 2002).
Así pues, el presente texto plasma los resultados del trabajo etnográco
realizado en el periodo de diciembre de 2022 a junio de 2023, cuyo objetivo fue
describir y analizar los procesos de territorialización y negociación que facili-
taron la consolidación de cuatro asentamientos humanos irregulares de gran
inuencia en la lógica urbana de la ciudad de Pachuca, actual nodo urbano
dominante de Hidalgo.
La Teoría de la Construcción Social del Territorio
Desde una perspectiva antropológica, la Teoría de la Construcción Social
del Territorio (TCST) permite comprender al territorio como un producto
de las relaciones sociales permeadas por la cultura. En lugar de enfocarse
exclusivamente en cuestiones espaciales, la TCST dirige la atención hacia las
relaciones de poder entre los actores involucrados (Shwartz & Streule, 2024).
Además, destaca la importancia de la narrativa en la construcción de discursos
situados territorialmente y la consolidación de un capital social que por medio
de lazos fuertes y débiles persigue objetivos tanto individuales como colectivos
(Martínez, 2012; Carballeda, 2015).
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En ese sentido, la TCST, permite explicar la consolidación de los cuatro
asentamientos seleccionados desde sus cimientos en redes de parentesco
como en la búsqueda de otros actores sociales que ayudaran a consolidar un
capital social útil para la defensa y permanencia de su territorio.
Por lo tanto, en un primer análisis, la familia representó la institución
central en el acceso a la tierra, así como para su circulación a través de
procesos económicos que surgieron en el marco de relaciones sociales
institucionalizadas como el matrimonio. En el caso del barrio El Arbolito, el
matrimonio representó el único medio a través del cual las mujeres podían
acceder a la tierra; cuando un minero moría, si éste tenía esposa, se le entregaba
un pago único con el cual ella podía acceder a un pedazo de tierra que el mismo
dueño de la mina tenía a la venta.
De igual forma, en la colonia de San Pedro Nopancalco, la familia como
unidad facilitó el proceso de ocupación a partir de la domesticación del
espacio y su habitabilidad. A través de la familia se reprodujo la comunidad
de origen al llamar a sus parientes y poblar casa por casa un espacio hostil
que con el tiempo fue cubierto por tradiciones y costumbres perceptibles en la
distribución y uso del espacio, casi siempre con características que desaían la
lógica de producción urbana impuesta por la ciudad (Fernández, 2012).
Empero, al ser asentamientos ubicados en las periferias de una ciudad en
crecimiento, la llegada de nuevos residentes representa un factor a considerar
en el estudio del territorio. Los imaginarios colectivos de un grupo inicial se
ven contrapuestos con el sistema de creencias de los recién llegados, de modo
que, en los procesos de interacción y conicto, los discursos sobre el territorio se
reconstruyen, dando lugar a nuevos imaginarios que se contextualizan con las
circunstancias del momento histórico actual (Lindón, 2002; Carballeda 2015).
De ahí que, un segundo análisis de la CST de los asentamientos, parte
de la necesidad que tienen los grupos sociales de incluir nuevos actores
para la planeación de estrategias que ayuden a conservar o en el caso de los
asentamientos irregulares, defender y regularizar sus territorios (Martínez,
2012). La conformación de este tipo de redes sociales da lugar a la consolidación
de un capital social que facilita acciones y recursos a individuos y/o grupos que
se encuentran dentro de una estructura social determinada (Durston, 2000).
Este tipo de vínculos y redes sociales también se conocen como lazos
débiles (Cruz y Verd, 2012), los cuales se ubican principalmente fuera de las
redes de parentesco y proporcionan información desconocida o de diícil
acceso para la comunidad de origen que puede favorecer a la consolidación del
territorio (Schneider y Peyré, 2006).
En el caso del asentamiento de San Antonio el Desmonte, la interacción con
actores sociales fuera de sus círculos cotidianos fue el puente que los conectó con
un mercado de tierras fuera de la organización familiar y la estructura ejidal que
venían manejando durante cuatro décadas. Sin embargo, la desventaja de este
tipo de vínculos es que suele haber una disparidad entre el nivel de reciprocidad
de los actores involucrados, principalmente por las desigualdades de recursos,
poder e información que las partes poseen (Cruz & Verd, 2012).
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De este modo, desde la perspectiva de algunos entrevistados , los
fraccionadores compraban tierra a bajo costo aprovechándose de sus necesidades,
utilizando como ventaja el desconocimiento de ellos sobre los criterios para
estimar el precio de la tierra. Esto dio como resultado un territorio discontinuo
y con diferentes niveles de permeabilidad, observables en la construcción de
fraccionamientos amurallados que rompen con la distribución tradicional del
espacio de la localidad. Pese a, este tipo de negociación, aunque desigual, facilitó
la municipalización de la localidad y por ende la dotación de servicios que
continuamente se les había negado a sus habitantes.
Ahora bien, los lazos débiles se forman principalmente a través de
relaciones sociopolíticas, en donde funcionarios públicos, actores políticos y
demás miembros del sector formal facilitan la dotación de servicios, favores
burocráticos, licencias o permisos de algún tipo a cambio de lealtad y gratitud
(Lomnitz, 1988). Y aunque esto pareciera demasiado ventajoso para la población
de los asentamientos, la realidad es que este tipo de relaciones clientelares
convierten la desigualdad en subordinación, y utilizan la gratitud en una
obligación moral que une en una relación de largo plazo a un patrón con los clientes
que de él dependen (Combes, 2011).
Ejemplo de esto es la colonia popular 20 de noviembre cuyo territorio se
construyó no sólo desde la unidad familiar como medio adaptativo, sino también
desde un proceso en que el acceso a la tierra y el imaginario de la vida en la ciudad
son las principales piezas de intercambio entre líderes políticos y poblaciones
vulnerables.
Aunque el objetivo perseguido no siempre coincide con el de los líderes
políticos, el benecio obtenido se traduce en la posesión de un patrimonio,
ya sea dentro o cerca de la ciudad, lo que, en el imaginario colectivo, sigue
representando la idea de progreso y mejores oportunidades de vida.
A pesar de que los lazos entre las partes se han forjado voluntariamente, es
imposible ignorar los elementos simbólicos que se mantienen velados dentro
del discurso sobre la vulnerabilidad, la pobreza y la irregularidad, mismo que ha
servido como herramienta de generación y preservación de las desigualdades
sociales en las que se encuentran muchos AHI, incluidos las áreas de estudio aquí
abordadas (Lombart, 2015; Lomnitz, 1988).
Lógicas de urbanización y asentamientos humanos
A continuación, se describen los procesos históricos, territoriales y de regu-
larización de cada área de estudio, seleccionadas debido a su impacto en el
crecimiento urbano de la ciudad capital hidalguense. Además, tal elección
se debe a la importancia de la participación de diversos actores sociales en
relación con el uso, así como negociaciones de la tierra ejidal para la formación
de territorios donde la informalidad y la formalidad se yuxtaponen una a la otra.
A saber, las cuatro áreas de estudio son: 1) El barrio de El arbolito
consolidado según la historia oral en las primeras dos décadas del siglo XX;
2) El pueblo de San Antonio el Desmonte congurado a tan solo pocos años
después de la revolución mexicana, en 1925; 3) La localidad de San Pedro
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Nopancalco creada en 1940 por las familias de ejidatarios del polígono de
Santiago Tlapacoya; 4) Colonia popular 20 de noviembre, creada en 1983 como
parte de un programa asistencialista y de carácter partidista.
En la gura 1. Se puede observar con mayor precisión la ubicación de
los asentamientos arriba señalados, así como su distribución a lo largo del
municipio de Pachuca.
Figura 1. Localización de los cuatro AHI al interior de la mancha urbana
Fuente 1: elaborado por el laboratorio de geomática; Colegio del Estado de Hidalgo
Cada área de estudio fue seleccionada debido a su impacto en el crecimiento
urbano de la ciudad, así como la importancia de la participación de diversos
actores sociales en relación con el uso y las negociaciones de la tierra ejidal
para la formación de territorios donde la informalidad y la formalidad se yu-
xtaponen una a la otra.
Para abordar este estudio, se optó por el uso del método etnográco, una
metodología de tipo cualitativo que a partir de la descripción densa de una
población y su territorio permite la comprensión profunda de diversos temas
construidos socialmente por la población estudiada.
Para la aplicación del método etnográco, es imperativo el trabajo de
campo, este tuvo lugar en el periodo de diciembre de 2022 a junio de 2023.
El primer acercamiento a las localidades se dio por medio de informantes
clave, quienes en su mayoría son adultos de la tercera edad y ejidatarios y/o
avecindados de los asentamientos estudiados. Ellos facilitaron el acceso a sus
localidades y habitantes, así mismo, se optó por la aplicación de entrevistas se-
miestructuradas, esta técnica de investigación le conere mayor naturalidad
a la entrevista, de modo que parezca una conversación casual entre el
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entrevistado y el investigador, logrando así, mayor apertura y exibilidad por
parte del entrevistado.
Se aplicaron 12 entrevistas semiestructuradas a adultos de la tercera edad
pertenecientes a familias originarias de los asentamientos, quienes compar-
tían una visión histórica del origen y permanencia de sus localidades. Cinco
de las entrevistas se aplicaron a mujeres de la tercera edad cuya perspectiva
en los procesos de territorialización fue de ayuda para imaginar y describir
su papel en la domesticación del espacio y en el caso particular de uno de los
casos de estudio, la construcción de todo un territorio.
Algunos de los entrevistados actualmente forman parte de comunidades
ejidales, lo que permitió explorar a partir de sus memorias históricas, desde
el momento en que les fueron donadas las tierras a inicios del siglo XX, hasta
la fragmentación y la casi extinción de la tierra ejidal a partir de los procesos
urbanos, llámense informales o formales.
Así mismo, con el apoyo del laboratorio de geomática del Colegio del Es-
tado de Hidalgo (CEH), se hizo levantamiento de imágenes con dron; esto per-
mitió visualizar la imagen y distribución del espacio y de esa forma integrarlo
al relato de sus habitantes.
De forma complementaria, se consultaron otras fuentes de información,
como artículos de opinión pública, informes de medios de comunicación, -
chas del núcleo agrario y bibliograía especíca que ayudaron a respaldar al-
gunos de los acontecimientos mencionados en los relatos.
La historia urbana de Pachuca se remonta a su pasado minero, pues por
su ubicación en el Eje Neovolcánico Mexicano se consolidó como el princi-
pal Distrito Minero del estado de Hidalgo, en él se extraía máxime plata, la
cual fue pieza clave del desarrollo económico y crecimiento demográco de
la región en los siglos XVI y XIX (Saavedra y Sánchez, 2008; Cubillo y Piedras,
2019). Como resultado de la alta demanda laboral generada por la industria
minera, se conguraron asentamientos alrededor de las minas, habitados
principalmente por trabajadores mineros y sus familias. Con el paso del tiem-
po, los cerros que rodeaban estas minas, como el Cuixi, La Magdalena y San
Cristóbal, se llenaron de viviendas autoconstruidas con diversos materiales.
Este proceso diseñó un paisaje de irregularidad que rodea el centro históri-
co de la ciudad de Pachuca. Además, estas colinas, parte de la Sierra Madre
Oriental funcionan como una barrera ísica para el crecimiento urbano de la
ciudad, orientándose hacia el sur.
Dentro de estos asentamientos históricos destaca por su resiliencia ur-
bana el Barrio de El Arbolito, recientemente nombrado Barrio Mágico por la
Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado de Hidalgo; precisamente fue
justicada tal decisión, por el constante esfuerzo de la sociedad, algunas ve-
ces de la política pública local, en el rescate del patrimonio minero y la lucha
por desprenderse del estigma que acompaña a la irregularidad y el calicativo
de “barrio. La estructura del Barrio de El Arbolito, según especialistas, está
condicionada por las características topográcas del cerro y los vestigios de la
industria minera; en la gura dos se pueden visualizar estas características.
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Figura 2. Barrio Mágico El Arbolito
Fuente 2: Imagen tomada con dron por el Laboratorio de Geomática; CEH
La mayoría de sus calles fueron construidas sobre hoyos o tiros de minas, lo
que llevó a que el barrio fuera declarado zona de riesgo por el Servicio Geoló-
gico Mexicano en 2006 (Rico, 20 de mayo de 2023). En ese mismo año, se inició
un proceso de desalojo, pero este fue de limitado tiempo. Las personas fueron
trasladadas a un albergue, y sólo aquellas que pudieron comprobar la posesión
legal de sus predios recibieron paquetes de materiales y un terreno de 90 me-
tros cuadrados, muchos de ellos localizados en el municipio de Mineral de la
Reforma (Colonia La Providencia).
(…) algunos yo creo que corrieron con buena suerte, algunos líderes y que ya les
habían arreglado sus escrituras, entonces esos son los que reubicaron (…) se los
llevaron a la providencia, o en otra colonia, les dijeron te voy a dar un terreno y
un paquete de 30 mil pesos, pero, ahí vamos a buscarle la lógica, aquí había casas
hasta de tres pisos que tenían hasta tina, chimenea, entonces te dan un lugar de
90 m
2
y pues en obra negra, 30 mil pesos, (…) eso no funciona, pues por obvias
razones muchos pues siguieron viviendo aquí (Informante clave, 6 de febrero del
2023).
Este comentario reeja algunas de las razones por las cuales bastantes habi-
tantes que tenían sus casas sobre zonas de riesgo, pero más aún no contaban
con la regularización de sus predios, prerieron regresar a sus hogares a pe-
sar de las indicaciones de las autoridades. El desplazamiento no sólo forzó
el abandonar el lugar de sus antepasados, también los obligaba a adaptarse
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a viviendas que no estaban en sintonía con su cultura y en un entorno ajeno
a su estilo de vida. Es de resaltar que la regularización de tierras no ocurrió
de manera uniforme en tal localidad, pues fue otorgado casi exclusivamen-
te a aquellos que estaban involucrados en movimientos y campañas políticas.
La promesa de certeza jurídica, el reconocimiento por los favores y servicios
prestados a los partidos políticos, y una especie de seguro en caso de acciden-
tes relacionados con los riesgos de la zona, fueron los factores que impulsaron
esta regularización selectiva.
Has de cuenta que yo soy de x partido, que vengo y les prometo que un
pedazo de terreno, que yo los voy a regularizar, que no se preocupen cuan-
do yo llegue, y si los regularizan en el sentido de que paguen un predio,
algunos yo creo que corrieron con buena suerte, algunos líderes y ya les
arreglaron sus escrituras, entonces esos son los que reubican cuando sus
casas se caen abajo (Integrante de la Asociación Unidos por el Arbolito, 6
de febrero de 2023)
Un año después, el barrio de El arbolito fue nuevamente declarado como zona
de riesgo tras el paso del huracán Dean. Sin embargo, los habitantes, acos-
tumbrados a esta situación, hicieron caso omiso de la alerta. Al parecer, las
autoridades también desistieron, ya que el 28 de febrero del presente año la
Secretaría de Turismo (Sectur) emitió cierto comunicado ocial otorgando el
nombramiento de “Barrio Mágico” al Barrio de El Arbolito. Esto se debe a que
fue una de las primeras colonias en habitarse gracias a la industria minera
(Sectur, 2023)
Así pues, tal distinción se contradice con la advertencia de riesgo de hun-
dimiento en las principales calles de la localidad; existen colectivos que buscan
eliminar el estigma de ser un “Barrio Peligroso” a través del turismo basado en
su pasado minero, por otro lado, hay quienes temen que la llegada de turistas
ponga en riesgo el trabajo colectivo realizado en la localidad para mantenerla
limpia y segura.
En el segundo contexto urbano/histórico, se sitúa con la creación de la -
gura del ejido versus expropiación de los grandes latifundios/haciendas, como
resultado de la lucha agraria en México, la cual tuvo consecuencias inespera-
das en el desarrollo urbano de las ciudades. Durante este proceso se repartie-
ron 103 millones de hectáreas (52 por ciento del territorio nacional), creando
así 29 mil 700 ejidos y 2 mil 300 comunidades ejidales que en conjunto cons-
tituyen la propiedad social en México (De Ita, 2006; Varley y Salazar, 2021).
El Pueblo de San Antonio el Desmonte, ubicado al sur de la ciudad a ambos
costados de la carretera México-Pachuca, participó en este proceso agrario.
Desde 1925 hasta 1929, se les concedieron 514 hectáreas y 90 áreas comunes, lo
que suma un total de 619 hectáreas (PHINA, 2023), siendo así, uno de los siete
ejidos con mayor supercie territorial dentro del municipio de Pachuca. En la
gura tres se puede visualizar su estructura urbana, así como los fracciona-
mientos y diversos usos del espacio.
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Figura 3. San Antonio el Desmonte
Fuente 3: Imagen tomada con dron por el Laboratorio de Geomática; CEH
Según la historia oral de la localidad, a principios del siglo XX los habitantes
del pueblo establecieron un Consejo de Administración liderado por el señor
Nemorio Ávila Lozano; el cual gestionó la solicitud de tierras ejidales para los
campesinos en 1925, y para 1929 se les concedieron 514 hectáreas y 90 áreas co-
munes que se distribuyeron entre las familias de los pobladores. La respuesta
favorable y la generosa asignación de tierras causaron asombro entre los po-
bladores. Sin embargo, con el tiempo surgió un obstáculo: la falta de recursos
tanto para producir y vivir de tales tierras, así como también la imposibilidad
de venderla de manera formal debido a su carácter ejidal. A pesar de esto, los
ejidatarios encontraron una solución. Inicialmente, comenzaron a vender sus
tierras a familiares:
Allá en el momento de ¿Qué será? Los setenta (…) el comisariado ejidal,
pues no había dinero en el Pueblo, pues que hacían este, se supone que las
tierras ejidales, eran de los ejidatarios y para los ejidatarios, pero pues la
gente no sabía leer, no sabía escribir y el comisariado (…) le empezó a ven-
der a sus compadres y a sus familiares y terrenos no de 10x 20, ¡50 x 50!,
en ese año 70 y terrenos de a ¿Cuánto crees que costaban? (…) una cuadra
completa, ¡cinco mil pesos, cuatro mil pesos!(…) entonces así fue como
se fueron haciendo los asentamientos irregulares en el ejido, y no nomás
aquí, en otros ejidos así fue (…) (Ejidatario, 23 de enero de 2023).
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Pero posteriormente, también a personas externas a la comunidad agraria
mediante la cesión de derechos:
Yo soy del Distrito Federal, por trabajo me vine para acá y hasta la fecha
estoy acá. (…) Hubo facilidades para adquirir los terrenos, o sea eran cuo-
tas no eran ventas porque no se podía vender porque era ejido, entonces
con cierta cooperación te cedían los derechos del terreno (Habitante del
Pueblo de San Antonio el Desmonte).
A la par del crecimiento de los asentamientos, comenzaron a surgir los
primeros fraccionamientos en las colonias cercanas/amuralladas; los
ejidatarios vieron en ellos un nuevo mercado para vender sus tierras,
aunque la naturaleza del ejido dicultaba esta posibilidad, y en un ini-
cio el municipio se mostró reacio a regularizar San Antonio debido al
temor de un aumento en el número de asentamientos.
En mayo de 1996 llega un programa aquí que se llama POCEDE (Programa
de Certicación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares Urbanos)
donde vienen a regularizar las tierras ya porque, aquí San Antonio no lo
querían regularizar porque decían que si lo regularizaban iba a ver más
asentamientos porque de acuerdo a la ley agraria que el artículo no sé qué
de Salinas de Gortari, lo regulariza y da permiso a que podamos vender las
tierras, entonces como nosotros estamos pegados a Pachuca no querían
que se regularizada San Antonio, porque si se regulariza San Antonio se va
acabar el Ejido.
(..) cuando viene el programa pues ya viene el INEGI, viene la Procuraduría
Agraria, viene el Registro Agrario Nacional y nosotros luchamos para que se
nos regularizara porque (…) ya tendríamos nuestro pedacito bien delimitado,
entons se regulariza y ya nos dan un certicado parcelario ((Ejidatario, 23
de enero de 2023).
Después de la regularización de sus terrenos, los ejidatarios de San Antonio
consiguieron acceder al mercado formal de tierras y obtener mejores precios
por sus terrenos. Esto no sólo mejoró su economía, sino que también facilitó
el acceso a servicios básicos que, hasta antes de la década de los 90, el muni-
cipio de Pachuca les había negado. En suma, el proceso de compra y venta de
los terrenos ejidales en San Antonio el Desmonte comenzó en 1970, pero se
aceleró dos décadas después con la llegada de empresas constructoras. Estas,
se presentaron como una opción más rentable para los ejidatarios que busca-
ban vender sus tierras. Aunque la venta de terrenos se realizó en diferentes
sectores de la población, los fraccionadores fueron el principal impulsor del
proceso de urbanización y expansión de la mancha urbana de Pachuca hacia
las tierras ejidales del ejido San Antonio.
En la actualidad, de las 618 hectáreas originales, sólo quedan 135.53 hectá-
reas de suelo de uso común, el resto se ha incorporado a la mancha urbana, sin
embargo, aún existen asentamientos irregulares al interior del ejido y del Pue-
blo de San Antonio el Desmonte, los cuales aún tienen limitantes para obtener
la regularización debido a diversos obstáculos burocráticos y administrativos.
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En tercer orden cronológico, de la historia urbana/asentamientos de Pachu-
ca, destaca la localidad de San Pedro Nopancalco
1
, ubicada al noroeste de la Ciu-
dad de Pachuca, sobre el Boulevard Ramón G. Bonl a menos de dos kilómetros
de Zona Plateada. Esta es una de las áreas con mayor plusvalía en Pachuca, dis-
tinguida por sus zonas residenciales, áreas comerciales y de recreación. Actual-
mente, podría considerarse como el nuevo centro de la ciudad. La colonia cuen-
ta con una supercie aproximada de 1.22 kilómetros cuadrados, forma parte del
ejido de Santiago Tlapacoya, uno de los más grandes de todo el municipio con
una supercie actual de 3 mil 330 hectáreas (PHINA, 2023). La historia oral la
ubica alrededor de 1940, antes de la primera expropiación de 1978 por Petróleos
Mexicanos (PHINA, 2023) para la instalación de oleoductos, sobre las cuales se
han asentado algunas viviendas; el Ejército Mexicano realiza visitas periódicas
en la localidad para evitar la extracción y venta ilegal de combustible.
Las características topográcas del espacio dicultaban su acceso y adap-
tación para convertirlo en un espacio habitable, por esta razón, los primeros
pobladores fueron voluntarios pertenecientes a las familias de los ejidatarios.
Aquí desgraciadamente era un cerro muy saturado de hierbas, de mucha
vegetación muy espesa, de vegetación árida por ejemplo había magueyes,
había biznagas, nopales, cactus, árboles de pirules, uñas de gatos, no po-
días pasar tenías que rodear el cerro porque era imposible entrar, se veía
tan oscuro que no se podía entrar (Informante clave, 30 de junio de 2023).
Las redes de parentesco facilitaron el poblamiento de tal asentamiento, y fue
hasta nales de la década de los setenta cuando comenzó a llegar población de
otros estados como Oaxaca, Chiapas y el Estado de México.
Estas tierras originalmente pertenecen a Santiago Tlapacoya y más o menos
en 1977 se empezó a venir la gente porque aquí estaba muy feo, no se podía
cultivar nada aquí y tampoco se podían dar muchas cosas, por eso había que
desmontar (Informante clave, 18 mayo de 2023).
Mi familia vive acá, entonces queríamos ver un terreno para venir a habitarlo
acá (…) Casi casi pues no había muchas cosas, más o menos en el año de
1978 empezó a poblarse más porque había insistencia de que viniéramos a
desmontar para poder habitarlo (Informante clave, 18 mayo de 2023).
Al igual que en San Antonio, no había un proceso de compraventa, sino más
bien ciertas cesiones de derechos de fácil acceso, pero organizada a través de
un sistema de cooperaciones y faenas.
Se manejaban cooperaciones para poder desmontar, si tú no desmontabas
tenías que pagar el servicio, pero luego se iban los ejidatarios y volvíamos
a hacer de nuevo cuenta porque era un relajo con ellos, se manejaba por
cuotas y con cuadernos, pero pues así eran las cosas en ese entonces (In-
formante clave, 19 mayo de 2023).
No se incluye imagen aérea debido a problemas para el uso del dron al interior de la localidad por el
crimen organizado.
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Por otro lado, la instalación de servicios fue facilitada después de una segunda
expropiación en 1978 (PHINA, 2023) y con la llegada de la Comisión para la
Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT), la mayoría de los habi-
tantes obtuvieron una constancia de posesión a partir de la cual, aquellos que
quisieran podían regularizar sus predios.
Se pidió al gobierno que se expropiaran estas tierras porque preferían es-
tás tierras para vivirlas, más o menos en el 78 ya se empezó a hacer las
construcciones, pero pues si se tardó un poco, yo no sé cómo sea ese trá-
mite, pero ya después llegaron los ejidatarios y nos cobraron por eso (In-
formante clave, 19 de mayo de 2023).
El lento proceso de crecimiento de la localidad, así como los lazos de paren-
tesco y la migración de población originaria de comunidades rurales, son las
principales razones por la cual San Pedro Nopancalco a pesar de estar ubicada
en una de las principales zonas urbanizadas de Pachuca, continúa reprodu-
ciendo tradiciones y prácticas culturales que son transmitidas de generación
a generación, como la charrería, las peleas de gallos, la crianza de animales de
granja, la siembra por temporal, la esta patronal y la elaboración de pulque y
aguamiel para autoconsumo.
Sin embargo, ante el desuso y la pérdida de la siembra de temporal algu-
nas de las tierras dedicadas para la siembra han terminado como vertederos
de desechos urbanos. Esta situación ha llevado a visualizar la localidad como
un pueblo absorbido por la mancha urbana y a sufrir procesos de segregación
debido al contraste entre sus predominantes características rurales y las zo-
nas residenciales destinadas a población de gran poder adquisitivo.
Finalmente, en esta lógica urbana es de destacar el dominio de la Colonia
popular 20 de Noviembre. Esta se encuentra ubicada al norponiente de la
ciudad de Pachuca en el ejido de Villa Aquiles Serdán, detrás del Centro de
Reinserción Social (CERESO), a un kilómetro del boulevard minero. Cuenta con
una extensión de cuatro hectáreas, lo que equivale a 40 mil metros cuadrados,
fraccionados en seis bloques de alrededor de 6 mil metros cuadrados cada uno.
Estos se enmarcan entre las calles Estandarte de Guadalupe, Av. Plan de San
Luis y calle el Pípila. Como se puede observar en la gura 4, a diferencia de
otros AHI la traza urbana es de tipo reticular puesto que el poblamiento de la
colonia no se dio de manera espontánea sino de manera planeada por la orga-
nización a cargo de su lideresa.
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Figura 4. Colonia Popular 20 de Noviembre
Fuente 4: Imagen tomada con dron por Laboratorio de Geomática; CEH
De igual forma su cercanía con el Boulevard Minero, el Centro Histórico de
Pachuca, y diferentes centros educativos la convierte en una localidad con
potencial inmobiliario y comercial. Además, al encontrarse en una zona de
expansión urbana, podría inuir en el crecimiento de demás asentamientos
humanos. La historia de la localidad tiene sus orígenes aproximadamente en
1983, por medio de organizaciones y partidos políticos como la Unión Nacional
de Trabajadores Agrícolas, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y la
Organización de Colonias Populares de Hidalgo (OCPH); esta última comenzó
la repartición de tierras por medio de su representante.
El registro ocial de la asociación marcó el primer paso hacia la formación
de la localidad, tal logro no se materializó hasta 1995. En ese momento, la
asociación quedó como aval de la parcela de cuatro hectáreas, conocida como
“20 de noviembre”. Simultáneamente, se solicitaron los permisos correspon-
dientes para el uso de suelo y el fraccionamiento. Estos fueron entregados a
la líder del partido y de la organización, aunque supuestamente en calidad de
copia, no en original; situación que ha generado conictos legales que, hasta
la fecha, permanecen sin resolverse.
La compraventa de los terrenos se llevó a cabo mediante una convocatoria
emitida por la OCPH, la cual estaba dirigida a personas que cumplían con cier-
tas características especícas: entre otras: no poseer una escritura a su nom-
bre; pertenecer a grupos de población vulnerable, como pueblos originarios;
madres solteras o personas sin seguridad social. A través de una solicitud, se
les otorgaba un terreno de 120 metros cuadrados a un costo total de 69 mil 800
pesos mexicanos.
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En el proceso de adquisición, se requería un pago inicial de cinco mil pesos
para asegurar la posesión del terreno. Cabe destacar que estos terrenos tenían
un carácter familiar, lo que implicaba que una familia no podía adquirir más
de uno. Esta restricción familiar evitaba la acumulación de múltiples terrenos
en manos de un solo grupo. Empero, es importante señalar que muchas de las
familias que se establecieron en el asentamiento compartían lazos de paren-
tesco. Esta conexión familiar facilitó el proceso de adaptación y habitabilidad
en un espacio donde aún no existía ningún tipo de infraestructura.
Ahora bien, el costo total del terreno, en palabras de la líder de la colonia:
El remanente para llegar al total de 69 mil 800 era que pagaban derechos
de conexión, factibilidad de agua, drenaje, electricación (…) pagos de lo
que se pagó precisamente del uso de suelo y de permiso de fraccionamien-
to (…) de coordenadas UTM, sembrado de lote, vía rastro de máquina, de
limpia de terreno (Informante clave, 25 de enero de 2023).
Es decir, el costo global del terreno incluía los gastos relacionados con servicios
y derechos de propiedad que hasta la actualidad los habitantes de la localidad
no tienen en su totalidad. Además, la adquisición de dicho terreno conllevaba
otras consideraciones. Por ejemplo, aquellas personas que no podían cubrir
el monto total del enganche o del terreno, tenían la opción de realizar pagos a
través de otras actividades:
(…) no a todos se les cobraba precisamente los 69 mil 800 que tenían que pagar
(…). Había gente que era muy activa en la participación de ir a guardias, plantones
(…) que eran movimientos que hacíamos precisamente para lograr obras dentro
de la asociación y dentro del partido (PRD). A ese tipo de gente según como yo la
veía que se movía, yo les dejaba en el contrato 20 mil pesos, 21, 25 (…) y algunos
les regalaba totalmente la deuda (Informante clave, 25 de enero de 2023).
Es decir, la vulnerabilidad económica y social de las personas se convertía en
un mecanismo coercitivo para estimular su participación en movimientos po-
líticos. Estos movimientos utilizaban a la población como instrumento para
alcanzar objetivos especícos, principalmente de índole político. A través de
las relaciones clientelares que se formaron entre la líder de la localidad y los
habitantes, es como estos últimos veían reducida su deuda por medio de favo-
res al partido político que militaba la líder de la colonia.
De manera contradictoria, esta situación trajo como resultado, la vulne-
ración de los derechos de la población residente, quienes se han convertido en
víctimas de procesos forzados de desalojo. El primer intento de desalojo tuvo
lugar en 1994, pero no se concretó debido a que se otorgó un amparo legal a
la líder local. Sin embargo, el 28 de enero del 2012, se llevó a cabo un segundo
intento, esta vez con éxito, lo que resultó en el desalojo de aproximadamente
200 familias, así como en la detención de la líder de la colonia.
Tras los acontecimientos descritos, se estableció una mesa itinerante en la
colonia 20 de noviembre con el propósito de recopilar rmas, principalmente
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de las familias afectadas. El objetivo era presentar una demanda legal contra la
líder local. A esta mesa también se sumaron familias de otras localidades, como
la colonia Abril y Crisol que también demandaban a la líder de la Colonia Popular
20 de Noviembre, alegando que les había vendido terrenos que estaban en litigio
con la organización Antorcha Campesina. Además, denunciaron haber sufrido
diversas formas de violencia por parte de la exdirigente de la Unidad de Fuerza
Indígena y Campesina (UFIC) (Newsweek, 19 de octubre, 2017).
Hasta la fecha, la acusación persiste; sin embargo, la líder ha logrado proseguir
con su proceso legal en libertad. Además, la comercialización de terrenos e
incluso de viviendas completamente nuevas sigue en curso. Esto se debe, en
parte, a la ubicación estratégica de la zona, que se encuentra en proximidad
con uno de los principales Bulevares de la ciudad, el centro histórico y
diversos centros educativos. Estos factores contribuyen a elevar el valor de las
propiedades. Empero, existe una paradoja: la delincuencia y la inseguridad
desempeñan un papel crucial en la percepción pública de la localidad. Se le
considera un “foco rojo, por ser escenario de asaltos, robos, homicidios y
otros delitos. Estos problemas afectan negativamente la calidad de vida de
la población. A su vez, estos conictos son el resultado de las tensiones entre
los diversos actores involucrados. Las autoridades responsables, aunque
conscientes de la situación, muestran un interés limitado en proporcionar una
solución efectiva, incluso si esta no benecia a todos por igual.
Conclusiones
El proceso de construcción de territorios irregulares es el resultado de in-
trincadas relaciones sociales, económicas, políticas y culturales, tanto dentro
como fuera de los marcos legales. La consolidación de este capital social da
como resultado una cadena de favores y procesos de solidaridad asimétrica
entre sus participantes, no obstante, a pesar de los múltiples actores socia-
les involucrados en la construcción social de un territorio considerado como
irregular, son las poblaciones más vulnerables las principales en ser afectadas
ante la deslegitimación de su propiedad por parte del Estado.
Los casos de los asentamientos del Barrio El Arbolito y la Colonia Popular 20
de Noviembre, son ejemplos de la vulnerabilidad a la que se encuentra expuesta la
población que decide habitar en asentamientos cuyas características ísicas ponen
en riesgo su vida. Pese al riesgo de hundimiento, por un lado, al deslizamiento
de tierra por el otro, es el riesgo de ser desalojados y perder su patrimonio lo que
mayor temor causa a la población que en estos asentamientos reside.
Ahora bien, para el caso de los asentamientos de San Antonio el Desmonte
y San Pedro Nopancalco el periodo histórico en el que surgieron y las
políticas públicas que se implementaron respecto al uso y distribución de la
tierra, mejoraron las oportunidades de inclusión y regularización de estos
asentamientos.
En el caso contrario, La Colonia Popular 20 de Noviembre es un
asentamiento que no surgió de manera paulatina ni por redes de parentesco,
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sino por medio del clientelismo, lo que ha jugado en contra para el desarrollo y
fortalecimiento de lazos de solidaridad, prácticas y tradiciones colectivas. Esto
se ve reejado en la creciente descomposición social que enfrenta la localidad,
perlándose como un foco rojo dentro de la mancha urbana.
Por último, la naturaleza clientelar de muchos de los asentamientos
irregulares en las periferias de la ciudad incrementa las oportunidades de
integración en los procesos urbanos (Lombard, 2015), así como la mejoría
gradual de infraestructura y servicios en estos territorios, por lo tanto, tanto
los habitantes de los AHI, las constructoras y los actores políticos han jugado un
papel importante no sólo en la regularización paulatina de predios irregulares,
sino también, en la construcción del imaginario social de que no importa cuanto
demore, el asentamiento terminará siendo regularizado y reconocido por las
instituciones del poder público.
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https://doi.org/10.59307/rerne2.357
Resumen
El tratamiento de agua residual es muy escaso en algunas zonas de Vera-
cruz, por lo que se considera una problemática actual importante derivado de
la contaminación ambiental, sumado a que no hay suciente disponibilidad de
agua en condiciones para su consumo. Un caso particular es en las áreas rurales,
por lo que el objetivo de esta investigación es indagar sobre las condiciones en
las que se encuentran los habitantes de la zona rural Palmas de Abajo del muni-
cipio de Actopan del Estado de Veracruz, México en cuanto a cuestiones hídricas
y sistema de tratamiento para limpiar las aguas residuales. El análisis realizado
indica que los pobladores no sufren de sequía en ninguna temporada del año, ya
que, gracias a sus pozos no hay problema de desabasto para la comunidad.
Por otro lado, se detectó que en la zona rural Palmas de Abajo no cuentan
con sistemas para tratar sus aguas residuales y desconocen totalmente sobre
alternativas para solucionarlo. La principal preocupación por sanear las aguas
está ligada a la mejora del pueblo, lo estético y los malos olores, ya que las des-
cargas se vertían en la entrada de la comunidad, más que a los daños ecológicos
que éstas generan hacia el área de escurrimiento: una laguna turística y de pesca.
Por ello, se considera idóneo la gestión sumada entre la comunidad, autorida-
des y academia de un humedal construido como sistema sustentable para tratar
aguas residuales, sumado a estrategias de educación ambiental que integren el
manejo del recurso hídrico y el uso de humedales de tratamiento para limpieza
y reuso del agua, como alternativa que favorezca el desarrollo rural.
Palabras clave: tratamiento de agua residual, participación comunitaria, educación
ambiental, humedal construido y desarrollo rural.
Recepción: 13 de febrero de 2024
Aceptación: 21 de mayo de 2024
Diagnóstico de conocimiento sobre los servicios de agua
potable y saneamiento en Palmas de Abajo, Actopan,
Veracruz. Implicaciones y acciones para el manejo del agua
/
López-Roldán, A./ El Colegio de Veracruz
Marín-Muñiz, J.L./ El Colegio de Veracruz
Losada-Rodríguez, N.A./ El Colegio de Veracruz
Ramos-Pérez, Y./ El Colegio de Veracruz
Zamora-Castro, S./ Universidad Veracruzana
https://orcid.org/0009-0001-5949- 7416
https://orcid.org/0000-0002-7814- 8449
https://orcid.org/0000-0002-4081- 5373
https://orcid.org/0009-0009-4727- 9065
https://orcid.org/0000-0002-5237- 6320
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Diagnosis of knowledge about drinking water and sanitation
services in Palmas de Abajo, Actopan, Veracruz: Implications
and actions for water management
Abstract
W
astewater treatment is very scarce in some areas of Veracruz, which is
considered an important current problem due to environmental conta-
mination, in addition to the fact that there is not enough water available for
consumption. A particular case is in rural areas, so the objective of this re-
search is to investigate the conditions in which the inhabitants of the rural
area of Palmas de Abajo in the municipality of Actopan in the State of Vera-
cruz, Mexico are in terms of water issues and the treatment system for cle-
aning wastewater. The analysis carried out indicates that the inhabitants do
not suer from drought in any season of the year, since, thanks to their wells,
there is no problem of shortage for the community. On the other hand, it was
detected that in the rural area of Palmas de Abajo they do not have systems
to treat their wastewater and are totally unaware of alternatives to solve this
problem. The main concern for cleaning up the water is linked to the improve-
ment of the town, aesthetics and bad odors, since the discharges are dumped
at the entrance to the community, rather than the ecological damage they cau-
se to the runo area: a tourist and shing lagoon.
For this reason, it is considered ideal for the community, authorities, and
academia to jointly manage a constructed wetland as a sustainable system to
treat wastewater, in addition to environmental education strategies that inte-
grate water resource management and the use of wetlands for water cleaning
and reuse, as an alternative that favors rural development.
Key words: biorremediation, treatment wetland, community participation, environ-
mental education.